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Televisión Española (TVE) ha decidido abandonar La Habana. Es una noticia que tanto se la puede tomar de forma positiva como negativa. Como ciudadano a quien le gusta tener información obtenida en primera línea, con testimonios directos de la realidad sobre la que se nos ofrece una información, rechazaría que se prescinda de la figura del corresponsal que es quien, de poder hacer bien su trabajo, puede trasladarnos desde un sitio lo que allí acontece, explicarnos los matices de un contexto y presentarnos las voces que, en conjunto, pueden ayudar a hacernos una idea de los intereses que hay en juego.

Los corresponsales, junto con otros factores, han mediatizado la idea que se formaba en nuestros cerebros sobre lo que sucedía en los lugares desde donde informaban y sobre todo han sido parte fundamental para que cada cual construyera un relato sobre lo que pasa en un determinado país, lejano, al que nunca antes había viajado. Porque hay realidades que conocemos de forma directa, cuando vivimos en ellas, la “realidad real”, y otras que las conocemos por aquello que nos cuentan otros, la “realidad mediática”.

Otra lectura de la marcha de TVE de Cuba puede ser positiva en el sentido de que los ciudadanos españoles pueden tener ahora la certeza de que se deja de gastar dinero público en balde, pues mantener una corresponsalía en un país donde el periodista no puede hacer su trabajo en condiciones resulta totalmente innecesario.

En los últimos años ha habido una progresiva renuncia de los medios españoles a informar sobre Cuba de forma directa. Los principales periódicos del país han abandonado la Isla, como es el caso de La Vanguardia o El País. De esta manera se ha ido empobreciendo la visión que los medios españoles ofrecen de lo que sucede en la Isla, que normalmente no pasa de la reproducción de los cables de las agencias que se mantienen trabajando allí, en un país en el que, a pesar de no estar en guerra, marca unas condiciones de trabajo para los peridoistas como si en realidad lo estuviera.

Rercordar por ejemplo que en 2010, cuando Orlando Zapata Tamayo murió tras su huelga de hambre, solo periodistas y blogueros independientes consiguieron acercarnos detalles de lo que sucedía en Banes, la localidad donde fue enterrado mientras las fuerzas de seguridad del régimen habían tomado la localidad y el hostigamiento a la disidencia se intensificaba. No quedaron para la historia de Cuba imágenes registradas por la prensa de uno de los sucesos que desencadenó una de las mayores crisis de imagen para la dictadura cubana. De ese momento queda solamente la grabación telefónica de Radio Martí en comunicación con la madre del opositor fallecido, Reina Luisa Tamayo, y algunas fotos tomadas con celuluares y envidadas a través de Twitter.

El gobierno cubano ha llegado a unos niveles de control de la información sobre Cuba brutales. No solo porque sigue dominando el ecosistema mediático propio, con los medios bajo su control, con periodistas totalmente dóciles que olvidaron que su oficio se debe al interés general y público y no al de un partido o una élite concreta en el poder. Cuando el periodismo debería ser vocación de servicio público y herramienta para alcanzar la justicia social, en Cuba se ha convertido en vocación de servicio al Partido y se convierte en instrumento orientado a levantar un muro de protección para los que mandan, por muy mal que lo hagan.

No solo los periodistas propios en la Isla deben adaptar su trabajo a esta condición, también los periodistas extranjeros que, a pesar de algún que otro rifirrafe con el régimen, usualmente han combinado una de cal con otra de arena. Sobre unos y sobre los otros, siempre pende la espada de Dámocles que el régimen mantiene, encima de las cabezas de aquellos que trabajan por un bien tran preciado como es la información y tan fundamental para los propósitos de los jerarcas, que quieren seguir detentando el poder por la fuerza y con una adecuada política de comunicación fundamentada en la propaganda favorable a su gobierno. La dictadura redonda.
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    Joan Antoni Guerrero Vall

    Joan Antoni Guerrero Vall (Reus, España, 1979) es periodista licenciado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Ha trabajado y colaborado con agencias de noticias como Europa Press y ANA, con periódicos en lengua catalana como el AVUI, ARA, Diari d'Andorra o Diari de Tarragona, así como en el semanario El Temps, Nació Digital o la antigua COM Ràdio. Combina sus colaboraciones periodísticas con actividades de comunicación para instituciones educativas como la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) o también culturales. En 2009, tras varios viajes a Cuba, decidió crear un blog sobre la Isla. Bajo el título Punto Cuba, el autor pretende ofrecer una visión externa y desde la distancia sobre lo que sucede en la Isla, con especial interés sobre las dinámicas de oposición al gobierno cubano, tanto sobre el espacio físico como el digital, así como observar la lucha del pueblo cubano por la recuperación de sus derechos fundamentales. Colabora con Radio Martí desde 2010. Al mismo tiempo, forma parte del equipo que lanzó la versión en catalán de la plataforma de blogueros Global Voices, colectivo con el que obutvo el Premio Blogs Catalunya 2013 en la categoría de Nuevos Medios.
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