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Menos espías en Miami, que toreros con bigote en Madrid


Vista general de varios edificios en Miami Beach, Florida (EEUU).

No existe una sola nación capaz de andar reclutando y lanzando infiltrados, como esporas, por el mundo en busca de información.

El gobierno cubano no tiene ni puede tener un ejército de espías; eso, lo hemos mitificado. El espionaje es muy caro, no se reclutan espías como se siembra arroz. El problema es que, aunque nos cueste entenderlo, las autoridades cubanas, con mucho talento y suficiente alevosía, alimentan la paranoia, la desconfianza y las contradicciones entre quienes viven embarcados en un constante y delirante combate de reafirmación contra un “Nadie” que genera mucha separación, sobrada chifladura y exceso de alucinación.

Albert Einstein, el más internacional de todos los físicos, dijo “No se puede resolver un problema con la misma mentalidad que se creó”.

Y claro, ya es hora de encontrar una posición común para poder enfrentar los obstáculos que nos tienen separados. No inventemos más informantes, los agentes se modelan para una tarea específica, se crean para una misión concreta y, lejos de esa peligrosa aunque contagiosa certidumbre que constantemente acusa a cualquiera como “agente”, deberíamos entender que no existe una sola nación capaz de andar reclutando y lanzando infiltrados, como esporas, por el mundo en busca de información.

Desde los enigmáticos Julius y Ethel Rosenberg, pasando por el joven físico Klaus Fuchs, el ex oficial CIA Aldrich Ames, el coronel de la inteligencia militar soviética Oleg Penkovsky, hasta el legendario James Bond, la historia y la literatura están plagadas de espías que atrapan nuestra atención. Y es cierto, aventureros o idealistas, altruistas o codiciosos, héroes o delatores, el mundo conoce de espías que lograron determinar el curso de la historia; pero nuestratartufa realidad dista mucho de estos casos. Hay menos espías del gobierno cubano en Miami, que toreros con bigote en Madrid.

La holandesa Margaretha Geertruida Zelle, mundialmente conocida como Mata Hari, fue una hermosa bailarina exótica, prostituta de clase alta y conocida como actriz, que por no abandonar su lujoso estilo de vida, recababa información y la vendía a los servicios de inteligencia de Alemania y Francia. Fue soprendida, juzgada, y cuentan que antes de disparar, frente el pelotón de fusilamiento, mandó un beso a los soldados. ¿Usted ha visto a Percy Alvarado? Oiga, la vida del agente Fraile, más que orgullo, provoca bochorno.

El astuto, carismático y con exquisito sentido del humor, Richard Sorge, fue un espía soviético de nacionalidad alemana que sirvió a la NKVD; estudio ciencias políticas, fue voluntario del ejército alemán y periodista en Japón. Por esta parte, la historia de Antonio Guerrero, es mucho más apestosa que toda la porquería de perro que han pisado mis zapatos.

El oficio es tan antiguo como la prostitución e incluso la carpintería; la Guerra Fría contribuyó marcando nuestro exagerado y un tanto épico imaginario, con el evidente esplendor que esa actividad secreta alcanzó en el siglo pasado. Quizás por eso, “interceptar comunicaciones”, “leer códigos encriptados” o “las escuchas clandestinas” son frases que inspiran intriga y estimulan la imaginación. Pero el G-2 no es más que una caricatura rumbera de la extinta KGB, lo díficil de aceptar es que los cuarteles generales de los servicios especiales desde donde se controla el espionaje contra Cuba, han sido mucho peores y al parecer se han nutrido de informantes y oficiales que sí se supieron vender, pero con lagunas de información.

La única forma de hacer que nuestro sueño se cumpla, es despertar y dejar de ver un espía, chivato, o soplón en nuestro vecino de al lado.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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