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La sal de la vida


La turista y el elefante.

El autor comenta una serie de noticias que la prensa convencional subestima

La gente que vive presa de las primeras páginas de los periódicos suponiendo que éstas reflejan lo más significativo de la Historia en curso, o aquélla que se inclina por las páginas de opinión, donde es costumbre jugar a los oráculos, no sabe lo que se pierde. Más allá del estrépito y los vaticinios está la sal de la vida, una sustancia que nada tiene de blanca o cristalina pero que es capaz de salvar al hombre de esas obsesiones multitudinarias que lo sofocan y en las que gasta algo más precioso que la vista: el tiempo. Lentes y cirugías pueden restaurar la primera o dar la ilusión de que la restauran; nada resarce de la pérdida del segundo.

Las noticias que se recogen a continuación no merecieron la primera plana; tampoco, un comentario. Son la nadería de la realidad. Pero leerlas no agobia, alarma o crea falsas expectativas: da un respiro.

1

"Un ladrón perdió la vida en una localidad de California al quedarse atrapado en la chimenea por donde pretendía ingresar a la casa que se aprestaba a robar". El propietario de la casa, ignorante de la visita, prendió fuego a la leña del hogar y el intruso no pudo escabullirse. Al oír los gritos y ver su vivienda llenarse de humo, el propietario avisó a las autoridades, pero cuando los bomberos arribaron y trataron de rescatar al delincuente rompiendo la chimenea a martillazos era demasiado tarde".

Por la chimenea sólo debe entrar y salir Santa Claus, y asomarse esa porción de cielo al que la chimenea misma, agarrada a las pantorrillas del humo, pugna por escapar.

2

Dos residentes de la ciudad de Siracusa fueron acusados por la policía de ser los principales sospechosos del robo de las reservas de alitas de pollo del restaurante donde trabajaban; unas reservas cuyo valor alcanzaba los 40,000 dólares. Paul Rojek, de 56 años, y su hijo, Joshua, de 33, desarrollaron un plan maestro para hurtarlas y venderlas a otros negocios y residentes del área.

Ni siquiera las alas, símbolo por excelencia de espiritualidad, están a salvo de nuestra codicia. No en balde los pájaros lo piensan dos veces antes de pisar la tierra.

3

"Una mujer de 28 años de edad fue atacada por un tiburón en una playa de la Florida pero lejos de intentar evadirlo le propinó un puñetazo en la nariz, obligando al animal a darse a la fuga". Debió, también, darse por afortunado: si la bañista hubiera sido Lisa Dennis, no hubiera contado el cuento.

Dennis, ciudadana británica, aparece en la última edición del Libro de Guinness por haber partido 923 tejas en un minuto. Las tejas fueron colocadas en pilas de diez delante de la competidora, que fue rompiéndolas de dos en dos, una pila con cada mano.

A quien esta dama golpee lo parte por la mitad. Y si es un tiburón, lo manda de cabeza al hospital: no deben de faltar en un medio tan vasto y tan rico como el fondo del océano.

4

Un estudio presentado en Bilbao señala que el consumo moderado de cerveza tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios, y que puede beneficiar el corazón y la circulación sanguínea. Las conclusiones se recogen en una investigación dirigida por el doctor Ramón Estruch y se ha presentado en un congreso dedicado a las Enfermedades Cardiovasculares.

Si usted es aficionado a la cerveza y su mujer se lo reprocha, háblele de este estudio e invítela a entonar, a dos voces, una canción de Concha Valdés Miranda cuya lucidez pasma: "Las cosas malas de la vida qué buenas son".

5

"Un equipo de investigadores japoneses ha descubierto un tipo de pez que es capaz de identificar a otros de su misma especie por el rostro. El equipo ha determinado que estos animales se reconocen los unos a los otros por sus características faciales". No me sorprendería que también nos reconocieran a nosotros y que un día, al ir a pescarlos, antes de desaparecer en las profundidades de su hábitat, los muy fisonomistas nos sacaran la lengua.

6

"El empleado de una estación de gasolina salvó la vida gracias a su teléfono celular. Un delincuente irrumpió en la estación y al no poder abrir la caja fuerte le disparó al abdomen. La victima tenía su celular guardado en un bolsillo de la camisa y éste impidió que la bala le alcanzara".

Hay que guardar el celular donde uno crea que le van a disparar.

7

“Una pareja Melbourne viajó a Tailandia con el propósito de contraer matrimonio y disfrutar de una experiencia exótica. Tan pronto la mujer se acercó a un elefante para acariciarlo, éste la rodeó con su trompa y la atrajo hacia sí, rozándola con su boca". El domador, risueño, aseguró que el animal jugaba, pero la novia quedó inquieta y el novio, contrariado, consciente de que nunca podría abrazar y besar a su mujer como aquel elefante.

8

“Un turista noruego de 36 años de edad apareció dormido sobre una de las esteras que transportan el equipaje en un aeropuerto italiano". El durmiente, que había bebido en exceso, viajó 50 metros por las entrañas del edificio antes de ser detectado, en posición fetal, por los equipos de rayos X. No tenía memoria del recorrido. Había regresado al vientre materno y éste, como es de rigor, luego de acunarlo lo expulsaba.

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    Orlando González Esteva

    Nació en Palma Soriano, Cuba. Reside en Estados Unidos desde 1965. Sus poemas, que al decir del escritor Octavio Paz hacen “estallar en pleno vuelo a todas las metáforas”, aparecen publicados en Mañas de la poesía, El pájaro tras la flecha, Escrito para borrar, Fosa común, La noche y los suyos y Casa de todos. Es también autor de los siguientes ensayos de imaginación: Elogio del garabato, Cuerpos en bandeja, Mi vida con los delfines, Amigo enigma, Los ojos de Adán y Animal que escribe. El arca de José Martí. González Esteva ha ofrecido lecturas de versos, charlas y talleres en Estados Unidos, España, Japón, Francia, México y Brasil, y ha desarrollado una intensa labor cultural en los medios literarios, artísticos y radiofónicos de Miami.

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