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En la máquina del tiempo


La Habana Vieja.

Ningún aviso o anuncio público recuerda a los viandantes que hoy se conmemora el décimo quinto aniversario de la reapertura de las embajadas de Cuba y Estados Unidos

La capital cubana despertó hoy con la modorra típica de un nuevo amanecer en el trópico, chancleteando distraída por la plazuela que evoca los fantasmas de la Loma del Angel, sumida en un letargo del que intenta salir pero no puede, porque su involución orgánica la ha hecho insensible al espacio y al tiempo.

Ningún aviso o anuncio público recuerda a los viandantes que hoy se conmemora el décimo quinto aniversario de la reapertura de las embajadas de Cuba y Estados Unidos, histórica fecha que a pesar de los años transcurridos todavía se mece en la balanza pública entre la infamia y el acierto.

Un pequeño recuadro en las páginas interiores del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, "fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado" (como todavía lo define la Constitución vigente), da cuenta de una ceremonia privada que se llevará a cabo en la misión diplomática norteamericana a las doce del día.

Fuentes de entero crédito nos han informado que además de diplomáticos y altos funcionarios de ambos gobiernos, este año la ceremonia contará con la presencia de un pequeño grupo de veteranos del exilio histórico que habían jurado no viajar al país hasta que desaparecieran los cabecillas del régimen, como en su día visitaron España La Pasionaria y Santiago Carrillo luego del fallecimiento de Francisco Franco.

La autorización para que estos viejos insurrectos ingresaran al país, aunque discreta, es prueba fehaciente de la creciente distensión entre el oficialismo y la disidencia dentro y fuera de la isla tras la desaparición de Fidel y Raúl Castro, abatidos finalmente por el peso de los años y las enfermedades.

Alivio histórico, sin duda, para una sociedad subyugada desde la cuna hasta la tumba, pero muy lejos aún de las condiciones indispensables para asimilar las claves de la convivencia democrática. Sin embargo, todo es posible en la máquina del tiempo, aunque algunas cosas son más posibles que otras.

El régimen cubano de partido único, por ejemplo, continúa prohibiendo la organización de partidos políticos independientes, pero en los últimos años ha permitido el ingreso de algunos líderes de la oposición a la Asamblea Nacional del Poder Popular, diputados disidentes sin agrupación política que se diluyen dentro de la aplastante masa oficialista.

Washington, sin embargo, no cesa de estimular el tránsito de Cuba a la modernidad, aun cuando gran parte del subsidio que presta a la isla termina en el bolsillo de los nuevos dirigentes capitalistas, herederos de la cúpula gobernante que se embolsilló el subsidio soviético y venezolano en aras del socialismo.

A pesar de todo, fuentes de entero crédito aseguran que hay negociaciones en marcha para una integración semejante al modelo ideado por Luis Muñoz Marín en Puerto Rico, pero con ventajas políticas excepcionales promovidas por hombres de negocios cubanos que hicieron fortuna en el exilio y ahora tienen inversiones en Cuba.

Por el momento, los medios de producción siguen en poder del Estado, pero el interés mutuo va dejando atrás las supersticiones políticas y económicas. Con ayuda de las remesas que llegan del exterior equivalentes, según algunos economistas, a la mitad del presupuesto nacional, se nota una notable mejoría en las condiciones de vida de la población, limitada todavía a negocios y oficios de menor cuantía pero independiente del Estado.

Inspirado en el Camino de Santiago, por ejemplo, un cubano emprendedor ha creado el Camino de Guillermito, un recorrido por el falansterio de Zulueta 408, cenit de las peripecias del escritor Guillermo Cabrera Infante, ruta turística que goza de la preferencia de los visitantes extranjeros en comparación con un recorrido similar dedicado a Ernest Hemingway.

Así transcurre la vida capitalina en este décimo quinto aniversario de la reapertura de embajadas en Cuba y Estados Unidos, veleidades de la historia en sus perennes contradicciones de la experiencia.

Cuando esta conmemoración haya terminado y la noche caiga sobre La Habana, tal vez con un poco de imaginación uno pueda percibir las sombras de Don Miguel Tacón, los negros curros del manglar y hasta Buenaventura Durruti deambulando por las calles desiertas de la capital.

Excelente ocasión para evocar la sabia advertencia del poeta al cronista de un tiempo que ya no le pertenece: Y te sabrá a cenizas lo mucho que has vivido cuando pasen cien años y todo siga igual.

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