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NY Times: Castro desinfla optimismo de cubanos y estadounidenses


Una joven cubana viste un pantalón con los colores de EE.UU.

El gobierno cubano se está beneficiando de más dinero de los turistas, más acceso a préstamos, más inversión extranjera, pero mantiene la luz roja a las compañías de EE.UU., según observa el diario neoyorquino.

El diario The New York Times señala en un reportaje sobre las nuevas relaciones EEUU-Cuba que en los últimos seis meses dólares, viajeros y empresarios estadounidenses han estado fluyendo hacia la isla (17% de incremento en los viajes este año fiscal), pero el optimismo inicial de cubanos y estadounidenses está dejando lugar a la comprensión de que la normalización de los lazos todavía es más una aspiración que una realidad.

El matutino explica que por una parte el embargo comercial y económico de EE.UU. continúa restringiendo el comercio bilateral, mientras que por la otra los enrevesados sistemas jurídico, fiscal y de comercio de Cuba están atrapados en otra época e ideología.

Por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos ahora permite a los bancos estadounidenses abrir cuentas correspondientes en Cuba, pero el gobierno cubano no ha precisado cómo pueden hacerlo.

La Casa Blanca autorizó el uso en la isla de tarjetas de crédito estadounidenses, pero nadie puede utilizarlas porque Cuba, hasta ahora, no las ha autorizado y porque las preocupaciones de responsabilidad abundan.

La compañía de transmisión de videos Netflix está disponible para todos, y para nadie, ya que el acceso a Internet en la isla es caro, lento, y está disponible en muy pocos hogares cubanos.

Las empresas estadounidenses ahora pueden exportar a los cuentapropistas y cooperativistas del sector privado isleño mercancías como champú para los salones de belleza o refrigeradores para los restaurantes, pero Cuba aún no permite que las reciban.

Los ferries, antaño una importante vía de comunicación, turismo y comercio,consiguieron licencias generales de EE.UU. para navegar a Cuba este año, pero el gobierno cubano no ha otorgado su permiso.

El Times repara en que influyentes hombres de negocios que han regresado recientemente de La Habana están adviertendo que los avances vendrán lentamente.

Por otra parte, para revertir las decisiones ejecutivas de Obama sobre Cuba el Congreso ha lanzado una contraofensiva con un puñado de cláusulas , en planes presupuestarios del 2016. La Cámara de Representantes ya ha aprobado dos de esos proyectos, que incluyen secciones respectivamente dirigidas a impedir el comercio con los militares que controlan la economía en divisas de la isla; y a prohibir el uso de fondos para licenciar nuevos viajes aéreos y marítimos a Cuba.

John Kavulich, el presidente del Consejo Comercial Estados Unidos-Cuba dijo al Times que cree poco probable cualquier cambio importante hacia Cuba con un Congreso republicano y las elecciones que se avecinan.

De ahí que muchos líderes empresariales y partidarios del compromiso con las autoridades cubanas estén presionando a Obama para aflojar aún más mediante su autoridad ejecutiva las regulaciones relacionadas con Cuba, algo que el presidente puede hacer, y ha estado haciendo, a pesar del embargo.

Obama, por ejemplo, podría permitir que empresas estadounidenses financien la venta de materiales de construcción, que ahora pueden enviarse a Cuba. Por el momento, las transacciones se deben pagar en efectivo.

El New York Times expone el punto de vista de quienes critican en el Congreso la política cubana de Obama: este tango lo ha bailado hasta ahora sólo uno de los dos. Estados Unidos extiende lentamente una mano, y Cuba la mira con escepticismo.

“El gobierno cubano se está beneficiando de más dinero de los turistas, más acceso a préstamos, más inversión extranjera a medida que las empresas internacionales tratan de concretar acuerdos, pero no hace casi nada a cambio. Las redadas y detenciones contra los disidentes continúan, y el acceso a Internet, aunque se espera que mejore con la introducción de nuevos puntos Wi-Fi y precios más bajos, está creciendo apenas a trompicones.

"Existe la percepción, incluso por algunos demócratas, de que el presidente Obama ha dado demasiado y no ha recibido mucho", dice Kavulich. "La gente quiere ver que conseguimos algo”, concluyó.

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