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Fidel Castro se murió de verdad


Fidel Castro (2-i), el gobernante Raúl Castro (i), y el de Venezuela, Nicolás Maduro (3-i) en La Habana por el aniversario 90 de Castro

LA HABANA─ A las doce de la noche nadie hablaba de la noticia del año en la populosa Calzada Diez de Octubre. Un grupo de borrachos bebía ron blanco en pequeñas cajas de cartón, jineteras baratas se prostituían en un pequeño parque de Santa Catalina, y justo frente a la Plaza Roja de la Víbora, cuatro travestis con tacones altos estaban a la caza de clientes.

Diez minutos después de que un desencajado Raúl Castro ofreciera la noticia por la televisión estatal de la muerte de su hermano Fidel, en las semioscuras calles de Diez de Octubre, uno de los municipios más poblados de la Isla, el suceso era apenas intrascendente.

Ni siquiera se notaba despliegue policial. Decenas de jóvenes subían por la empinada calle Patrocinio rumbo a la discoteca El Túnel, contigua al Parque de los Chivos a bailar reguetón y beber cerveza Cristal.

Y dos dependientes aburridas de un cafetín estatal en las inmediaciones del antiguo paradero de ómnibus de La Víbora hablaban de la novela de turno. La gente se enteraba de la noticia cuando usted se lo preguntaba.

Y la reacción era tranquila, sin drama. “¿Se murió Fidel de verdad? Es que lo han matado tantas veces”. Y la respuesta de los que ya sabían la noticia era de "ya vivió lo suficiente" o "algún día tenía que morirse".

Eduardo, chofer de la ruta P-10, que cubre el trayecto Víbora-Playa de Marianao, no cree que las cosas cambien demasiado tras la muerte de Fidel Castro. “El gobierno lo tiene todo bien amarrado. Puede que haya algunos cambios económicos, pero la gente de a pie, como siempre, no los veremos. El problema de Cuba no es solo Fidel Castro, es el grupo de compadres gobernantes, que no quieren abrir la puerta para que los cubanos hagamos dinero”.

Pasadas las ocho de la mañana del sábado 26 de noviembre, en la esquina de Acosta y Diez de Octubre, varias personas comentaban sobre el deceso de Castro y se aventuraban a pronosticar lo que podría venir.

Lidice, quien vende DVD piratas, cree que “con su muerte, Raúl tiene posibilidad de enterrar una etapa y las manos libres para emprender reformas económicas de verdad, no las curitas de mercurio cromo que estaba haciendo. De no hacerlo, el país se viene abajo. Si quiere seguir gobernando, tiene que dejar que prosperen los negocios”, señala.

Diego, informático, es más cauto. “Sería muy simple decir que los males de Cuba eran provocados por Fidel y que él era un freno a las reformas. El problema pasa por el sistema, que está agotado, y la pandilla de funcionarios corruptos que viven del mismo. El castrismo no va morir con Fidel. La mejor opción es marcharse, pa’ Miami, Madrid o Canadá, da igual, el asunto es irse de aquí pal’ carajo”.

A Denise, licenciada en historia, le preocupa el futuro del país tras la muerte de Castro I. “Cuando se acaben las pompas fúnebres, cuando la televisión haya agotado todos los materiales fílmicos exaltando a Fidel, entonces nos preguntaremos qué va a pasar en Cuba. Ya el país no aguanta una mentira más. La gente quiere cambios que se reflejen en sus vidas cotidianas. Fidel fue un tipo de personalidad arrolladora y ha dejado un vacío tremendo de liderazgo. ¿Tu no has visto que los actuales líderes no tienen un relato político que vender? Ni siquiera se expresan bien y no saben reír. Lo peor que le puede pasar a un político es no tener argumentos que brindarles a sus gobernados”.

Julio Aleaga, opositor al frente del proyecto Candidatos por el Cambio, que propugna insertar disidentes en los escasos espacios de participación ciudadana, considera que “la muerte de Fidel Castro, un tipo tan negativo, puede ser el catalizador de reformas profundas. El ala conservadora del poder ha perdido un símbolo de peso. Pero a mediano plazo los cambios son imparables”.

El fallecimiento de Fidel Castro ha pillado a contrapié a la disidencia. Es evidente que se encuentra descolocada. Sin una base popular e incapaz de convocar a más de un centenar de personas para una marcha pública, Victor Manuel Domínguez, periodista y escritor independiente, presiente que pueden venir tiempos muy duros para la oposición.

“El panorama mete miedo. Venezuela, la teta que nos regala el petróleo, abocada a una feroz crisis económica, política y social. El chavismo tiene fecha de caducidad. Cuba, con una crisis económica casi perpetua y un sistema que es un fracaso. La bomba demográfica que se nos viene encima con un tercio de la población mayor de 60 años es preocupante. La emigración, que promete duplicarse, en los últimos cuatro años ha provocado el éxodo de un cuarto de millón de cubanos y ahora la elección en Estados Unidos de un tipo impredecible como Donald Trump. El régimen ya consumió su tiempo político. No aprovechó la distensión ofrecida por Barack Obama. O Raúl Castro asume reformas económicas profundas o el país se hunde”, vaticina el periodista.

Victor Manuel también considera que la represión aumentará. “El régimen ha perdido su mayor emblema. Creo que se recrudecerán las golpizas a los opositores de barricada. Van a jugar al duro”.

Se abre un compás de espera para conocer si la desaparición física de Fidel Castro propiciará reformas de calado o provocará un mayor atrincheramiento entre el ala más conservadora de la autocracia verde olivo. Pero ésa es una historia pendiente de contar.

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