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Diarios, televisión y Harley-Davidson para las FARC


El integrante del equipo negociador de las FARC, Seuxis Paucias Hernández Solarte (frente), alias "Jesús Santrich", hace una declaración a la prensa hoy, martes 30 de abril de 2013.

Así que si quieren diarios, revistas teóricas, canales de televisión y, lo peor, medidas excepcionales y transitorias de participación política

Hace unos días, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que antes se hacían llamar FARC-EP (Ejército del Pueblo), pero que ya no lo ponen tal vez porque de pueblo les queda cada día menos, exigieron en La Habana, como parte de sus propuestas de paz, financiación estatal para contar con medios de comunicación: periódico, revista, una emisora de radio y un canal de televisión.

En su intención de tener medios de comunicación, las FARC plantean el “acceso a la propiedad y a la participación en los medios públicos estatales incluida su programación”. La petición la leyó ante los medios de comunicación de la Isla (estatales, ¿hay que recordarlo?) el número dos de las FARC, Iván Márquez, alias de Luciano Marín Arango.

Mirándolo bien, es poco lo que quieren las FARC. Un diario impreso, una revista teórica y de análisis político y un canal de televisión con cobertura nacional. Además, las FARC plantean la creación de un Consejo Nacional de Medios de Comunicación donde piden tener participación directa.

Lo único que le ha faltado pedir a Iván Márquez es una Harley-Davidson, como en la que apareció montado hace unos meses, con un auto al fondo en cuya placa se apreciaban las últimas letras de Carabobo, razón por la cual se conjeturó que había sido tomada en Venezuela.

Harley-Davidson para todos los guerrilleros desmovilizados. Camionetas blindadas con las que puedan seguir depredando las selvas colombianas y aplastando, a su paso, a insectos, reptiles y marsupiales. Contaminando los ríos primarios por los que se mueven, mientras lavan las camionetas y las Harley, dejando una estela de diesel como marca indeleble de su afán devastador.

La petición de Márquez resulta tan insólita, de un cinismo tal que la única manera posible de tomarla es en broma. Pero ni Márquez ni la organización que él representa producen risa, sino una mueca de dolor. Son una muestra más de las tomaduras de pelo a las que Márquez y sus coidearios están acostumbrados desde los tiempos en que vivía el viejo Marulanda (el jefe máximo de las FARC) y al que, como es bien sabido, nunca le interesó la paz sino sólo periodos de tregua en los que poder fortalecerse y tomar un segundo aire.

Pero pensándolo bien, la petición de las FARC no es tan descabellada. Sólo que se la están pidiendo al gobierno equivocado, a uno democrático como el de Juan Manuel Santos y no a uno que va camino de la autarquía, como el de Rafael Correa, en Ecuador.
Pedirle al gobierno colombiano que facilite la creación de un Consejo Nacional de Medios de Comunicación es un completo despropósito, pero podría formulársela al de Correa que, en la nueva Ley Mordaza, dejó establecido uno llamado Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación. ¡Lindo y pomposo nombre!, para un ente que ya cuenta con el antecedente de uno anterior que consideró a Los Simpson una serie ofensiva y casi-casi la prohíbe.

Iván Márquez no sólo podría integrar este Consejo (el de Ecuador), sino llamar a Jean-Guy-Allard (colaborador canadiense de Rebelión), y a Edmundo García (el de La tarde se mueve, en Miami), para que sean sus principales asesores en materia de comunicación.

Hay que pedirle a las FARC que sean un poco más serias. Desde que en 1999, en la Plaza Los Fundadores de San Vicente del Caguán, el desaparecido guerrillero Manuel Marulanda Vélez, ‘Tirofijo’ incumplió la cita que tenía con el entonces presidente de la República, Andrés Pastrana Arango, para dar inicio al proceso de diálogo y negociación con las Farc, nos hemos acostumbrado a las “vaciladitas” de las FARC. La foto de Pastrana sentado y a su lado, una silla vacía, hablan de forma muy clara de lo que entienden las FARC por “proceso de paz”.

Así que si quieren diarios, revistas teóricas, canales de televisión y, lo peor, medidas excepcionales y transitorias de participación política, como la eliminación permanente de cualquier “prohibición o impedimento” para el acceso de los guerrilleros al poder legislativo y la asignación directa de un número de escaños en las instancias parlamentarias, tienen que ganárselo. Y empezar primero por dar la cara. No desde el cómodo escondite cerca de El Laguito, que tienen en Cuba, sino ante los medios de comunicación de su país ante los que deben responder por tantos crímenes a lo largo de todos estos años.

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