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A los que nacimos o nos criamos bajo el gobierno del “Mesías” en jefe nos sugestionaron hasta el cansancio la consigna de Patria o Muerte, la cual nos taladró la mente sin encontrar resistencia de nuestra parte.

Y sin ánimo de justificar a nadie, es que la consigna nos la recetaban en la mañana, por la tarde y en la noche. La escuchábamos en la radio, la televisión, el cine, en los periódicos. Patria o Muerte nos seguía agazapado dentro de los libros, en las cartas oficiales, en los diplomas otorgados, en los premios. Nos perseguía en las lecturas íntimas del sanitario, cuando utilizábamos al Granma en su mejor función.

En cualquier acto que estuviéramos, ahí aparecía. La frasecita nos acosaba como en la novela del francés Honorato Balzac “La piel de zapa”, sin darnos ningún chance para resistirnos. Era como una cruel tortura china del agua, la cual consiste en una gota de agua que le cae a la víctima en la frente cada cinco segundos.

Al menos esa tortura es más humana, porque al cabo del tiempo la persona se muere. El Patria o Muerte nos dejó vivos, o mejor dicho, zombis por un tiempo que no podemos a ciencia cierta determinar. Sin embargo la cansona consigna no es original del líder de todos los líderes castristas, quien retocó la frase y se apoderó de su paternidad como igual se adueñó del país.

Tal y como ocurre con otros hechos o frases, Patria o Muerte no es del "Mesías en jefe", aunque aparentemente sus “historiadolambones” –léase aquellos que cuentan sus logros- se la achacan. Nuestros mambises gritaron Independencia o muerte y para una parte importante de aquel ejercito insurrecto, integrado por negros esclavos, la frase, más que una palabra, constituía un hecho, porque de no lograr la independencia no salían de la humillante esclavitud, algo para ellos peor que la propia muerte.

Patrick Henry, una de las figuras prominentes de la revolución americana, en un discurso memorable pronunció la histórica frase “Give me liberty or give me death” (dadme la libertad o dadme la muerte), en clara alusión a la necesaria lucha contra Inglaterra. Estos son antecedentes de la palabra. Ahora analicemos bien, ya alejados del hipnotismo castrista. ¿Por qué decir muerte después de la patria? La patria es vida, no muerte y para conseguirla es necesario estar vivos, sobre todo para cumplir con el propósito final de vencer.

Ahora, lo chistoso es que la muerte a que incitaba no era para defender la patria, sino para mantener su poder. ¿Acaso la guerra de Angola y todos las locuras guerreristas sirvieron para defender al país?

El oportunismo del castrismo es legendario ya, y en marzo de 1960, después del estallido del barco la Coubre, en el puerto de La Habana, voladura que rápidamente calificaron en aquel instante, sin pruebas de ningún tipo que fue un sabotaje de la “siniestra CIA”, el hombre de verde olivo sentenció al país con esa consigna suicida.

Por cierto, en lo de la Coubre nunca probaron que fue un sabotaje y muchos especialistas aseguran que fue el resultado de un accidente cuando los propios soldados rebeldes manipularon mal las cajas de municiones. Cierto o falso. Lo verdadero es que ese día comenzó su labor de que todos nos convirtiéramos en una suerte de samuráis, siempre dispuestos para hacernos el hara kiri. Hoy en día, al cabo del tiempo y la distancia, muchos de nosotros comprendemos que la patria, en todo caso, como dijo Martí “es ara, no pedestal” o que podemos desear estar “sin patria, pero sin amo”, pero nunca muertos sin una razón lógica y mucho menos para perpetuar en el poder al rey Castro.

Patria o Muerte es sin dudas otra crueldad de ese sistema totalitario contra sus ciudadanos.

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