El Partido de los Trabajadores (PT) oficializó este domingo la candidatura del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva a la reelección en las elecciones presidenciales de octubre de 2026.
Lula, un veterano de la izquierda latinoamericana con índices casi parejos de apoyo y rechazo en Brasil, destacó su resistencia y buena salud en un discurso en la Convención Nacional del partido, que se realizó en el Expo Center Norte, en la zona norte de São Paulo.
Durante el acto, el presidente nacional del PT, Edinho Silva, anunció la homologación de la fórmula: Lula como candidato a presidente y el actual vicepresidente Geraldo Alckmin (PSB) como candidato a vicepresidente.
"Estoy muy entero", aseguró. "Quiero luchar contra la vejez", dijo Lula, que a sus 80 años busca su cuarto mandato y participa por séptima vez en una elección presidencial.
La coligación que apoyará su candidatura incluye a la Federación del PT, el Partido Verde (PV) y el Partido Comunista de Brasil (PCdoB), junto con el Partido Socialista Brasileño (PSB), el Partido Democrático Laborista (PDT) y la Federación del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) con la Red Sostenibilidad (Rede).
La campaña electoral oficial comenzará el 16 de agosto. El primer acto de campaña está previsto en el estadio 1º de Maio, en São Bernardo do Campo, lugar histórico vinculado a la trayectoria política de Lula.
El principal adversario, el senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), publicó este domingo un mensaje claro de rechazo a la candidatura de Lula.
"El gobierno de Lula representa el atraso y el retroceso. Y yo, al igual que millones de brasileños, digo NO a esa agenda de destrucción y tierra arrasada de la izquierda. Mi SÍ es para la prosperidad y la felicidad de nuestro pueblo", señaló Bolsonaro en un post en X.
Por su parte, Ronaldo Caiado, candidato del Partido Social Democrático, dijo el sábado que tanto Lula como Flávio Bolsonaro "son adversarios de la población brasileña", y que la elección de 2026 es "la disputa de los rechazados", criticando que ambos políticos ya gobernaron y no resolvieron los problemas del país.
Lula ha mantenido a lo largo de su carrera una estrecha alianza política con el régimen cubano. Durante sus gobiernos anteriores impulsó la cooperación bilateral con La Habana, defendió públicamente al gobierno de los hermanos Castro y de Miguel Díaz-Canel frente a las críticas por violaciones a los derechos humanos, y se opuso de manera consistente al embargo estadounidense.
Esta posición lo ha consolidado como uno de los principales aliados latinoamericanos del sistema político cubano dentro del espectro de la izquierda regional.
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