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Zafra y petróleo de Cuba aparecen en las Grandes Ligas


Rusney Castillo aterriza en Boston...

Cuando las zafras azucareras repiten cada año su fracaso, y los esfuerzos por descubrir petróleo en el fondo marino se van inexorablemente a pique, el gobierno de Cuba parece haber hallado en las Grandes Ligas del béisbol de Estados Unidos una fuente indirecta de recaudación de divisas.

Aroldis Chapman, Yoenis Céspedes, Yasiel Puig, José Abreu y --hace unos pocos días-- Rusney Castillo, un jugador de Ciego de Ávila, negociaron contratos multimillonarios que repercuten en el bienestar de sus familiares en la Isla y al propio tiempo dejan una huella en las depauperadas arcas de la economía oficial.

Castillo, outfielder y jugador de cuadro de 27 años de edad, mejoró, con su contrato de 72,5 millones y siete temporadas, a las órdenes del Boston Red Sox, el récord que detentaba este propio año el cienfueguero “Pito” Abreu, de 68 millones y seis campañas con Chicago White Sox, la primera de las cuales desarrolla con notas sobresalientes.

Así, con todo y las nuevas leyes migratorias de Raúl Castro, la huida de Rusney Castillo acrecienta la sospechosa incapacidad de las fuerzas guarda fronteras y del Ministerio del Interior de Cuba, que hasta hace muy poco eran capaces de olfatear el más oculto plan de salida ilegal.

En coincidencia con estos hechos, las autoridades aduaneras cubanas dictan leyes que endurecen la importación de bienes. La capacidad de suspicacia nos hace sospechar que el veto comercial fue diseñado para que la comunidad en el exilio, con menos espacio en sus valijas para transportar blue jeans, máquinas de afeitar o pañales desechables, dedique sus esfuerzos al envío de dólares contantes y sonantes.

En menor escala (si lo comparamos con el Big Show), y desde el año pasado, las autoridades de la Isla habían permitido --tímidamente-- la contratación de jugadores activos de la Serie Nacional en el béisbol mexicano, un capítulo desdichado porque transitó por la lesión de Michel Enríquez, el bajo rendimiento de Yordanis Samón, y tuvo más tarde su clímax en el culebrón del pasaporte falso de Alfredo Despaigne.

En 2014 el lance fue más largo y ambicioso, con el desembarco de Frederich Cepeda, Yulieski Gourriel y el propio Despaigne en la liga japonesa, verdadera realización de un sueño amasado por los propietarios asiáticos desde los años 90 del pasado siglo, cuando suspiraban por contratar a Germán Mesa o Jorge Luis Valdés.

“Con la paga de uno de esos peloteros ustedes costearían íntegramente los gastos de la delegación de Cuba en la Olimpiada de Barcelona”, fue el anzuelo lanzado aquella vez desde la gerencia del Yomiuri. Eran los tiempos en que la crisis económica de la isla socialista, arropada con el manto piadoso de “período especial”, comenzaba a asfixiar a un pueblo entero.

SERIE DEL CARIBE A LA VISTA

Con la Serie del Caribe 2015 en el horizonte y Puerto Rico como sede, no sé qué harán los burócratas cubanos para que ningún pelotero escape hacia el profesionalismo, ahora que el éxito de sus compatriotas les permite perder el miedo, como a estas alturas tampoco sé si lo que desean es que todos esos muchachos se vayan en busca del billete verde.

En términos absolutamente deportivos, los cubanos arrastran una incongruencia que nació en febrero pasado, con su regreso a estos torneos en la lid de Isla Margarita, Venezuela. Como el béisbol del área se disputa en invierno, lo habitual es que cada monarca local ascienda al trono doméstico en enero, e inmediatamente viaje hacia la lid de campeones; Villa Clara inauguró esta nueva etapa con un desfase en su participación, porque se coronaron casi un año antes, y Pinar del Río está predestinado a hacer lo mismo… si es que los nuestros participan.

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