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El anónimo en Cuba


Un anónimo en Cuba casi siempre conduce a un juicio en que el acusador o la víctima es un fantasma por el cual se realiza un análisis al estilo de la Santa Inquisición

Convertido en todo un personaje de estos tiempos, el anónimo goza de papeles protagónicos dentro de la vida política de la Isla. Su evolución desproporcionada en la actualidad indica la vía que han encontrado muchos contra las represalias frente a la diversidad de criterios y de abusos de poder de la dirigencia en los diferentes niveles.

Utilizado al principio como elemento de alerta y protección del autor, su prominencia destaca dos aspectos fundamentales: el primero, una necesidad de expresión acumulada durante años, y el segundo, el temor de quien o quienes denuncian la arbitrariedad.

Ya en las calles resulta cotidiano escuchar “que tumbaron a fulanito” por uno de estos secretos documentos, utilizados como explosivos que, generalmente, luego de un tiempo alcanzan sus objetivos. Tipo especial de coctel molotov el combustible prende primero en el interior antes de reventarse y extender su llama, quien sabe si ese sea el destino de no aceptar la pluralidad de opiniones - sin discriminación - de una sociedad que no es homogénea.

Aunque no se tienen cifras exactas de su impacto, su huella devastadora produce malestar e inseguridad en el espíritu de las personas. Para quienes no están al tanto de este tipo de arma, les explicamos que un anónimo casi siempre conduce a un juicio en que el acusador o la víctima es un fantasma por el cual se realiza un análisis al estilo de la Santa Inquisición.

¿Por qué un arma tan baja cobra fuerza en el interior de la Isla? Los escenarios construidos para el debate no funcionan como tales sino como meras máquinas de reproducción del discurso oficialista. En el quita y pon de los dirigentes transcurre una oleada de anónimos, denuncias sin nombre, riesgos a los que se exponen los cubanos por no poder expresarse sin tapujos o porque no les educaron en ello.

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