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Un fraude anunciado


Nicolás Maduro (c), recibe la banda presidencial de manos del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello (d), y de la hija del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, María Gabriela Chávez (i).

La prudencia del candidato opositor evitó sin duda actos de violencia pero aceptó irrevocablemente el desenlace.

La premura con que la presidenta del Consejo Nacional Electoral venezolano (CNE), Tibisay Lucena, proclamó presidente electo de Venezuela a Nicolás Maduro, lejos de atenuar las sospechas de fraude las incrementa.

En cualquier sociedad democrática, con sistema judicial independiente, se hubiese suspendido la proclamación a la espera de una auditoría de los votos.

Ahora parece obvio que había que apelar al hecho consumado con el fin de paralizar la oposición política y la protesta externa. En otras circunstancias aquella era una maniobra muy riesgosa pero en este caso Maduro contaba con el respaldo del CELAC, La OEA y el MERCOSUR, aplastante mayoría regional que reduciría a Estados Unidos a una pálida queja. La derrota del candidato opositor Henrique Capriles no admitiría discusión alguna.

En pleno control del Consejo Nacional Electoral, la Corte Suprema de Justicia y las Fuerzas Armadas, al presidente electo Nicolás Maduro le bastó anunciar que no permitiría una manifestación de protesta organizada por la oposición para pedir un recuento total de los votos, amenaza que Capriles tomó muy en serio y canceló la marcha. La prudencia del candidato opositor evitó sin duda actos de violencia pero aceptó irrevocablemente el desenlace.

La maniobra electoral concluyó al fin con la toma de posesión de Maduro como presidente de Venezuela con la asistencia de los mandatarios que respaldan de facto al nuevo Don de la Cosa Nostra regional. Consagrado ya junto al gobernante Raúl Castro, la Comisión Nacional Electoral accedió complacida a realizar la auditoría que había solicitado la oposición, pero no sin antes aclarar que el recuento de los votos "de ninguna manera revertirá la victoria de Nicolás Maduro".

En otras palabras, ustedes, los que se opusieron al chavismo, son los perdedores.
¿Qué cómo fue, señora? Como son las cosas cuando hay una estafa. Hace trece años que se veía venir. El era un bufón, simpático, parlanchín, carismático y golpista con los bolsillos repletos de dinero representado por un personaje digno de la Sicilia de principios del Siglo XX, dueño y señor de vidas y haciendas. Ambos pueblos, no hay que decir sus nombres, le abrieron las puertas de sus casas a tan distinguidos invitados.

¿Qué sucederá ahora? Nada. Seguirá el pataleo, la protesta cívica, algunos jóvenes se inmolarán, otros irán a prisión y buena parte de la clase media abandonará el país. Al final, una cancillería tras otra aceptará, con gesto desdeñoso, la permanencia en el poder de gente que según un taimado escritor está condenada a cien años de soledad. La misma gente que a juicio de Simón Bolívar es ingobernable para nosotros.

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