Enlaces de accesibilidad

Cuba, Miami, Embargo, Petróleo: Perpetuidad de un Conflicto


Joe García con el presidente Barak Obama

"Yo quiero que quienes exploren el petróleo en Cuba sean compañías reputadas, conocidas, que lleven años en esto" - Joe García.

Nació en Miami, de padres cubanos, y si camuflara cierto manierismo cubanamerican, ciertos anglicismos y frases típicas de quienes tienen su identidad a medio camino entre estas dos costas, podría pasar por un exiliado más. Su criollismo es de libro de texto.

Antes de empezar esta entrevista quise saciar una curiosidad elemental: ¿por qué un abogado y estratega político como Joe García, estadounidense de nacimiento, que jamás ha pisado suelo cubano, sentía un apasionamiento tal por todo lo que oliera a ese pequeño islote?

Me quedé con la curiosidad intacta. El mismo Joe García que como político y hombre de leyes tiene siempre a mano argumentos rápidos para sustentar sus posturas, expuso un galimatías complicado para hacerme entender a mí, un cubano “de allá”, por qué él se siente cubanísimo también, a pesar de haber nacido “acá”.

Al final solo confirmé un axioma al que había dado cuerpo mucho antes, precisamente en preguntas similares a quienes habían nacido en Miami también, y se sentían tan cubanos como Joe García y como yo: hay cierto aroma de misterio detrás de esto que algunos llaman identidad de cubanos. Un triste y hermoso misterio.

Joe García es un demócrata a quien el destino y sus padres pusieron en un Estado visceralmente republicano. Dirigió el Partido Demócrata en el Condado Miami-Dade, fue Director Ejecutivo de la influyente Fundación Nacional Cubano Americana por cuatro años desde el 2000, y en 2009 el presidente Barack Obama lo designó Subsecretario de Energía de su administración.

Para mí, apenas 15 meses después de salir del país en que viví durante 26 años, un encendido diálogo con un político como él se me antoja una extraña versión-continuación de aquellas tertulias interminables que sostuve durante años con amigos, conocidos y hasta enemigos, en los parques de mi pueblo de provincia.

Joe, ¿cómo le cayó a usted la noticia de que podría haber unos 4 mil millones de barriles de petróleo como mínimo en las costas de Cuba?

Para empezar yo creo que obviamente es algo muy bueno para la nación cubana, y desde luego también creo que le traerá algún beneficio al gobierno de Cuba, aunque esto es muy a largo plazo. Yo defiendo el criterio de que en las próximas dos décadas la explotación de petróleo va a sufrir una transformación muy grande, la dependencia del giro petrolero va a cambiar. La forma de energía alternativa irremediablemente va a ampliarse y creo que vamos a necesitar del petróleo menos de lo que necesitamos hoy.
Ahora bien, lo que sí me parece es que el conflicto que se está teniendo en algunos sectores de los Estados Unidos, sobre todo en Miami, sobre ese punto, sobre si Cuba debe explorar el petróleo en sus aguas o no, y si compañías importantes deben involucrarse en esto o no, es completamente absurdo.
Como es algo que va a suceder digamos lo que digamos, yo quiero que quienes exploren el petróleo en Cuba sean compañías reputadas, conocidas, que lleven años en esto, porque al presionar y disuadir a grandes empresas de explorar ese petróleo, llegarán entonces compañías que nunca han hecho este trabajo y si algo pasa mal no es Cuba la que sufriría enormemente, sino es la costa de la Florida y yo vivo en la Florida.

Pero desde el punto de vista político, ¿una dictadura con mucho poder económico no le parece algo terrible? Estoy pensando en Arabia Saudita, en los Emiratos Árabes, donde hay regímenes con prácticas terribles pero que poseen todo el dinero del mundo…

JG: ¿Me estás diciendo que Fidel Castro habría sido aun peor si hubiera tenido dinero?

¿Usted no lo cree?

