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El que no salte ya no es yanqui


Raúl Castro saludó a la multitud y hasta pronunció un discurso en una "improvisada" tribuna.

Santiago de Cuba, desvencijada como está, tuvo que soportar la humillación de que arreglaran un mercado de abastos, un círculo infantil y dos o tres calles para una visita "sorpresa" de Raúl Castro.

La agenda que le ha caído al general Raúl Castro no es fácil de llevar. Demasiados compromisos internacionales. Llegando de Francia, organizó el reencuentro de la iglesia católica y ortodoxa rusa, en el aeropuerto de La Habana; luego vendrá el viaje de Obama a la isla y, para colmo, acaba de visitar Santiago de Cuba, a pie de calle.

Santiago, desvencijada como está, tuvo que soportar que arreglaran un mercado de abastos, un círculo infantil y dos o tres calles para que el general pasara, según dice el periódico Granma, “con motivo de las honras fúnebres al Comandante del Ejército Rebelde Pedro Miret Prieto”.

¿Esto quiere decir que, si no muere Miret, el general no aparecería por allí? Aun así, con la verdad por delante -una ciudad ruinosa e infectada de mosquitos- también dice el periódico que unos espontáneos se acercaron a saludarlo, a los pies de “una improvisada tribuna”.

El gobernante cubano visitó un agromercado en su recorrido por Santiago.
El gobernante cubano visitó un agromercado en su recorrido por Santiago.

Las fotos de Estudios Revolución hablan por sí solas. Espacios reservados y vigilados al milímetro, un mostrador de un mercado donde “por casualidad” se acoda el general a saludar a una niña; unos frutos colocados cuidadosamente detrás, una empleada que no es militante del partido ni “cuadro profesional” ni nada de eso, pero está ahí de pie, en plan vendedora del agromercado; también, un niño se deja colocar la gorra de “Raúl”, en una guardería que antes fue un inmueble propiedad de la familia de Vilma Espín, pero que la mujer cedió gustosamente para uso de la ciudad.

Dice Granma que el “General de Ejército” sorprendió a los viandantes de Enramada, a las siete de la mañana. “Raúl” iba caminando al lado del primer secretario del partido comunista en la provincia, Lázaro Expósito Canto.

“Una frase pronunciada por uno de los tantos santiagueros que salieron a saludarlo -narra el órgano oficial-, se repite de boca en boca: Él, que vio Santiago después del paso del huracán Sandy, no puede creer que ahora esté tan espléndida”.

En Miami tenemos noticia de que existen dolientes del Sandy que, a la vuelta de casi cuatro años, continúan con el techo abierto y sin servicios sanitarios, pero esos santiagueros no cuentan ni en las fotos ni en la crónica de Granma.

Un militar de puño duro, como él, no anda con nimiedades enviando materiales a las instituciones públicas por donde él pasará algún día. Pura previsión.

Ahora debe estar preparando el terreno en esta visita “de cortesía”, tomando el pulso a su primer secretario provincial para asegurarse de que Expósito Canto ha hecho las tareas, y tiene al pueblo preparado para las congregaciones, con motivo de la visita de Obama.

Raúl Castro carga a una niña durante su paseo por las calles de Santiago de Cuba.
Raúl Castro carga a una niña durante su paseo por las calles de Santiago de Cuba.

Ahora ser yanqui no es una cosa mala, y será preciso saltar en las concentraciones de las plazas, en señal de que uno es pro yanqui, y eso significa simpatía y correcta hospitalidad. El que diseñó esa campaña juvenil es un defenestrado que, años más tarde, se dedica a pintar cuadros al óleo, dejando un legado que servirá en dependencia de la “orientación del partido”.

Por teléfono preguntamos a algunos disidentes si tienen esperanzas de reunirse con Obama y Raúl Castro bajo el mismo techo.

“Imposible; eso no está en la agenda todavía”, dijeron con total seguridad, precisamente los activistas de Santiago de Cuba que se juegan una paliza por “graffitear” sus demandas. Según la activista Katerine Mojena Hernández, horas antes de que apareciera el general sitiaron al personal incómodo de la ciudad, para que no saliera a manifestarse.

Aun así, Geordanis Muñoz, de la Unión Patriótica de Cuba, tiene esperanzas de que la visita de Obama sea el principio de algo positivo para su país.

Muñoz no estuvo en las calles por donde pasó “Raúl” este último sábado, ni se deja embaucar por la demagogia de un militar con chaqueta de quita y pon. La versión que pueda ofrecer Muñoz de lo que ha dejado el ciclón no interesa a la prensa oficial, que se deshace en elogios para el señor presidente.

Santiago "está perfecta", no hay nada más de que hablar.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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