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Falleció Xiomara Alfaro, leyenda de la canción cubana


Xiomara Alfaro.

La cantante Xiomara Alfaro, una figura que marcó la música popular cubana del siglo XX, falleció en Cape Coral, Florida, a los 88 años, a consecuencia de un aneurisma cerebral.

Alfaro murió este domingo a las 12:15 de la medianoche en una instalación hospitalaria, donde fue internada semanas atrás tras sufrir el traumatismo cerebrovascular, según confirmó su esposo, el pianista panameño Rafael Benítez.

"Recordaré a Xiomara siempre... Xiomara está en cada momento, en cada detalle de mi vida", dijo Benítez en declaraciones a Martí Noticias. "Vivir sin ella va a ser muy difícil, pues fuimos dos personas en entrega total". La pareja estuvo casada por 54 años.

Intérprete con un estilo muy peculiar en la canción romántica, dueña de una voz de soprano y un dominio escénico que le ganaron los calificativos de “El Ruiseñor de la Canción”, "La Alondra de la Canción" y “La Inimitable”, Alfaro hizo historia como solista en los principales escenarios de Cuba y América Latina en la década de los años 50. Como sus contemporáneas Olga Guillot y Celia Cruz, tomó temprano el camino del exilio y nunca retornó a la isla.

Una voz inigualable

Alfaro nació el 11 de mayo de 1930 en el seno de una familia humilde de la barriada de Marianao, en La Habana. Tras presentarse con éxito en una audición en Radio Cadena Suaritos, en El Vedado, la joven fue escogida por el compositor Obdulio Morales para un espectáculo musical en el Teatro Martí.

Bajo la tutela de Morales, la Cadena Suaritos logró difundir un programa de cantos rituales yorubas y lucumíes, primero de su tipo en la radio cubana y plataforma que sirvió para lanzar a figuras de la talla de Alfaro, Merceditas Valdés, Celia Cruz y Felipe Gil Alfonso.

Por esa época Alfaro comenzó a participar en revistas musicales y en espectáculos en los principales cabarets de La Habana: Tropicana, Montmatre y Sans Souci. Actuó también en la radio y la naciente televisión cubana.

Fue así que impuso un estilo que cautivó a sus compatriotas y deslumbrٕó al público en múltiples plazas del mundo, combinando en la interpretación sus sorprendentes registros agudos con el gracejo de lo popular.

En 1952, su desempeño en la revista Bondelle, en el escenario del Sans-Souci, llamó la atenciٕón de la bailarina norteamericana Katheryn Dunham, quien la contrató para llevarla a Estados Unidos. Con la compañía de Dunham visitó Italia y participó allí en la película Mambo (1954), junto a Silvana Mangano y Vittorio Gassman, bajo la dirección de Robert Rossen.

Música y cine

Recorrió Europa y Suramérica, y volvió al cine en 1956, como parte del elenco de la película mexicana Yambaó (1956), de Alfredo Crevenna, con las cubanas Ninón Sevilla y Olga Guillot; y de Olé Cuba (1957), una comedia de Manuel de la Pedrosa con Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar.

Su carrera como solista se inició en Buenos Aires, en 1956, ganando popularidad con canciones en italiano como “Luna rosa” y “Anema e core”.

En 1957, regresó a Cuba con aires de gran estrella internacional y grabó para la RCA Víctor, con la colaboración del pianista Bebo Valdés y las orquestas de Chico O’Farrill y Ernesto Duarte.

Su interpretación de “Siboney”, de Ernesto Lecuona, resultó uno de los éxitos más populares de Alfaro y era la versión que más gustaba al autor.

La versatilidad de la cantante resultaba sorprendente. Alfaro cantó en seis idiomas y podía moverse con destreza de un bolero a un mambo, de un pregón cubano a un canto napolitano, de un vals peruano a un joropo venezolano. De "El Manisero" a "Malagueño".

A partir de 1958, Alfaro regresó a los escenarios de Europa. Tras cumplir una temporada en Tropicana, salió de gira rumbo a Portugal y nunca retornó a Cuba.

Recordar es vivir

"Fue en esa gira cuando nos conocimos", recordó Benítez, quien fue su arreglista y pianista acompañante. "Era una mujer de una belleza imponente y desde que la ví no dejó de gustarme".

Alfaro vivió por cinco años en París, con presentaciones en el Moulin Rouge, y luego se radicó en Estados Unidos.

Su discografía comprende una treintena de títulos, entre ellos, "Besos en mis sueños", "Recordar es vivir" (con la Orquesta de Rafael Benítez), "Siboney" (con las orquestas de Ernesto Duarte y Chico O'Farrill), "No puedo ser feliz", "Lamento borincano" (con las orquestas de Bebo Valdés y Adolfo Guzmán), "Recuerdos de Cuba", "Todo para recordar" y "Cuando vuelva a tu lado".

Alfaro nunca se retiró de los escenarios. Con frecuencia se presentaba en espectáculos en Miami y mantuvo sus cualidades vocales hasta el final.

"Tuvo su voz intacta hasta el final. Fue una artista que se cuidaba mucho, no fumó, no bebía alcohol, dormía las horas que hay que dormir, y esa es la clave para permanecer en el canto", comentó Benítez.

Según informó su esposo, los restos de Alfaro serán cremados y las cenizas conservadas para algún día depositarlas en Cuba. La pareja no tuvo hijos.

Una misa de recordación se efectuará el lunes 2 de julio, a las 8 p.m., en la Ermita de La Caridad, en Coconut Grove.

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