Estamos haciendo una comparación de dictaduras. Algo como “Gadaffi era menos malo que Fidel, Hitler era más malo cierta escala, Stalin estaba por debajo de Hitler, y Hitler…”, y creo que eso no tiene mucho sentido, al menos para mí.
A donde yo regreso es al hecho de pensar que si existe petróleo en esas costas, Cuba no lo va a explorar porque nosotros nos oponemos. Es una cosa que escapa a cualquier lógica posible. Que me digan un solo país del mundo que sepa que en sus costas hay millones de barriles, y no corra a extraerlos.
Fíjate: yo no quiero que se explote ese petróleo pero por razones muy personales: yo me opongo también a explorar petróleo en las costas de la Florida porque la Florida vive del turismo como industria principal y un derrame en esta zona sería una cosa catastrófica.
Pero ese concepto de que si esto va a nutrir una dictadura o esto va a nutrir el gobierno de Cuba, no tiene sentido. Es la misma lógica de quienes se ponen a comentar que mandarle pasta de diente y aceite a tu familia en Cuba también nutre a la dictadura cubana.

¿No comparte ni siquiera parcialmente la tesis de que una inyección de dinero a Cuba, sea en forma de remesas o próximamente en forma de barriles de petróleo, perpetuaría aún más a esa dictadura?

Mira, ese gobierno lleva medio siglo con una economía débil, fracasada, y sigue allí. Me parece que enfurecernos porque Cuba extraiga su petróleo, si es que finalmente lo hay, es como ponernos a discutir por la lluvia, por si va a llover. Señor, si va a llover, va a llover; todo lo que yo diga y todo lo que me oponga, es una pérdida de tiempo total. Si está ahí el petróleo y lo buscan lo van a encontrar. Punto.
No dudo que cierta ultraderecha dirá entonces que Dios es comunista porque le dio millones de dólares en petróleo a Fidel antes de que se muriera.
De algo sí estoy muy claro, y es de lo que a mí me gustaría que sucediera. ¿Qué cosa? Pues que el petróleo que encontraran lo pusieran en función de fortalecer la amplitud de la educación en Cuba, el sistema de salud en Cuba, reparar el colapso institucional de Cuba. Pero eso dentro de un marco que democrático y pluralista.
Pero de nuevo, es como discutir si va o no va a llover: una cosa es lo que yo quisiera, y otra lo que inevitablemente ocurrirá.

Joe, hace muy poco se cumplieron 50 años de instaurado el embargo contra Cuba. Yo le he escuchado decir en otras ocasiones que usted fue de sus partidarios en el pasado, y que hoy no lo es tanto... ¿Esto es correcto?

Si existiera una iglesia del embargo, yo fuera por lo menos obispo o cardenal de esa iglesia. Sí defendí esta política, y sí creí en ella en su momento. Y también digo hoy que tristemente es una política que ha fracasado, y el ejemplo es que aquí estamos después de 50 años. En el mismo punto.
Ahora, existen personas que todavía te hacen el cuento de hadas de que ha sido sumamente eficaz. No ha habido política llevada a este nivel por 50 años que pueda decir eso. Por eso es que expreso esto en términos de religión: la fe en el embargo la he perdido por completo.
Pero también entiendo que son 50 años con la misma política, y es muy difícil cambiarla si no se tiene una alternativa y desafortunadamente no ha habido una alternativa que sea aceptable a la amplia mayoría del exilio cubano, que es el que es el que propulsa la política hacia Cuba.
En parte porque creo que las nuevas generaciones de cubanos se incorporan a las filosofías de sus abuelos que están aquí, y asumen esa posición en vez de forjarse sus propios argumentos más funcionales. Algo así como abrazar el embargo “porque sí”, “porque es lo que hay”.
Y también entiendo a los que lo soportan en parte por el calor de la impotencia, por la necesidad de dar al menos un puñetazo a ciegas.

¿Le parece que el embargo ha sido únicamente ineficaz para la vida de los cubanos dentro de Cuba, o le parece que ha sido también perjudicial?

A mí me parece que va mucho más allá de eso, me parece que ya la parte de fracasado y de perjudicial contra los cubanos pasó hace mucho. Ese análisis está en otra escala. De nuevo: es una política que como ya ha durado 50 años, demasiadas generaciones han nacido bajo ella y no creo que haya modificado demasiado la vida de los cubanos de allá bajo un gobierno como el que tienen.
Y como te digo una cosa te digo otra: tampoco acepto uno de los argumentos más débiles de quienes se oponen al embargo a capa y espada: “el día que se le quite el embargo a Fidel Castro ya no tendrá excusa para su ejercicio dictatorial”. No, las dictaduras siempre encuentran una excusa. Franco se murió diciendo que había una conspiración masónica contra su poder. Y los masónicos estaban recibiendo palos sin saber por qué. Siempre existe una razón por cual la dictadura se auto-justifica.
La discusión a favor y en contra del embargo es otra batalla absurda que no llega a nada. Cuando tú encuentras a alguien que se ha ahogado en alta mar y le miras la mano, siempre tiene una piedra, un palo, está agarrado a algo que no le salvará pero que en medio de su tragedia le transmite un poco de fe. Eso es el embargo para quienes han muerto y morirán sin haber visto el final de la dictadura cubana. Una política de fe, que tristemente ha sido tan inútil como la piedra o el palo en la mano del ahogado.

