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Los pasos del fin del llamado béisbol revolucionario se aceleran en una frenética carrera en los últimos años dentro de un proceso irreversible y constante con la partida de esos “libres” peloteros.

Comprobado una y otra vez. La cadena va tanto a la fuente hasta que se rompe y aunque el refrán no sea así, eso no cambia que las ataduras impuestas al pelotero cubano por el régimen castrista se rompieron de una vez y por todas, según lo demuestra el creciente número de esos deportistas que deciden escapar de la isla.

Los pasos del fin del llamado béisbol revolucionario se aceleran en una frenética carrera en los últimos años dentro de un proceso irreversible y constante con la partida de esos “libres” peloteros, quienes hacen desafinar por completo aquel himno entonado por Fidel Castro el 14 de enero de 1962 cuando inauguró la primera serie nacional de béisbol y enunció que era “el triunfo de la pelota libre sobre la esclava”.

El más máximo de todos los máximos en esa época no era el más máximo, sino ocupaba el insignificante carguito de Primer Ministro, posición que por supuesto no llenaba sus reales expectativas como se comprobó a posteriori, sin embargo ya le tenía el gusto a las frases hechas, solemnes, inamovibles, legendarias, las que servían para grandes carteles y afiches.

Y en medio de un terreno de pelota dijo ese parlamento histórico, que aparentaba quedarse como un salmo inviolable del libro sagrado castrista, sobre todo luego de crear el INDER, su aparato gubernamental deportivo y darle un tiro de gracia al béisbol profesional de la isla cuyo último torneo se realizó en la temporada 1960-61. A partir de ahí el profesionalismo dentro del béisbol revolucionario se convirtió en tema tabú, censurado, irrepetible, capitalista.

La propaganda castrista de manera constante trató de restarles meritos a los peloteros de antes del triunfo del 59, a quienes de manera subliminar a veces, y otras de forma directa, calificaban como mercenarios que no tenían un sentimiento patriótico por solo interesarles el dinero.

Los jugadores cubanos que intervinieron en Grandes Ligas, y no vivían en la isla, sus nombres poco a poco fueron empujados de manera gradual hacia el olvido. De igual forma el marco de sus hazañas, la Liga Cubana de Béisbol, con los inolvidables equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, pretendieron borrarla dentro de ese infame oficio en lo que son expertos: desaparecer hechos históricos y personalidades que no son del agrado y conveniencia al catecismo del régimen.

Lo paradójico de este proceso en la pelota revolucionaria y llamada libre es que los peloteros no tienen una verdadera libertad al verse obligados solo a participar dentro de las fronteras nacionales, sin tener posibilidades de movilidad hacia otros destinos. Solo pueden hacer lo que indica el organismo gubernamental deportivo, es decir el estado que los lleva de un lado a otro y deciden sus competencias internacionales como, donde y cuando asistir.

Mientras lejos, en la otra orilla cercana, se jugaba un béisbol prohibido y donde se comparaban, bajo voz, a muchos jugadores cubanos, el régimen mantenía en un puño al deporte, sin darles chances a meditar a sus principales actores. Todo cambió en 1991 cuando el lanzador René Arocha sorprendió a la confiada arrogancia del régimen y se convirtió en el primero que se arrancaba las cadenas de “libertad” del béisbol castrista.

Sin perder su cubanía, ni abjurar de la historia de su país, Arocha llevó su vida limitada a los ordeno y mando, a un mundo donde el béisbol tiene pasión, calidad indiscutible y donde de manera honrada ganaba un salario como cualquier otro individuo dentro de la división social del trabajo.

Aquella oveja descarriada mostró un camino que nada tenía de malo, como describía el pastoral castrista, y más temprano que tarde otros lo siguieron y aquello, que parecía un simple goteo de un grupito de “mal agradecidos y débiles ideológicos,” hoy en día es un torrente que amenaza ahogar al sistema deportivo de la isla.

Porque los abandonos ya no son de peloteros, quienes según afirman algunos expertos, sobrepasa ya la cifra de más de 300 en los últimos años, sino abarca diferentes deportes como el voleibol, baloncesto, canotaje, hockey sobre hierba, tiro, boxeo, softbol, fútbol, atletismo, levantamiento de pesas, esgrima, gimnasia natación, ciclismo, judo, clavados, polo acuático. En fin, habría que decir la sentencia bíblica que dentro de la estructura deportiva del régimen “el que esté libre del pecado de la fuga lance la primera piedra”.

El “mal ejemplo” del lanzador zurdo Aroldis Chapman, contratado por 30 millones de dólares con los Rojos de Cincinnati, mas, los contratos firmados del 2009 a la fecha por peloteros cubanos que sobrepasan la cifra de 70 millones de dólares, unido a las carreras triunfantes hasta el momento de Alexei Ramírez y Kendry Morales, son más elocuentes que los años de doctrina castrista, hueca y restrictiva.

La presencia del talento de la isla dentro de Grandes Ligas resultó evidente en el 2010 donde 15 criollos formaron parte del listado oficial de 40 equipos, eso sin contar Ligas menores y campos de entrenamientos en República Dominicana y otros países.

