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La “ayuda humanitaria” de Rusia y sus tropas de paz


Un militar uniformado armado, fotografiado a bordo de un vehículo de infantería ruso "GAZ Tigr" en el exterior de un cuartel de una unidad del ejércitio ucraniano en la localidad de Perevalnoye, a las afueras de Simferopol, en la península de Crimea.

Ucrania no niega la ayuda, pero no con soldados rusos, pues sería, abrir la puerta para que el Caballo del Kremlin entre en suelo ucraniano...

En Rusia hay un sentido irónico y cruel de interpretar la solidaridad y la ayuda al prójimo. En 1920 casi ocupan Varsovia para implantar “la dictadura del proletariado” mediante el Comité Revolucionario Polaco Provisional, donde militaba el creador de la VCheka, Félix Dzerzhinski. En septiembre de 1939 tropas soviéticas invadieron el este de Polonia (los nazis lo hicieron por el oeste) alegando que protegían así a la población ucrania y bielorrusa de esa zona. En 1956, más de 30 mil soldados, mil tanques y 200 aviones entraron en Hungría asegurando que lo hacían a pedido del gobierno húngaro para restablecer el orden. La Primavera de Praga termino en agosto de 1968 cuando la “ayuda” del Pacto de Varsovia llevó los tanques a la capital de Checoslovaquia. Un grupo de operaciones especiales del KGB asesinó al presidente de Afganistán Jafizulá Amín, en diciembre de 1979 en nombre del “internacionalismo proletario” e iniciaron una guerra que terminó en 1989.

Desaparecida la URSS los soldados rusos siguieron con sus “misiones de paz”. Desde 1992 esas tropas permanecen en el enclave ruso parlante del Transdniester, y Moldavia no ha podido solucionar su crisis territorial. En la guerra de Kosovo, en mayo de 1999, un batallón de paracaidistas rusos tomó el aeropuerto de Pristina, impidiendo a los helicópteros y tanques británicos aterrizar o controlar el aeropuerto. El objetivo era la entrada masiva de tropas rusas.

Las dos regiones separatistas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur recibieron en 1994 las “tropas de paz” de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), compuesta solamente por soldados rusos. Esos mismos militares en el 2008 tomaron el control de esos dos enclaves, ahora separados de Georgia.

Los ejemplos sobran, de ahí que cuando los emisarios del Kremlin hablan del envío de tropas y ayuda humanitaria el mundo desconfía. La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Samantha Power declaró inaceptable cualquier intervención rusa en Ucrania con el pretexto de una ayuda humanitaria. El cruzar la frontera común, por parte de las tropas rusas, es equivalente a una invasión, expuso la diplomática de Washington en el Consejo de Seguridad. Tanto Power, como el embajador del Reino Unido, Mark Lyall Grant, aseguraron que la ayuda humanitaria es necesaria, pero no que proceda de quienes la han causado. Y recordaron al pleno los continuos sabotajes de Moscú a los esfuerzos por buscar una salida a la crisis en el este de Ucrania.

Ya en reiteradas ocasiones, con la mismas frialdad y cinismo habitual, el enviado del Kremlin en New York expuso la posibilidad del envió de convoyes con ayuda humanitaria junto con un “contingente de paz” y crear corredores para el traslado de los desplazados de la zona de conflicto.

Ante la insistencia de Putin por enviar a sus militares con sal y pan al este de Ucrania, el presidente de la Comisión Europa, José Manuel Barroso, le comunicó que no era aceptable ningún cruce de la frontera ucraniana por parte de soldados rusos, ni bajo el pretexto de ayuda humanitaria. Con mayor información, el secretario general de la OTAN, Anders Rasmussen, dijo que ve la posibilidad de que Rusia invada el este de Ucrania y recalco que las tropas rusas, unos 200 mil efectivos, apostadas en la frontera común no se han replegado a sus cuarteles.

Ucrania no niega la ayuda, pero no quieren que entre el convoy con soldados rusos, pues sería, abrir la puerta para que el Caballo del Kremlin entre en suelo ucraniano y salgan de su barriga tanques, AK-47, misiles tierra-aire y dos regímenes títeres para Donetsk y Lugansk.

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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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