Pero también sabemos que históricamente en los momentos en los que el gobierno de La Habana se ha visto con el agua más al cuello, se ha visto forzado a hacer cambios. Cambios como abrir el Mariel, o el Malecón, o despenalizar el dólar, solo han llegado cuando el establishment ha comprendido que no hay otra salida…

¿Y quién o qué ha creado esas condiciones? En ninguno de esos casos las condiciones han sido creadas por la política estadounidense. Lo irónico y paradójico es que esas condiciones han sido creadas por el propio régimen de Cuba.

¿Entonces no le ve usted alguna lógica a que si ningún cubano viajara a Cuba, absolutamente ninguno, y si no existiera ninguna manera de que le entrara dinero al gobierno de Cuba, o al menos por las remesas de aquí para allá, la economía cubana se lo sentiría y ellos se lo sentirían mucho más?

Sí, y si yo tuviera alas fuera un pájaro y podría volar. Pero eso no quiere decir que me van a salir alas por quererlo, ¿verdad?
Entonces, ¿a qué condición y cómo llevaríamos a cabo una política tan radical, y por qué es que eso nunca ha ocurrido? La respuesta está ahí, a la vista de todos. Si de verdad seguimos con lo mismo y decimos: “Lo que hay que hacer es un bloqueo a Cuba”, ¿estamos dispuestos a sostener que todas las abuelas se mueran de hambre, que las madres o los primos no coman?
Las personas que dicen que sí están dispuestas a sostener esta postura no tienen un hermano, un hijo, un perro, en ninguna parte de Cuba. Y los que lo tienen, no les importan, no tienen lazos demasiados fuertes con esos familiares.
Entonces, si pudiéramos de verdad aplicar el embargo, esto nos llevaría a lo que eran las guerras de sitio, que no se practican hace 800 años, por cierto. El concepto de cerrar una ciudad y esperar que la hambruna, las enfermedades y la desesperación de esos ciudadanos los forzara a reaccionar contra su monarca. Que lo tiren sobre la muralla y nos lo entreguen.
Pero miremos a nuestro alrededor, por favor: estamos en el Siglo XXI, los cubanos no entregaron a Fidel Castro ni cuando el hambre sí los estaba dejando ciegos en los años ´90. Entonces, es hora de admitir que esa filosofía de Isla sitiada ha sido un fracaso. Eso, por no hablar del hecho de que Estados Unidos es el principal socio comercial de Cuba.

Entonces como político estadounidense, Joe, como ex obispo o cardenal de la iglesia del embargo, y como alguien a quien el destino de esa Isla le preocupa notablemente, ¿dónde estaría el camino? ¿Tiene usted alguna luz particular en este túnel de medio siglo?

La esperanza que yo veo en este momento, y que no había visto antes a este nivel, es el cubano exiliado de hoy. Las nuevas generaciones de cubanos, que están conectados con su familia en Cuba y que están viajando, que están ayudándolas y de paso están creando una serie de condiciones para que florezca una sociedad civil natural.
Eso sí me parece que tiene más oportunidad de promover cambios en Cuba, mucho más que la batalla en la que nos hemos desgastado para mantener un embargo que hoy sabemos en la práctica que no funcionó.
Gracias a esos cubanos del exilio que viajan a Cuba, que se encuentran con los suyos, tenemos un millón de celulares en Cuba filmando cada acto de repudio, cada abuso policial en las calles. Gracias a una política implementada por el presidente Obama, de no bloquear ese contacto entre cubanos de afuera y de adentro, es que creo que esa sociedad civil, débil pero ya existente, tiene una posibilidad real de convertirse en el factor de cambio, quizás antes de lo que pensamos. Esa es la nueva circunstancia, y esa sería mi luz al final del túnel.
XS
SM
MD
LG