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Las FARC y la impunidad


Archivo - Cientos de personas participan en Bogotá (Colombia), en una manifestación para expresar la solidaridad con el Gobierno y pueblo de Colombia por el rescate de los rehenes de las FARC y con las personas que aún están en poder de esta guerrilla.

Las Farc son una fuerza real por eso el estado está en conversaciones, pero es imposible considerar que estos y otros crímenes queden impunes.

Uno de los objetivos fundamentales para cualquier gobernante, en caso de que su país enfrente un proceso de violencia doméstica, es la búsqueda de la paz, un reto que enfrenta el presidente Juan Manuel Santos, porque Colombia hace décadas está inmersa en una crisis estructural en la que varios factores de la sociedad, han recurrido a la violencia para acceder al poder o para simple y llanamente enriquecerse, sin que tenga que mediar el trabajo y el talento.

Antes del Bogotazo, abril de 1948, el país había sufrido periodos de violencia como cualquier otro del continente, pero el desarrollo posterior de los sucesos condujo a la nación a una crisis en las que las guerrillas marxistas, paramilitares de extrema derecha y narcotraficantes, estuvieron a punto de constituirse en un estado independiente dentro del estado nacional.

Todas las partes involucradas en el conflicto recurrieron a la violencia extrema, en particular contra personas ajenas al conflicto. Los narcotraficantes cometieron numerosos crímenes, aterrorizaron el país y facilitaron un proceso de corrupción que minó las bases políticas de la nación. Los paramilitares no se quedaron atrás. Fundados para enfrentar el marxismo, de hecho una aberración por la incapacidad del estado para enfrentar la desestabilización, incurrieron en numerosos crímenes, practicaron el terrorismo y se involucraron en el tráfico de drogas.

Las guerrillas, particularmente las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, el más poderoso grupo irregular que ha existido en el país, son factores independientes a los anteriores, aunque con un prontuario tan criminal como los grupos previamente reseñados. Las FARC como el resto de sus pares insurgentes, en su mayoría neutralizados a excepción el Ejército de Liberación Nacional, justificaron su actuar fuera de la ley y la violencia que practicaban, en el compromiso de constituir una sociedad más justa e igualitaria.

La sangrienta historia colombiana incentiva a buscar la paz. Brindar seguridad y tranquilidad a todos los colombianos, junto a la estabilidad política, una de cuyas principales consecuencias es el incremento de la inversión nacional y extranjera, lo que redunda en el progreso económico, una mejor imagen internacional y mayor influencia del país en el exterior.

Pero tratar con las FARC implica un alto riesgo, porque sus comandantes han manipulado a su conveniencia todos los procesos de dialogo que han sostenido con diferentes gobiernos, pero aun así el presidente Santos, que conoce a fondo la realidad de su país, determinó negociar con las FARC y en La Habana, donde rige un gobierno aliado del grupo narco-guerrillero-terrorista, que debe estar espiando a los delegados del gobierno, e informando a sus cofrades de las FARC lo que estos han de tratar en privado.

Pero independiente a las conversaciones de Paz, hay hechos que llaman dramáticamente la atención, y es que las FARC, aunque en sus orígenes delinquió contra el estado por usar la violencia en su contra, en el transcurso de los años devino en una organización criminal y terroristas que violaba los derechos humanos, en particular el más sagrado de todos, el derecho a la vida.

Entre los crímenes más notable de la FARC, hay que anotar los asesinatos de seis niños en Algeciras que fungían como patrulleros de la policía cívica juvenil, en el 2000 en negociaciones para buscar la paz, mataron al senador Diego Turbay, Presidente de la Comisión de Paz, a su madre y otros cinco acompañantes, en Choco, la Masacre de Bojaya, en la que perdieron la vida más de cien personas cuando las FARC atacaron el poblado con cilindros de gas transformado en bombas artesanales, el coche bomba de "El Nogal" en Bogotá, donde fallecieron cerca de cuarenta personas y para concluir esta trágica lista, aunque en realidad supera la imaginación el número de los diferentes crímenes cometidos por las FARC, el rapto y posterior asesinato de once diputados del Valle del Cauca. Solo uno de los diputados sobrevivió.

El secuestro ha sido otra práctica de las FARC. Retener a cientos de personas contra su voluntad. Demandar rescate o exigir canjear a los individuos que tiene como rehenes. Por último la vinculación de las FARC con el narcotráfico se inició en la década del 80 pero se fue fortaleciendo según los Carteles de Cali y Medellín fueron desarticulados, al extremo que según informaciones recientes los herederos de "Tirofijo" producen en Colombia el 50 por ciento de los estupefacientes y distribuyen el 60 por ciento del mismo.

La conclusión es difícil. Es necesaria la paz. Lograrla demanda concesiones de las partes. Las Farc son una fuerza real por eso el estado está en conversaciones, pero es imposible considerar que estos y otros crímenes queden impunes.

¿Es aceptable que los líderes de las FARC, se puedan transformarse en personalidades políticas legítimas que compitan libremente como ciudadanos que han respetado la ley, los bienes y las vidas de los otros?
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    Pedro Corzo

    Pedro Corzo, Santa Clara, 1943. Trabaja en Radio Martí desde 1998. Conferencista y escritor. Residió en Venezuela durante doce años y colaboró allí en varios medios de información.

    Es presentador del programa Opiniones de WLRN, Canal 17 y columnista de El Nuevo Herald. Ha producido varios documentales históricos entre ellos Zapata, Boitel y Los Sin Derechos.

    Entre sus libros se cuentan Cuba, Cronología, Perfiles del Poder, La Porfía de la Razón, Guevara Anatomía de un Mito,  Cuba, Desplazados y Pueblos Cautivos y El Espionaje Cubano en Estados Unidos. 

    En mayo del 2017 recibió la Medalla de la Libertad que otorga el gobernador del estado de la Florida.

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