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Critican lentitud del mercado mayorista privado


Un camión de viandas.

En varios mercados en La Habana, se pueden ver las largas colas de camiones, que procedentes de las cercaías de la capital, o venidos del Oriente cubano.

El gobierno cubano dio luz verde el pasado julio al comercio mayorista privado en la isla, pero ya asoman los primeros lunares en el trasiego de mercancías.

En varios mercados en La Habana se pueden ver las largas colas de camiones procedentes de las cercanías de la capital, o de otras regiones de Cuba.

"Aquí no puedes vender ni un diente de ajo hasta que no abra el mercado, son las reglas", dijo a la agencia France Press Joel Vázquez, un joven que esperaba la apertura del mercado después de llegar desde Güira de Melena, 40 km al sur de la capital, con un camión lleno de plátanos, boniatos y ajo.

Aunque algunos agricultores se han mostrado de buen agrado con el cambio ocurrido, las molestias por las largas colas impiden que las transacciones ocurran con la fluidez necesaria. A lo anterior se suma que el lugar no tiene una instalación mínima donde tramitar la documentación, a no ser un contenedor de mercancías, usado como departamento de negocios.

Algunos clientes se quejan de no poder hacer un despacho rápido de mercancías y volver a sus lugares de residencia de inmediato, como sucede con los cítricos venidos desde Matanzas u otras frutas llegadas desde la región oriental.

La medida intenta sustituir los ya desaparecidos Centros de Acopio, que tan vapuleados fueron por la rigidez en sus mecanismos de intercambio con agricultores privados y estatales, así como por la lentitud al mover las cargas.

Los agricultores están contentos de poder vender sus productos en el mercado mayorista de la Calle 114, aunque el lugar carece de instalaciones, salvo un contenedor que sirve de oficina.

Lo que no les gusta es el horario, pues funciona desde las 5 de la tarde hasta las 8 de la mañana del día siguiente, lo que causa filas de camiones esperando largas horas antes de entrar a ofrecer sus aguacates, papayas, plátanos, ajos y cebollas.

A pocos metros, Rony, de 29 años, permanecía bajo su viejo camión Ford para protegerse del sol que castigaba "sin piedad" su cargamento de 85 sacos "de naranjas y limones de primera calidad".

"Si el horario no fuera tan limitado, quizás ya estuviera (de regreso) en casa", se quejó Rony, que condujo 130 km desde Jagüey Grande.

Actualmente se construye un nuevo mercado mayorista en La Habana, "El Trigal", con capacidad para 250 camiones, que será techado y tendrá cafetería y otros servicios.

"El Trigal" funcionará en Boyeros --el municipio donde está el aeropuerto de La Habana-- y acogerá a los camiones que ahora venden en la Calle 114. A él podrán "acudir tanto los compradores estatales como los no estatales", dijo el vicepresidente Marino Murillo, responsable de las reformas económicas.

El gobierno dio luz verde en julio al comercio mayorista, que desapareció en Cuba cuando el Estado tomó control de la economía hace medio siglo. Las ventas por mayor operaban experimentalmente desde marzo en la Isla de la Juventud, de 85.000 habitantes, situada en el mar Caribe a 130 km al sur de La Habana.

Las autoridades esperan que con el mercado mayorista, el reparto de tierras ociosas y créditos blandos aumente la producción agrícola y bajen las importaciones de alimentos, que ascienden a 1.900 millones de dólares al año. La isla importa el 80% de lo que comen sus 11,1 millones de habitantes, lo que constituye una pesada carga para sus arcas.
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