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La nueva fórmula de Kiev: La Habana por Bruselas


Ucrania busca salvar la cara del presidente Victor Yanukovich, con un viaje a Cuba, luego que la Unión Europea cancelara por motivos políticos la visita programada para el jueves 20 de octubre.

La visita del presidente Victor Yanukovich a Cuba es vista por algunos analistas como una oportunidad para venderle a la isla un poco de armamento soviético que todavía queda en arsenales ucranianos y la posibilidad de negociar con Venezuela.

Sin embargo, la misión de Yanukovich, planificada en un inicio para el mes de mayo, busca fomentar negocios en la industria automotriz, según asegura la prensa ucraniana, aunque sin aclarar las formas de pago.

Los equipos de las plantas de producción de caña, dicen los ucranianos, podrían ser un renglón a explorar en Cuba, lo que indica el desconocimiento sobre el estado real de la industria azucarera cubana, que acaba de cerrar su ministerio y la mayoría de los centrales.

Si en La Habana desean las armas, los ucranianos apuestan por el pago que harán los venezolanos, y así de paso se embullan y le compran un poco de Vepr (fusil de asalto), varios AN-148 (Cuba tiene ya pedido unos tres de este tipo) unas cuantas bases de espionaje radio-electrónico Kolchuga-M, y tanques Oplot T-84.

En el tema de armamentos, Ucrania ha sido hasta menos escrupulosa que Rusia y ahora ven una posibilidad de quitarle un pedazo del pastel venezolano a los rusos.

En el 2002 vendieron a Saddam Hussein un sistema de radares que hizo protestar a Washington y Londres. Años más tarde, tanques T- 72 a los rebeldes del sur de Sudan, a pesar de las sanciones.

Han sido acusados de vender armamentos al entonces régimen militar de Birmania y aunque siempre prometen cumplir con las sanciones a Irán, en pocas ocasiones han dado una respuesta concreta.

Un escándalo por el traslado de armas de Corea del Norte en el 2009 a un país sin identificar, donde Ucrania hacía de intermediario. Ya desde el 2007 Ucrania estaba en el selecto grupo de países que exportaban más de mil millones de dólares al año.

El gobernante ucraniano ha estado en los últimos meses bailando en la cuerda floja entre Europa y Rusia. Al ser electo se lanzó en brazos rusos firmando una extensión del contrato de permanencia de la flota de Moscú en Sebastopol, Crimea.

Después jugueteó con la idea de una aproximación escalonada a la Unión Europea, sin que implicara una entrada en la OTAN. La agenda de la visita a Bélgica incluía encuentros con el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barrosso, y el presidente del Consejo Europeo, Herman van Rompuy.

En la sede de la Unión Europea afirmaron que por motivos políticos la visita programada para el jueves 20 de octubre se posponía para otra fecha más acorde al entendimiento mutuo.

La sentencia a siete años de cárcel a la líder opositora y ex primer ministro Yulia Timoshenko levantó críticas en Occidente al tipo de justicia selectiva en Ucrania y generó sanciones diplomáticas de diferentes tipos.

Un acuerdo de asociación entre el bloque y Ucrania se ha paralizado, aunque llevaron cinco años ajustarlo a los intereses de ambas partes. En la propia Rusia, nunca dada a criticar sentencias en terceros países, el primer ministro Vladimir V. Putin dijo no entender el porqué de la sentencia a su ex colega y firmante del acuerdo entre Moscú y Kiev.

Según la fiscalía ucraniana el acuerdo rubricado iba en detrimento de los intereses del país. Dimitri A. Medvedev declaraba por su parte que los tribunales no deben dictar sentencias políticas ni de carácter antirruso, en clara alusión a la condena a Timoshenko.

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