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Revolución ‘zombie’ en La Habana


Jorge Molina (i) y Alexis Días de Villegas corren durante el rodaje de la coproducción cubano española "Juan de los muertos".

Juan de los Muertos es la primera película de este género rodada en Cuba y ha tenido un marcado éxito nacional e internacional.

Dos amigos conversan en una balsa, mientras reman por el Malecón de La Habana:

- ¿A veces no te dan ganas de irte remando a Miami?, pregunta uno.

- Yo soy un sobreviviente: sobreviví al Mariel, sobreviví al Período Especial y a la cosa esta que vino después. Este es el Paraíso y nada lo va a cambiar, contesta el otro, antes de pescar un zombie que emerge del mar.

Quien dice esta última perla es Juan de los Muertos, un hombre que alza un desvencijado teléfono público habanero (de aquellos de níquel), y se anuncia:

- Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos, ¿en qué puedo servirles?

Estas descacharrantes escenas provienen de la que podría declararse, sin ningún tipo de ambages, como la primera película de zombies hecha en Cuba: Juan de los Muertos. La película es dirigida por el cubano Alejandro Brugués, fue terminada en 2011 y dura 96 minutos. Es una coproducción Cuba-España, Producciones de la 5ta Avenida /La Zanfoña Producciones /ICAIC /Canal Sur /TVE.

Como credencial internacional hay que decir que participó en el festival de Cine Fantástico de Sitges.

No deja de preguntarse el cinéfilo escéptico qué prometió Brugués al gobierno militar cubano (con tan poco sentido del humor) para poder rodar su película en La Habana, si se tiene en cuenta que en ella una avioneta se estrella contra el Capitolio, hay una manifestación zombie con la imagen del Che Guevara al fondo y una escena explícita de desnudo masivo (como las fotos de un Spencer Tunick del subdesarrollo).

Juan de los Muertos no se inscribe dentro del género de zombies del que fue pionero George A. Romero, más bien se trata de una “comedia de zombies” -con rumba de Bacalao con pan, de Irakere, al fondo- y una premisa lo suficientemente subversiva como para hacerla atractiva. ¿Qué pasaría si se cambiara la retórica oficial del castrismo (la de un enfrentamiento improbable con los EE.UU.), por la de uno, más probable, con una cuadrilla de zombies?

Para saberlo, hay que ver esta película, con un reparto relativamente poco conocido. Alexis Díaz de Villegas (Juan), Jorge Molina (Lazarus), Andrea Duro (Camila) y Andros Perugorría (Vladi), y unas escenas imperdibles de una Habana post apocalíptica, evocadora (y a la vez paródica) del mundo post industrial de Danny Boyle, en Exterminio.

“Desde niño, he sido seguidor de las películas de zombies”, ha dicho Brugués. “La segunda película que tuve en mi vida fue Evil Dead, de Sam Raimi, y desde ese momento no he podido dejar de perseguir cualquier cosa que tuviera muertos vivientes. Era solo cuestión de tiempo antes de que apareciera una idea que creyera lo suficientemente buena como para decidirme a probar mi mano en este género y hacer un pequeño aporte”, comenta.

“La idea con Juan fue hacer una comedia totalmente irreverente, con personajes muy cubanos, llena de acción y aventuras, una película que a la vez pueda asustarte o tenerte al borde del asiento mientras ves cómo somos realmente. Llenarla de escenas de acción espectaculares pero que a la vez no sean del todo descabelladas para el lugar (cientos de personas tirándose al mar en balsa y autobuses que se estrellan contra embajadas son cosas que yo he visto personalmente), pero que también tenga todos los momentos de duda, de quejas y reflexión que tenemos día a día”, dice el director.

Además de la musicalización, que logra acompañar muy bien al paisaje de muertos vivientes (a la cubana), uno de los aciertos de esta película es su fotografía. Una Habana que aparece bella a pesar de los esfuerzos de los que la gobiernan en destruirla, dan fe de este empeño.

A Alejandro Brugués, Juan de los Muertos le permitió hacer “la película de zombies que desde niño quise siempre ver, y eso la hace más sincera que cualquier cosa que haya hecho antes”. Guiños al género clásico de zombies, combinado con un marcado tinte de sátira social hacen de Juan de los Muertos, si no una obra maestra al menos un interesante experimento fílmico. Esos desórdenes en la rutina cubana confundidos con el accionar de un “grupúsculo de disidentes pagados por los Estados Unidos” serán largamente recordados por los espectadores.

Como también la escena de Juan levantando el viejo teléfono de níquel y diciendo:

- Juan de los muertos, matamos a sus seres queridos, ¿en qué puedo servirles?.

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