La fuga de peloteros, unido al bajo nivel competitivo del béisbol de la isla son dos piedras al cuello para el senil béisbol revolucionario, obsoleto y atrasado, fenómeno que Kendry Morales ratificó a un periódico de La Florida:

"He estado viendo unos cuantos juegos. No quiero criticar ni nada, pero yo creo que ha bajado, que ha mermado muchísimo el nivel del béisbol cubano. No sé cuáles son los motivos, pero ha mermado bastante'', dijo.

Tal vez los defensores a ultranza del dogma consideren tendenciosas las palabras del inicialista de los Angelinos, sin embargo en su blog “Mi columna deportiva”, el periodista Miguel Ernesto Gómez Masjuan y profesor de la Universidad de La Habana, abordó sin tapujos el tema de la calidad de la Serie Nacional de beisbol:

“En estos días abundan las propuestas: dos divisiones, menos partidos y una larga lista de etcéteras; pero no aparece ninguna estrategia para incentivar la práctica en las categorías inferiores; tampoco para mejorar el espectáculo o modificar las complejas condiciones en las que se encuentran los estadios en las provincias, ni siquiera planes para impedir que las nóminas de casi todos los equipos vuelvan a mostrar nombres muy diferentes a los que jugaron en la temporada pasada”, afirmó

Y puntualizó su análisis con una reflexión de alerta: “Sencillamente prefiero pensar en cuánto más podemos perder los que admiramos la pelota cubana si no analizamos los problemas de fondo y seguimos aferrados, como tantas veces nos ha sucedido antes, a culpar a los calendarios”

Los peloteros profesionales no son esclavos, cumplen contratos que cuando finalizan les permiten después escoger, por las leyes de la oferta y demanda, el equipo que mejor retribuya sus calificaciones y tienen la posibilidad de elegir lo que consideran mejor para sus vidas, sin ningún dogma político detrás.

Sin embargo a ningún pelotero profesional le puede ocurrir lo que narró el lanzador Aquino Abreu al periódico Vanguardia, que muestra hasta qué punto los peloteros revolucionarios son esclavos del régimen que determina lo que pueden hacer o no.

Según Abreu un domingo posterior a sus dos no hit no rum propinados a Orientales y Occidentales, con menos de un mes de diferencia, pidió permiso al manager Asdrúbal Baró para que le permitiera irse luego de ese doble juego por sentir molestias en el codo del brazo derecho, petición que el manager aceptó. Pero vean el testimonio de Abreu tal y como se lo contó el 2 de diciembre del 2006 al periódico villaclareño Vanguardia.

“Me dirigí hacia el cuarto para recoger las cosas y marcharme. Enseguida entró detrás de mí Leonel García, el zurdo de Vueltas, y me dijo:

-“Oye, no te desvistas, que Fidel te está buscando.”

“Cuando salí encontré al Comandante en el pasillo, acompañado de Arnaldo Milián, el primer secretario del Partido en Las Villas en aquella época, quien era un entusiasta aficionado a la pelota”.

Fidel me dijo:

"-Vine a romperte el no hit no run. Cuando termine el segundo juego tú me vas a pitchear. No vayas a tener miedo de darme un pelotazo”.”

“Al principio le tiré flojo, pero él se percató, fue hasta el box y exclamó:

“-Me estás engañando, con eso tú no le das un no hit no run a nadie. Lanza fuerte, no tengas miedo.”

“Me puse de acuerdo con el receptor Jesús Oviedo y aumenté la velocidad de los envíos. La respuesta de Fidel no se hizo esperar: “Tú ves, ahora sí”

Durante su actuación como bateador, nuestro máximo dirigente conectó roletazo al campo corto, machucón a segunda, un fly de foul, y al quinto lanzamiento, disparó hit al jardín central.

Mostró su inconformidad con una bola pegada, que el árbitro Mario Cossío decretó strike y, con rolling a la inicial, finalizó su estancia en el cajón de bateo.

“Cuando terminó de batear—, me puso la mano en el hombro y en tono jocoso comentó:

-Ahora te puedes ir a bañar y a descansar, que ya te rompí el no hit no run-.”

En resumen, al dueño del país no le importó los dolores en el brazo de Aquino Abreu, y no solo le hizo lanzar duro, sino que fueron varios lanzamientos los que envió el adolorido jugador hasta que el narcisismo del supremo jefe se complació con un batazo de hit.

¿Cómo alguien podía ser mejor que él, que el máximo de todos los máximos?

Sería bueno preguntarle a un jugador de Grandes Ligas si un dueño de equipo o el propio presidente del país pueden obligarlo a que hagan una cosa así que puede afectar su salud.

Ahora, lo verdaderamente cierto, es que los peloteros revolucionarios de la Cuba castrista prefieren en la actualidad la esclavitud anunciada de las Grandes Ligas, que la libertad de las cadenas del socialismo castrista. En eso ya no hay dudas.

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