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Premio a la ciudad abandonada


Edificio en ruinas, en el Malecón de La Habana, Cuba.

Por allí anda un comentario frívolo que reza: "A La Habana hay que ir antes de que muera Fidel Castro, para ver una ciudad de postguerra".

La noticia de que este último domingo, en Dubái, La Habana ha sido elegida entre las siete ciudades Maravillas del Mundo nos deja desconcertados. No solo a los que nacimos y crecimos allí, sino también, casi seguro, a los muchos transeúntes que han admirado la arquitectura de esa gran capital, con pena inmediatamente después de la admiración.

Por allí anda un comentario frívolo que reza: "A La Habana hay que ir antes de que muera Fidel Castro, para ver una ciudad de postguerra".

Según informan agencias de prensa, la capital cubana fue seleccionada ya que estas ciudades "representan la diversidad global de la sociedad urbana", aseguró Bernard Weber, presidente de la fundación organizadora, la suiza New7Wonders.

Las otras urbes que comparten esta distinción son La Paz, Beirut, Doha, Durban (Sudáfrica), Kuala Lumpur y Vigan (Filipinas). Entre las 14 ciudades finalistas se encontraban Barcelona, Ciudad de México y Quito.

La votación se realizó por varias plataformas electrónicas, redes sociales digitales y correo postal enviado a Dubái.

Ahora viene la pregunta: ¿En el caso de la capital cubana se estaría premiando a unas ruinas donde habitan personas que se juegan la vida entre paredes y techos rajados?

El magnífico ensayo de Alejo Carpentier (La ciudad de las columnas) describe una arquitectura ecléctica, hecha a conciencia y, además de bella, utilitaria. Esos largos pasillos techados de la calle Reina, por ejemplo, que en su día fueron seguros a la vez que protegían al viandante del fuerte sol, hoy son ruinas malolientes, peligrosas, llenas de mendigos.

Por este y otros desastres como aceras levantadas, alcantarillas abiertas y el pésimo alumbrado público debemos suponer que el voto electrónico o postal ha sido a ciegas, movido por cualquier ilusión de lecturas o conversaciones de antaño.

La ciudad de Barcelona, con algo más de dos millones de habitantes como tiene La Habana, ha quedado fuera de las siete ciudades Maravillas del Mundo, según esta votación. Por eso decíamos arriba lo desconcertante de la noticia. Barcelona sí tiene una arquitectura –fundamentalmente modernista– conservada, y goza de un excelente diseño ambiental en relación con su arquitectura. No en balde fue tenida en cuenta como ejemplo de "ciudad sostenible" para las olimpíadas de Londres 2012, a partir de lo que se construyó para la cita olímpica de 1992.

En Barcelona hemos visto vaciar plazas de toros que están en desuso y conservar cada milímetro de la fachada –generalmente de estilo morisco– para construir dentro un modernísimo centro comercial. Y adaptar el transporte suburbano para que los discapacitados, incluyendo invidentes, puedan acceder sin ayuda de otra persona. La lista de obras públicas sistemáticas a partir del 92, así como del mantenimiento de la ciudad, sería larguísima.

¿Pero qué han hecho con La Habana en todos estos años?

Ésta es una ciudad en ruinas, apestosa y contaminante. Con la categoría de "Maravilla del Mundo" están reconociendo a un destructorel Estado– que durante décadas enfocó su presupuesto en una guerra que no le pertenecía (la de Angola) y abandonó a su suerte a una de las capitales más bellas arquitectónicamente.

Un buen día, a ese Estado le hizo falta liquidez e intentó sacarle dinero a las viejas paredes a través del turismo extranjero, y para tal empeño fichó al historiador Eusebio Leal, que hizo cuanto estuvo a su alcance por remover un poco la historia (Andar La Habana, televisión nacional) sin los resultados que necesita urgentemente la gran ciudad.

Unas pocas calles de La Habana Vieja no son nada al lado de todo lo que se está cayendo a pedazos. Unas pocas calles es un escenario, enfocado, precisamente, en el turista que viaja sin salirse de la hoja de ruta.

Es posible que alguno de ellos haya votado ahora por la ciudad abandonada.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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