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Lacan y el psicoanálisis 30 años después


Lacan elaboró una obra singular, en perpetua evolución, abogando por "un regreso a Freud", algo que molestaba sobremanera a los freudianos ortodoxos.

El 9 de septiembre de 1981, Jacques Lacan, el psiquiatra francés que revolucionó el psicoanálisis y contribuyó con sus excéntricas pero fundamentadas ideas al pensamiento filosófico contemporáneo, moría de cáncer en una clínica de Neuilly, en las afueras de París. Hoy, treinta años más tarde, la singularidad de su obra y la extravagancia de sus métodos siguen levantando pasiones y discusiones de innegable actualidad.

Nacido en 1901 en París en el seno de una familia católica conservadora, el joven Lacan estudió medicina, se especializó en psiquiatría y se apasionó por el surrealismo, el movimiento literario y artístico fundado por el escritor francés André Breton que a principios del siglo veinte se propuso alcanzar una supra-realidad a través de la escritura automática, arremetiendo contra la lógica y los excesos de la “razón razonante”, una suerte de insurrección contra la tiranía del lenguaje.

En su mítico gabinete situado en el número 5 de la rue de Lille, en París, Lacan (considerado un genio por unos y un impostor por otros) estableció sus sesiones que solían ser de corta duración y muy variables. En ellas recibía a sus pacientes (a quienes sólo escuchaba, sin interrumpirlos con alguna pregunta, sin expresar ninguna curiosidad) apenas dos o tres minutos, varias veces al día, y los sacudía emocionalmente sin miramientos. En ocasiones los abofeteaba o maltrataba verbalmente sin que ello actuara en detrimento de quienes querían ser psicoanalizados por él, más bien todo lo contrario: sus dos salas de espera estaban siempre llenas.

En los años treinta efectuó un psicoanálisis con un paciente que se extendió por seis años y medio, al tiempo que defendió su tesis doctoral, "La psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad", en la que expone el caso de una joven criminal, "Aimée", llamada en realidad Marguerite Anzieu, madre de un futuro psicoanalista, Didier Anzieu.

Lacan también se interesó por las hermanas Papin, que asesinaron a sus patronas en 1933 y fascinarían con su historia a numerosos autores, entre ellos el dramaturgo francés Jean Genet.

En 1936 presentó su trabajo sobre el "estadio del espejo" en la formación de la personalidad del niño.

Durante las sesiones, Lacan se levantaba, caminaba alrededor del paciente sin proferir palabra, podía comer y leer, pero su método siempre era el mismo: escuchar. Su objetivo: sorprender, para favorecer la emergencia del inconsciente.

Esos métodos iconoclastas le valieron la expulsión de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

En el plano teórico, Lacan elaboró una obra singular, en perpetua evolución, abogando por "un regreso a Freud", algo que molestaba sobremanera a los freudianos ortodoxos.

En los años 50 se apoyó en la lingüística y el estructuralismo, muy cercano al etnólogo y antropólogo Claude Leví-Strauss. Sostenía que "el inconsciente está estructurado como un lenguaje".

En 2011 y 2012 están previstos varios actos y publicaciones para rendir homenaje al psicoanalista.

El ciclo de debates y lecturas comenzará el 9 de septiembre en la Escuela Normal Superior de París, con un encuentro de cincuenta filósofos, historiadores, actores, cineastas, escritores, periodistas y psicoanalistas que leerán textos de Lacan, el psiquiatra que goza de una vigencia incuestionable, porque como asegura la historiadora y psicoanalista francesa, Elisabeth Roudinesco, que este mes publica una biografía suya, si "el siglo XX fue freudiano, el siglo XXI es ya lacaniano".

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