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Los funcionarios policiales cubanos tienen una aversión particular contra las mujeres que se les enfrentan.

Ese sentimiento parte del mismo Fidel Castro. Su esposa fue por muchos años una no persona que solo después que empezó el eclipse del déspota mayor, se hizo semipública su existencia.

Es justo afirmar que la mujer cubana siempre ha dicho presente en las crisis de la nación, pero en esta etapa de nuestra historia su protagonismo en la lucha, hace palidecer el de los hombres.

Todos los que tienen conocimiento de la realidad de las prisiones cubanas, están conscientes que en las cárceles de mujeres la crueldad es extrema y los abusos indescriptibles. Golpes, aislamientos, suspensiones de visitas, vejaciones y amenazas constantes.

Cary Roque, Isabel Tejera, Nelly Rojas, Olga Morgan y Martiza Lugo por sólo mencionar unas pocas, pueden dar testimonios de la vesania de los sicarios que las custodiaban.

Sin temor a errar se puede afirmar que ningún otro país de América ha tenido tantas mujeres en prisión que hayan cumplido tantos años tras las rejas por motivos políticos, como ha ocurrido bajo el castrismo en Cuba.

En pleno siglo XXI y a cincuenta y tres años de dictadura, en la isla se siguen violando los derechos humanos de forma sistemática y permanente y el régimen recurre con frecuencia a la violencia contra mujeres pacíficas, que solo reclaman el respeto a sus derechos y la excarcelación de los prisioneros políticos.

En el presente el machismo de esos hombres sin escrúpulos se están manifestando a plenitud. Son numerosas las declaraciones de mujeres de la oposición en las que describen groseras insinuaciones, aproximaciones indebidas y hasta propuestas y amenazas que avergüenzan a cualquier persona digna.

Las golpizas a las Damas de Blanco y los acosos a que son sometidas deberían avergonzar al régimen y sus partidarios. Las golpizas, a Laura Pollán y a la madre del mártir Orlando Zapata Tamayo, Reina Loina Tamayo, pueden llenar una antología del abuso.

La oscura muerte de Laura Pollán es otro hecho que incrimina a la dictadura.

Estas mujeres van a la Iglesia a pesar de las amenazas y los abusos que padecen. En ocasiones entran a escondidas, burlando la vigilancia, como si fuera un delito orar al Dios que han elegido. Son detenidas y ultrajadas. Sus casas sitiadas. Amenazadas por sicarios que como perros estas prestos a morder cuando el amo dé la orden.

En las últimas semanas se han presentado casos como el de Iris Pérez Aguilera, dirigente del Movimiento Femenino por los Derechos Civiles Rosa Park. Aguilera acusó a Yunier Monteagudo, uno de los policías que la arrestó después de una protesta, de intentar despojarla a la fuerza de su ropa y de intentó de agresión sexual.

La situación de la activista de derechos humanos y dama de Blanco Niurka Luque Álvarez, presa sin cargos en una celda de castigo en Manto Negro, es complicada. Sufre de abusos sicológicos y el oficial conocido como Israel la agredió físicamente.

Los golpes y malos tratos sufridos por Leticia Ramos Herrería, Sonia Garro y la violencia extrema usada contra la activista Belkis Cantillo, son acciones criminales que no puede excluirse de este apretado recuento.

Pero sin duda alguna la situación mas penosa y que más denigra, si esto fuera posible, a la policía política cubana y a todos los cuerpos de seguridad de la isla, fue la que determinó que la señora Damaris Moya Portieles hiciera una huelga de hambre por la seguridad de su hija.

Moya Portieles exigía al Ministerio de Educación y al de Interior que garantizaran en un compromiso público y escrito la seguridad e integridad física de su hija durante el tiempo que esté en la escuela. Moya teme por la seguridad de su hija de solo cinco años de edad, Lázara Contreras Moya, porque el oficial Eric Francis Aquino Yera, le dijo que la pequeña podía ser violada.

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