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Espía de Israel Jonathan Pollard, liberado por EEUU bajo palabra


El ex analista de la Armada de EE.UU. y espía de Israel Jonathan Pollard.

El ex analista de la Armada estadounidense, de origen judío, cumplió 30 años de su cadena perpetua por vender a Israel secretos sobre sus enemigos árabes... y otros.

Jonathan Pollard, un ex analista de la Armada estadounidense que entregó a Israel secretos sobre sus enemigos y fue condenado a cadena perpetua, salió en libertad bajo palabra este viernes, poniendo fin a un caso de espionaje que trastornó las relaciones entre Estados Unidos e Israel durante tres décadas y que fue periódicamente una ficha de negociación entre los dos aliados.

Pollard partió al amanecer de la prisión federal en Butner, Carolina del Norte, en medio de una niebla espesa. Larry Dub, uno de sus abogados, dijo a la radio del ejército israelí que se dirigía a Nueva York.

Horas después de su liberación, los abogados de Pollard presentaron un recurso contra las condiciones de su libertad bajo palabra, a las que calificaron de "penosas y opresivas" y que incluyen el uso de una tobillera electrónica, el monitoreo de cualquier computadora de uso personal o laboral y la prohibición de salir de Estados Unidos durante cinco años.

Pollard cumplió casi exactamente 30 años de cárcel por proveer grandes cantidades de información secreta estadounidense a Israel.

"El pueblo de Israel felicita a Jonathan Pollard por su liberación", dijo el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un comunicado. "He hablado del caso de Jonathan con sucesivos presidentes estadounidenses y durante largo tiempo he esperado este día", dijo el premier, y pidió que se le permita viajar a Israel ahora.

Durante año y medio, hasta que fuera detenido en noviembre de 1985 a las puertas de la embajada de Israel, que se negó a darle asilo, Pollard, de ascendencia judía, interactuó con altos oficiales de inteligencia israelíes y les entregó varias maletas con documentos clasificados,

Estos contenían información sobre los adversarios árabes de Israel y el apoyo militar que recibían de la Unión Soviética, pero también, según fuentes estadounidenses, secretos que no tenían que ver con la seguridad del Estado judío.

Pollard no fue uno de los llamados agentes por convicción, ya que recibió de Israel generosos pagos y prebendas por su labor.

Su liberación pone fin a una de las historias de espionaje de mayor repercusión en la historia moderna de Estados Unidos, un caso que dividió a la opinión pública y afectó las relaciones diplomáticas. Los partidarios de Pollard sostienen que sufrió un castigo excesivo por acciones en beneficio de un país aliado, mientras que sus detractores lo consideran un traidor a su patria.

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