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Venezuela, Trump y la recesión complican el último año de Castro en el poder


Raúl Castro y el primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel en la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en La Habana (Cuba).

En un contexto de bajo crecimiento mundial, Cuba enfrenta sus propios obstáculos: el pago de una deuda externa renegociada, la incertidumbre política en Venezuela, la caída de los precios y de la producción de azúcar y níquel, y la lenta reforma a favor del trabajo privado y la inversión extranjera.

La economía cubana entró en números rojos después de 23 años y pocos esperan que el panorama mejore en 2017. La crisis en Venezuela y Donald Trump pueden amargar todavía más el último año de Raúl Castro al frente del gobierno.

En pleno acercamiento con Estados Unidos, pero sin el soporte venezolano de antaño, la isla registró una contracción del PIB del 0,9% en 2016 frente al crecimiento de 4,4% de 2015.

Esto nos "nos sitúa en un escenario que no podrá revertirse en el corto plazo" y que estará "caracterizado por fuertes restricciones", admitió el ministro de Economía Ricardo Cabrisas.

Una perspectiva nada halagadora para el octogenario Raúl Castro, que dejará el poder en 2018. Con su salida, más allá de queseguirá influyendo como máximo dirigente del Partido Comunista de Cuba, se cerrará la era de los Castro.

Su hermano Fidel, padre de la Revolución cubana, falleció en noviembre a los 90 años tras haber dejado el poder en 2006. Nadie sabe a ciencia cierta a quién apadrinará Raúl Castro como sucesor.

"El último año de la presidencia de Raúl Castro será uno de los más difíciles para la política económica bajo su mando", señaló a la AFP el economista cubano Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana de Colombia.

En un contexto de bajo crecimiento mundial, Cuba enfrenta sus propios obstáculos: el pago de una deuda externa renegociada, la incertidumbre política en Venezuela, la caída de los precios y de la producción de azúcar y níquel, y la lenta reforma a favor del trabajo privado y la inversión extranjera.

"En esta ecuación compleja se suman las incertidumbres en cuanto a la política que seguirá la administración Trump" a partir del 20 enero, comentó Vidal.

Trump podría frenar o revertir los avances que desde 2014 han dado los otrora adversarios de la Guerra Fría, lo que afectaría no solo la diplomacia, sino jugosas oportunidades de negocios concentradas por ahora en el turismo.

El gobierno estima que el PIB crecerá 2% en 2017. Las esperanzas oficiales se cifran en que "mejore la situación de la economía venezolana tras los últimos aumentos del precio del barril de petróleo", señala Vidal.

Este año Venezuela, que enfrenta una explosiva crisis política y económica, redujo las entregas de crudo, de unos 100.000 barriles diarios con facilidades de pago, lo que obligó a Cuba a fuertes restricciones en el consumo energético.

Al mismo tiempo la isla dejó de recibir importantes recursos por los servicios médicos que le ofrece a su aliado.

Para algunos analistas es poco probable los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), entre ellos Venezuela, cumplan el acuerdo de recortar la producción, lo que en teoría permitiría una recuperación de los precios.

"Dudo que (ese acuerdo) sea una realidad", dijo a la AFP Jorge Piñon, experto petrolero cubano de la Universidad de Austin Texas, pues las ventas de crudo representan el 70% de los ingresos de los miembros del cartel.

Sostuvo que atar la recuperación cubana al alza del petróleo venezolano es como "jugar a la ruleta rusa".

Según Piñon, el gran beneficiario de precios estables y superiores al actual (53 dólares el barril) sería Estados Unidos, y no los países emergentes.

"Y con (Rick)Perry como Secretario de Energía, (Rex) Tillerson como secretario de Estado y Trump presidente, vas a ver como todas las restricciones y obstáculos a incrementar la exploración y producción de hidrocarburos (en Estados Unidos) serán eliminadas".

Cuba también apuesta a un mayor flujo de capital extranjero. Pero la burocracia ha impedido que alcance la meta de 2.500 millones de dólares anuales en inversión foránea.

Incluso Raúl Castro reconoció su frustración. "No estamos satisfechos en esta esfera", dijo el martes, y llamó a desterrar los prejuicios que han provocado "dilaciones excesivas del proceso negociador" de inversiones.

Pese a que las dificultades parecen acumularse, Castro fue enfático: "no vamos ni iremos al capitalismo, eso está totalmente descartado".

De ahí que la reactivación económica dependa en buena parte del ritmo que tomen los cambios económicos que impulsa el gobierno para oxigenar el modelo de corte soviético.

Pero para expertos cubanos como el economista Carmelo Mesa-Lago, catedrático emérito dela Universidad de Pittsburgh, las reformas están estancadas y "en algunos casos" se evidencia un "retroceso", enmarcado en la desconfianza de los máximos dirigentes frente a una mayor apertura.

[Despacho de la agencia France Press]

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