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Muchas cumbres y pocas nueces


Vista del mapa "South America" 1826, parte de la muestra "Paseo en Mapa" exhibida en México en 2010.

La próxima Cumbre de las Américas en Panamá pone de nuevo en primer plano, casi dos siglos más tarde, un conflicto cultural que no tiene solución.

En la Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata, Argentina, en 2005, América Latina se quedó parada en el andén mirando cómo el tren de la historia se alejaba. Lo dejaron pasar sin sopesar las opciones que tenían delante, porque el pragmatismo no es un rasgo común de la cultura regional.

En aquella fecha, al parecer, había un genuino interés por parte del entonces presidente George W. Bush en fortalecer las relaciones de Estados Unidos con los países de la región a través del comercio. Pensaba el mandatario que la integración económica era la mejor vía para llegar a la integración política hemisférica.

Bush esperaba alcanzar la prosperidad por medio de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), lo cual formaba parte de un proyecto que él denominó "El siglo de las Américas".

Los 34 países presentes tenían boletos para iniciar aquel promisorio viaje hacia el futuro, pero cinco de ellos, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela rechazaron las negociaciones e impusieron su voluntad al resto de la región.

Desde entonces, se escucha que Estados Unidos no tiene interés en Latinoamérica cuando fue América Latina (a instancias de Hugo Chávez y Fidel Castro) la que cerró la puerta abruptamente para inventarse más tarde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que excluye a Estados Unidos y Canadá.

El disenso viene de muy lejos. En 1822, Simón Bolívar propuso construir la Gran Colombia, proyecto de integración hemisférica que El Libertador intentó concretar sin éxito en el Congreso de Panamá en 1826.

Simultáneamente, Estados Unidos elaboró su propio plan de integración en torno a la Doctrina Monroe en 1823, proyecto que culminaría en 1889 con la Primera Conferencia Panamericana, precursora de la Organización de Estados Americanos, OEA.

Desde entonces, los proyectos de integración siguen la pauta bolivariana o el modelo panamericano. El primero busca la unidad de América Latina, el segundo busca la unidad de todo el continente.

La próxima Cumbre de las Américas en Panamá pone de nuevo en primer plano, casi dos siglos más tarde, un conflicto cultural que no tiene solución. El modelo bolivariano cree ver en el modelo panamericano un proyecto hegemónico de Estados Unidos, mientras que el segundo cree ver en el primero a regímenes autoritarios que promueven la desigualdad y la corrupción. Al paso que van las cosas, el próximo tren pasará dentro de cien años.

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