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Una de las características del castrismo en este medio siglo de existencia totalitaria sobre el destino del pueblo cubano es su capacidad para la metamorfosis, su franco mimetismo hacia el fascismo el cual tiene su máxima expresión con los denigrantes “mítines de repudio.”

Una de las características del castrismo en este medio siglo de existencia totalitaria sobre el destino del pueblo cubano es su capacidad para la metamorfosis, su franco mimetismo hacia el fascismo el cual tiene su máxima expresión con los denigrantes “mítines de repudio.”

El mitin de repudio es la versión cubana del pogromo o pogrom que históricamente surgió en 1881, cuando el zar Alejandro II fue asesinado en la ciudad de San Petersburgo y fueron responsabilizados los judíos a quienes se les aplicó una oleada de violencia.

Hitler y Stalin utilizaron estas formas represivas contra los judíos en las que mataban, golpeaban y destrozaban sus negocios y viviendas. Eso es comprensible porque al fin y al cabo no hay nada que se parezca más a un comunista que un fascista.

Y si no me creen vean que dijo Hitler sobre el régimen estalinista: “El pequeño burgués socialdemócrata y el dirigente sindical nunca será un nacional-socialista, pero el comunista sí… Es más lo que nos une que lo que nos separa del bolchevismo… Por encima de todo, poseemos el genuino espíritu revolucionario”.

Federico Engels, con la aprobación de Carlos Marx postulaba esta idea fascista en la respuesta a la obra de Bakunin, el “Llamamiento a los esclavos”: “La próxima guerra mundial hará que desaparezcan de la superficie de la tierra no solamente clases y dinastías reaccionarias, sino también pueblos reaccionarios enteros. También eso forma parte del progreso.”

La admiración de Fidel Castro a los lideres fascistas provienen de su propia formación juvenil cuando en el Colegio de Belén leyó con singular admiración el libro “Mi lucha” de Adolfo Hitler.

Según narró el sacerdote Armando Llorente, profesor y amigo de Fidel Castro en una entrevista el dictador cubano “estudiaba y leía mucho, con especial predilección libros sobre conquistadores españoles y escritos de los líderes del nazismo y el fascismo, como Hitler, Mussolini y José Antonio Primo de Rivera”, afirmo el prelado a un periódico hace algún tiempo.

Con todos estos elementos en su educación no es sorprendente que Fidel Castro estimulara y organizara los mítines de repudio luego del colosal golpe que le proporcionó a su ego la entrada masiva de cubanos a la embajada del Perú.

Esos años tumultuosos de 1980 revelaron a la opinión pública mundial la realidad de que el régimen no era un muro monolítico ideológico de apoyo a la revolución, como alardeaba la propaganda del régimen y esa verdad indiscutible encolerizó al inestable jefe de la revolución, quien inició una serie de editoriales candentes en Granma donde azuzaba a la población contra las personas que no apoyaban al credo revolucionario y querían marcharse del país.

Todo comenzó con una consigna lanzada en la portada de Granma con grandes titulares: ''Ahora entrará en acción el pueblo''. Era evidente que ese llamado compulsaba a los seguidores a realizar acciones, sobre todo con un texto inflamado que significaba que mientras los contrarrevolucionarios penetraban la embajada peruana, el resto de la población se mostraba apática, y denunciaba que ''los revolucionarios habían perdido el control de la calle”.

Ahí comenzaron los pogromos castristas con la diferencia de que suplantaron a los opositores por judíos y a falta de camisas pardas utilizaron en un principio a los comités de defensa de la revolución para vejar, sitiar, lanzar huevos, gritar y humillar a quienes prefirieron salir de la Cuba castrista.

Entre todas las páginas denigrantes que escribió el castrismo en estos 50 años no hay dudas que estos mítines de repudio son una de las peores, sobre todo, porque manipula a la población y enfrenta a hermanos contra hermanos.

El escarnio público que los grupos de respuesta rápida, por cierto también imitación del sistema hitleriano llamadas “Einsatzgruppen”, fuerzas de “apoyo” contra los “enemigos del Reich”, realizan hacia los opositores y disidentes en general muestra dos elementos imposibles de soslayar: Uno que el neo castrismo de Raúl es tan implacable como el de su hermano.

¿Se avecinan juicios sumarios y más encarcelamientos contra los opositores o es la amenaza constante a través del “pueblo organizado” los instrumentos de este ataque?

Quién sabe, pero no hay dudas que el castrismo se prepara para atacar a sus enemigos. Los grupos de odio que levantan para sitiar a los opositores y descalificarlos de manera pública son una prueba contundente y reafirman aquellos viejos principios del comunismo de la Unión Soviética de exclusión y represión contra los opositores.

La máxima del comunismo estalinista, y el cual por supuesto copió el castrismo, se encuentra en este párrafo de la revista “Severnaya Comuna” en 1918 del quien fuera miembro importante del partido bolchevique, Gregori Zinoviev.

“Para deshacernos de nuestros enemigos, debemos tener nuestro propio terror socialista. Debemos atraer a nuestro lado digamos a noventa de los cien millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados”

Todos debemos denunciar por blogs, mensajes, correos, a viva voz, por cartas, las maniobras de esta dictadura contra los ciudadanos que tienen otra manera de pensar dentro de Cuba.

Debemos revelar que la isla vive dentro de un fascismo corriente donde “los otros pueden ser aniquilados” como aseguró Zinoviev, sin embargo esos otros son nuestros hermanos, son cubanos que resisten de manera heroica los desmanes del totalitarismo castrista, esa mezcla de fascismo con comunismo a los caribeño que implantaron los hermanos Castro.

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