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Un observador de vivencias oportunas, que con su cámara fotográfica LEICA fue el inventor de captar el momento vital del acontecer para convertirse en uno de los maestros de la noticia gráfica en el mundo.

Dentro de unas semanas se cumplirán siete años de la muerte del inolvidable compositor gráfico, Henri Cartier-Bresson, que con una cámara fotográfica creó el ‘instante decisivo’.

El siglo XX va quedando en la memoria reciente, como una era de violencias inusitadas y tenebrosas. Las ansias de poder desenfrenado que generó el modernismo materialista con los totalitarismos nazista, comunista y las dictaduras nacionales, dejan en el camino la huella sudorosa y sangrante de millones de seres humanos indefensos perseguidos, maltratados y asesinados sin el menor rasgo de pudor y decencia por parte de los captores.

Se cumple el séptimo aniversario del fallecimiento a los 95 años de edad en su residencia veraniega y provenzal de L'Isle-sur-la-Sorgue, Francia, de Cartier-Bresson, un hombre sencillo, pero un observador de vivencias oportunas, que con su cámara fotográfica LEICA fue el inventor de captar el momento vital del acontecer para convertirse en uno de los maestros de la noticia gráfica en el mundo.

Muchos han llamado a Cartier-Bresson "el ojo del siglo XX", el padre de la fotografía moderna, porque le apasionaban los perfiles, las sombras, el justo equilibrio de la luz, el vacío, las curvas y la espontaneidad humana.

Si a los represores del siglo XX <el nazismo, el comunismo y las dictaduras nacionales> lo que les interesaba para consolidar sus ansias brutales de poder era aplastar al ser humano y hacerlo desaparecer de la escena, a Cartier-Bresson con su cámara fotográfica lo que le interesaba era captar el instante de ese ser humano para dar respiros y movimientos a la escena y a su denuncia.

Todavía su foto de 1945 en el campo de concentración nazi en Dassau golpea la conciencia universal como un recuerdo imborrable del dolor de todos.

Cuando viaja a Costa de Marfil en 1931 descubre con sus fotos los perfiles acuciantes del colonialismo.

Fue a partir de ese viaje, del cual regresa enfermo, que aprendió la fuerza instantánea en la cámara fotográfica. El insistía que la foto era más rápida que el ojo humano, ya que no tenía distracciones posibles.

A partir de entonces su cámara LEICA se convierte en su amante inseparable y adorada. Ya en 1934 expone su colección de fotos en Nueva York y Madrid.

En esa época, confiesa, que todos éramos de izquierda. Pero posteriormente en un acto de sinceridad sin límites, añade que por ser de izquierda no había nada de qué avergonzarse, pero tampoco de qué vanagloriarse.

Henri Cartier fue hecho prisionero en 1940 por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Tres años después se escapa y se integra a la Resistencia Francesa.

En toda esa época capta fotos maravillosas de la liberación de París en agosto de 1944. Después obtiene fotos de enorme impacto sobre las contradicciones en la Unión Soviética cuando se destapan los crímenes de Salín. También obtiene imágenes fotográficas muy impactantes sobre China y la marcha de Mao. Sus fotos sobre los funerales de Ghandi se consideran fotos maestras de la historia gráfica.

Todo el secreto de la foto, decía Cartier-Bresson, se concentra en atrapar con la paciencia del pescador y el rigor del científico las imágenes con sus sombras en armonía. Por eso rechazaba poner su trabajo al servicio de una ideología y le horrorizaban las imágenes maquilladas para cualquier resultado gráfico.

El Mahatma Ghandi recibió a Cartier en la India para ver una colección de sus fotos. Ghandi le preguntó entonces por el sentido de una foto del poeta místico Claudel, que el Mahatma miró con profundo silencio, como si rezara una oración íntima a Dios.

Cartier le contestó que el sentido de esa foto estaba en la muerte, en la muerte, repitió el maestro gráfico con respeto y admiración.

Los dos amigos se despidieron y en menos de una hora el Mahatma Ghandi era asesinado.

Dicen que Cartier leía mucho para estar en contacto con la vida cotidiana, pero le resultaba difícil trabajar con periodistas, pues estos se demoraban horas lo que la cámara fotogáfica podía captar en instantes de segundos por el fulgor de su mirada.

Cartier-Bresson era un hombre cortés que no gustaba discutir. Se sentía muy a disgusto en Estados Unidos porque, según él, se hablaba poco de la muerte. No así en España o en México que hablar de la vida y de la muerte era un proceso de absoluta naturalidad.

Conmemoremos con enorme respeto el trabajo fotográfico de este profesional del “instante decisivo” que falleció hace siete años, pero que se mantiene vivo entre los profesionales del periodismo gráfico.

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