Enlaces de accesibilidad

La ley del más fuerte (y del más astuto)


En Cuba, cuestiones de trámites es mejor no seguir las vías oficiales. (Foto tomada de Internet)

En Cuba la fórmula parece casi infalible: para tener éxito en algún trámite, es mejor no seguir las vías oficiales

LA HABANA, Cuba.- En Cuba la fórmula parece casi infalible: en cuestiones de trámites y demandas de solución a los problemas, para lograr tener éxito, es mejor no seguir las vías oficiales porque, simplemente, “no funcionan y solo sirven para hacerte perder el tiempo”, le oigo decir a Nicolás, un jubilado que hace fila a la entrada de un Banco en la capital, a la espera de la aprobación de un crédito para reparar su vivienda. Lleva varios meses en el proceso y, según afirma, está “a punto de explotarse”, es decir, de estallar de ira, porque tal vez de ese modo logre avanzar en sus propósitos.

“Hay que amenazar, ponerse verde, gritar cuatro barbaridades para que te atiendan, o inventar un cuento, buscarse un amigo que te ponga la palanca aquí y allá [que tenga buenos contactos con las esferas de poder] porque si no nada funciona”, explica Nicolás casi a voz en cuello.

Ya sea para obtener un lugar donde vivir, incluso para tramitar una propiedad o una licencia, para solventar un litigio o para lograr un crédito bancario, parece ser mucho más recomendable saltarse los mecanismos establecidos por las instituciones del gobierno y probar por las vías del soborno, la violencia o del engaño.

Midielsy, residente en el municipio Habana Vieja, lleva más 5 años litigando contra un familiar que, al igual que ella, reclama una parte de la vivienda donde viven. Aunque ha gestionado su caso en varias instancias, no ha conseguido solucionar el conflicto y cada día la situación empeora. No obstante, una funcionaria de vivienda le ha dado una idea que pudiera ser la definitiva:

“Todos estos años”, dice Midielsy, “he tratado de evitar recurrir a la violencia, me he limitado a seguir los pasos de la ley y nada, estoy estancada en el mismo lugar. No hay manera de que alguien la obligue [a la prima] a irse de la casa. La policía me ha dicho que no está para eso. Entonces, voy a tener que hacer lo que me dice una amiga que trabaja en la vivienda, armar un escándalo, darle un piñazo y que venga la policía, porque es el único modo de que el tribunal la obligue a hacer un desglose [de la propiedad]. ¿Tú puedes creer eso? Yo soy pacífica pero lo estoy pensando porque no aguanto más”.

En el mismo municipio, Bárbara, una jubilada, nos narra cómo, después que le negaran varias veces la ayuda, ya que no reunía los requisitos, finalmente obtuvo un crédito bancario para reparar su vivienda en mal estado:

“Iba a perder los pies de tantas veces que tuve que ir al Banco. Cuando no era por un papelito de Seguridad Social, entonces era porque me faltaba un codeudor. Después me pidieron un papel del centro de trabajo de mi hijo y otro del CDR [Comité de Defensa de la Revolución]. Tenía que ir a vivienda y hacer la cola para que me certificaran que mi casa estaba en malas condiciones, en fin, tenía ganas de ir para el Malecón y ponerme a gritar como si fuera una loca. Entonces mi vecina me dijo que fuera al Banco, armara un escándalo y dijera que me iba a quejar al Consejo de Estado. […] ¿Y qué hice? Me fui [al Banco], arme el escándalo, después vine para la casa y mi vecina llamó haciéndose pasar por una secretaria del Consejo de Estado y dijo que yo había sido combatiente de la Sierra y que había luchado en Girón, yo que le tengo fobia a todo eso. Al otro día me llamaron del Banco y me hicieron los papeles en dos minutos. […] Así hice después para conseguir una dieta de leche en el policlínico. Ya no hago más trámites y hasta me conseguí un carnet de la Asociación de Combatientes [de la Revolución Cubana]. Ahora, después de vieja, soy combatiente de la Sierra, yo que no sé ni dónde queda eso”.

[En todos los ámbitos funciona la ley del más fuerte. Un método de sobrevivencia (foto del autor)]

En todos los ámbitos funciona la ley del más fuerte. Un método de sobrevivencia (foto del autor)

Los métodos del engaño y la violencia tal vez sean mecanismos de sobrevivencia que los cubanos han tenido que asumir en los últimos años y que se aplican en casi todos los ámbitos de la sociedad.

Para el profesor y psicólogo Manuel Fabián Orta, esa pudiera ser una de las tantas explicaciones al problema:

“No me arriesgo a enumerarte las causas, no porque sean demasiadas sino porque son bien complicadas pero algo sí es cierto, no es solo la escuela la que enseña eso, esa es una manera muy fácil de quitarse el problema de arriba. (…) La verdad, aunque a algunos les duela, es que vivimos en una sociedad donde, durante cincuenta años, la cosa ha sido de ordeno y mando, y aquí se hace lo que yo digo, o si no te corto la cabeza. La gente ha aprendido que ese es el recurso por excelencia. (…)".

"Es imposible renunciar a esos mecanismos cuando se tiene la certeza de que nada funciona bien. (…) Entrenamos a la gente en que la fuerza bruta es efectiva, también la simulación, por ejemplo, está el director de escuela que amenaza al alumno con acabarle la vida solo porque no quiere asistir a un acto político. Eso es una aberración y no nos damos cuenta. Si aceptamos eso, entonces no nos asombramos con todo lo demás, porque hemos vivido bajo el resorte de la amenaza”.

A diario, numerosas personas en Cuba se ven obligadas a descubrir que el “ábrete sésamo” de toda cuestión, sea cual fuere, conlleva a una aceptación de la “ley del más fuerte” (y del más astuto), algo que, al instalarse en la cotidianeidad, funciona como una especie de cáncer social que, con los años, desatará otros fenómenos igual de alarmantes o peores.

Tomado de Cubanet: La ley del más fuerte (y del más astuto)

Tu opinión

Mostrar los comentarios

XS
SM
MD
LG