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Protestas raciales: Una causa legítima empañada por la violencia


Varias personas celebran en la Pennsylvania Avenue de Baltimore, Estados Unidos, el 1 de Mayo de 2015.

En este país se puede protestar en una forma pacífica. Pero no se puede quemar negocios, puestos de trabajo, hogares.

Hace 47 años cubrí como reportero mis primeros disturbios raciales.

Yo era recién egresado de la universidad y trabajaba para un diario al norte de Miami, cuando en agosto de 1968 los negros (así les decían en aquel entonces) en el barrio de Liberty City se alzaron. Por supuesto que yo pedí que me mandaran a cubrir los disturbios.

Recuerdo caminar por la calle principal de Liberty City con mucho miedo mientras los policías trataban de calmar las protestas. Tampoco se me puede olvidar el pensar que no tenía sentido protestar quemando sus casas y centros de trabajo.

Las protestas en Miami vinieron meses después del asesinato del líder de los derechos civiles el Reverendo Martin Luther King en agosto. Pero igual tuvieron importancia pues ocurrieron mientras el Partido Republicano tenía su convención presidencial en Miami Beach.

Los afroamericanos protestaban por la discriminación, la guerra de Vietnam y la todavía imperante segregación racial. También oí quejas de que los policías abusaban de los negros, de la falta de igualdad y de representación política.

Han pasado muchos años y hemos sufrido demasiados disturbios raciales en la nación. Esta semana presencié lo que ocurría en Baltimore de lejos, sentando frente al televisor en la sala de mi casa.

Y es que muchas de las quejas de los jóvenes afroamericanos de 1968 todavía tienen vigencia en la segunda década del siglo XXI. Ellos tienen todo la razón para protestar y reclamar sus derechos.

Pero todavía sigo sin entender por qué las protestas pacíficas muchas veces se tornan en disturbios y los afroamericanos queman sus propios hogares y sus lugares de trabajo. En Baltimore, en la recién abierta farmacia CVS ellos compraban sus necesidades básicas. Ahora van a tener que ir más lejos a comprar sus medicinas y productos esenciales.

En esa farmacia trabajaban afroamericanos de la zona. Ellos perdieron sus empleos. También quemaron casas donde ellos mismos vivían.

La verdad es que lo admito: No entiendo lo que hacen.

Hay una clara diferencia entre una protesta cívica y disturbios en los cuales queman negocios y casas; roban de tiendas en el barrio y atacan a la policía con piedras, ladrillos y palos.

En Estados Unidos la ley garantiza el derecho a protestar pero castiga a los que crean disturbios y destruyen propiedad privada.

En el caso de Baltimore, la comunidad protestaba por la muerte de Freddie Gray, quien pereció bajo custodia de la policía la semana pasada. Ayer viernes, las autoridades admitieron que hay causa para juzgar a los policías que detuvieron y trasladaban a Gray a la cárcel.

La familia de Gray había pedido a la comunidad que no protestaran. Pero los jóvenes, sin empleo y sin esperanzas, ignoraron las súplicas. Ellos destruyeron partes de la ciudad donde ellos mismos viven y trabajan.

Todo esto ocurrió en una ciudad donde la alcaldesa y el jefe de la policía son afroamericanos. El Secretario de Justicia saliente, Eric Holder, y la recién juramentada Loretta Lynch ambos son afroamericanos, como lo es el presidente Barack Obama.

Hay un largo camino por recorrer para poder alcanzar una verdadera igualdad racial en este país. Eso, sin embargo, no quiere decir que las cosas no han cambiado para los afroamericanos, aunque todavía el desempleo y la falta de esperanza en poder llegar a tener una vida mejor pega duro a esa comunidad.

Las causas de los disturbios de Baltimore fueron legítimas. Pero la violencia no tiene razón de ser. No todos los policías son racistas –yo diría que la mayoría no lo son y en Baltimore la mayoría de los policías son afroamericanos.

En este país se puede protestar en una forma pacífica. Pero no se puede quemar negocios, puestos de trabajo, hogares. No se puede atacar a la policía. Y no tiene sentido alguno quemar los barrios donde ellos mismos viven.

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