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Evo, el Papa y los regalos


Evo Morales entrega al papa Francisco un crucifijo con el símbolo internacional de los comunistas.

Mi abuela siempre decía: "Los zapatos se venden en pares de a iguales y no por eso son homosexuales".

El miércoles 8 de julio una imagen recorrió el planeta, provocó críticas y algunos medios noticiosos le dieron especial trascendencia; imputar a un objeto. Me refiero a la cruz formada por una hoz y un martillo que, como parte de las reglas de protocolo, recibiera el Santo Padre en el Palacio Quemado, sede de Gobierno en La Paz, de manos del mandatario Evo Morales.

¿De verdad puede alguien imaginar que el Presidente boliviano cometió un acto de premeditado irrespeto para con Su Santidad y la comunidad católica?

Mi abuela siempre decía: "Los zapatos se venden en pares de a iguales y no por eso son homosexuales". Así aprendí a no pensar en bloque, a no meditar con clichés y a no mirar el acontecer a través del lente partidista que, por regla general, sólo nos permite observar aquello que, además, nos imponen como "obvio".

El Presidente boliviano, hombre que inspira a internautas y comunicadores, por sus frases disparatadas y no por sagacidad, es incapaz de ejecutar un acto de tal agudeza. El intercambio de obsequios se realizó luego de una reunión privada que celebraron ambos Jefes de Estado durante casi media hora.

Morales, además de su autobiografía, le entregó al Sumo Pontífice el Libro del mar (documento con argumentos históricos, diplomáticos y jurídicos usados para reclamar a Chile la salida al mar); un cuadro a la Virgen del Socavón, patrona de los mineros; una vestimenta adornada con motivos andinos; la máxima condecoración de Bolivia, el Cóndor de los Andes; la distinción Luis Espinal (creada para reconocer a quien profese una fe religiosa y se destaque por defender a los pobres, los marginados y los enfermos); y el Cristo tallado sobre la hoz y el martillo; una reproducción de la que hizo el sacerdote jesuita español Espinal, a quien, horas antes de la reunión con el mandatario Morales, el papa Francisco dedicó homenaje en oración, cerca del lugar donde hallaron su cadáver.

Si observamos bien la polémica cruz, veremos que el símbolo comunista está al revés. Y si no creo en las casualidades de ningún tipo, mucho menos en la confusión de un sacerdote jesuita. Lo cierto es que, mirándolo en contexto, de los regalos al pontífice, el único que me pareció algo descolocado –aunque sin restarle importancia atractiva por su segura simpatía y sobrada comicidad– fue la autobiografía de Evo. Un hombre que ha demostrado un trastornado y poco común concepto propio, con una inusitada instrucción al decir frases como "Estaremos mejor que Suiza en diez o veinte años"; "En países como Puerto Rico y Cuba los indígenas prefirieron el auto suicidio antes que ser esclavos de los españoles"; y "El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres".

Sutileza fue la del papa Francisco que antes de partir de Bolivia, y durante la misa celebrada en la capilla de la residencia privada del arzobispo emérito de Santa Cruz de la Sierra, cardenal Julio Terrazas, dejó al custodio de la Virgen de Copacabana toda la orfebrería que, como condecoración, recibiera del mandatario Evo Morales y dijo:

Madre del Salvador y Madre nuestra, tú, Reina de Bolivia, desde la altura de tu Santuario en Copacabana atiendes a las súplicas y a las necesidades de tus hijos, especialmente de los más pobres y abandonados, y los proteges.

Recibe como obsequio del corazón de Bolivia y de mi afecto filial los símbolos del cariño y de la cercanía que –en nombre del Pueblo boliviano– me ha entregado con afecto cordial y generoso el señor presidente Evo Morales Ayma, en ocasión de este viaje apostólico, que he confiado a tu solícita intercesión.

Te ruego que estos reconocimientos, que dejo aquí en Bolivia a tus pies, y que recuerdan la nobleza del vuelo del Cóndor en los cielos de los Andes y el conmemorado sacrificio del Padre Luis Espinal, S.I. sean emblemas del amor perenne y de la perseverante gratitud del pueblo boliviano a tu solícita y fuerte ternura.

En este momento pongo en tu corazón mis oraciones por todas las peticiones de tus hijos, que he recibido en estos días, Santa Madre: te suplico que les escuches.

Concede a ellos tu aliento y tu protección, y manifiesta a toda Bolivia tu ternura de mujer y madre de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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