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El #TwittHab de los integrados


El TwittHab, que algunos han querido presentar como un evento espontáneo que no sigue las directrices oficiales, resulta en cambio muy oficial porque reproduce el mismo patrón recio de la jerga castrista que sabe bien dónde establecer la línea que separa los buenos de los malos.

La tuitosfera cubana anda revuelta. La convocatoria de un encuentro de tuiteros en La Habana el próximo 1 de julio, el #TwittHab, por parte de personas vinculadas a medios e instituciones oficiales, se ha convertido en los últimos días en un nuevo espacio de controversia entre los que creen que Cuba es un paraíso sin parangón y los que, por el contrario, entienden que es necesaria una regeneración, un cambio y una transformación del régimen pasando del autoritarismo actual hacia un sistema democrático.

Las críticas al encuentro de tuiteros son comprensibles dado que el encuentro pretende promover en Cuba un uso de Twitter que sea favorable a los intereses del régimen. Para empezar esto es así porque los promotores del evento han considerado oportuno marcar su territorio y establecer una línea fronteriza que establece una dicotomía entre tuiteros, la cual segrega, separa y señala como enemigos condenables aquellos que en Twitter lanzan mensajes que no les resultan convenientes.

El TwittHab, que algunos han querido presentar como un evento espontáneo que no sigue las directrices oficiales, resulta en cambio muy oficial porque, a pesar del empleo de un vocabulario más fresco y juvenil en sus comunicaciones no deja de reproducir el mismo patrón recio de la jerga castrista que sabe bien dónde establecer la línea que separa los buenos de los malos, qué función recae en cada cual en relación a lo que ellos llaman el "proceso" revolucionario.

La definición del TwittHab como un evento propiamente revolucionario ha sido necesaria tras el anuncio de algunos tuiteros alternativos (no relacionados con la esfera del poder oficial en Cuba) sobre su intención de ir al encuentro. Yoani Sánchez o Orlando Luis Pardo Lazo se entusiasmaron inicialmente con la idea, pero se fueron desmarcando a medida que se iban conociendo las directivas del encuentro, en cuya promoción no han faltado las descalificaciones y la reducción a la categoría de "mercenarios" o "anexionistas" de todos aquellos que no encajan con el perfil tuitero que resulta más cómodo a las esferas del poder castrista.

Lo que realmente resulta muy curioso en todo este asunto es que el castrismo pretende adueñarse de las redes sociales y parece no estar dispuesto a dejar que voces alternativas sean escuchadas sin su debida distorsión. Para ello emplea los recursos y fondos del Estado, empleados en campañas de linchamiento mediático con funcionarios que se dedican única y exclusivamente a estos menesteres. Mientras que los opositores dependen de la solidaridad exterior para recargar sus móviles y acceder a los nuevos canales en la red para comunicarse con el mundo pagando elevados precios por cada mensaje, los que pueden hacerlo desde instituciones oficiales disponen de un acceso gratuito. A cambio de esto presentan una Cuba ideal en la que todo marcha bien, en la que no existe el conflicto. Su presencia en Twitter está condicionada. Sea por censura directa o autocensura, el uso de las redes en su caso responde a una función "revolucionaria" que se ciñe a cumplir con una tarea ideológica con objetivo político: mostrar una Cuba falseada.

Puede que el encuentro de tuiteros en La Habana del próximo 1 de julio sea un evento "espontáneo" pero lo que está claro es que no será de tuiteros que gocen de una plena libertad para opinar desde esa tribuna. Ellos saben mejor que nadie que su acceso a Internet es sólo la prebenda con la que se les paga hoy una adhesión ideológica. TwittHab será sin duda el encuentro de los tuiteros integrados a un régimen que repudia Twitter como ha repudiado históricamente el derecho a la libertad de expresión.

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