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Negocios medran en "Parque de los Suspiros", frente a futura embajada de EEUU


El "Parque de los Suspiros".

Un ejército de negociantes asegura la logística en el punto de espera para citas en la Sección de Intereses de Estados Unidos. ¿Qué pasará cuando se convierta en embajada?

Variados negocios formales e informales han florecido en torno a la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA), que pronto se convertirá en embajada, un histórico paso que alimenta esperanzas y temores.

Esta especie de feria comercial tiene su epicentro en el llamado "Parque de los Suspiros", ubicado en Calzada y K, Vedado, donde los cubanos deben aguardar antes de entrar a la entrevista para conseguir un visado en la SINA, que ocupa un imponente bloque de hormigón y ventanales de seis pisos, situado frente al famoso Malecón de La Habana.

Cientos de cubanos –provenientes de toda la isla– esperan durante horas cada día en este pequeño parque, que tiene escasos bancos, por lo que casi todos permanecen de pie o sentados en las aceras bajo el ardiente sol tropical.

El "Parque de los Suspiros". Al fondo la Sección de Intereses de EEUU.
El "Parque de los Suspiros". Al fondo la Sección de Intereses de EEUU.

El nerviosismo impera en el lugar, pues es alta la posibilidad de que el visado sea denegado. Por esa razón los cubanos lo bautizaron como el 'Parque de los Suspiros'.

Un rechazo implica la imposibilidad de viajar a Estados Unidos a visitar a la familia y, de paso, la pérdida de los $160 que cuesta la solicitud, equivalentes a ocho meses de trabajo en la isla. Además, muchos postulantes han gastado otros $20 para que otra persona les llene el complicado formulario en internet, en una isla donde el acceso a la red es muy limitado.

Venta de agua y alquiler de baños

Entre los negocios que han florecido en los últimos años en torno a la futura embajada hay puestos de comida rápida, oficinas para llenar formularios, locales para guardar bolsos y teléfonos móviles –pues está prohibido acceder a la legación con carteras grandes o teléfonos– y hasta cuartos en alquiler para pasar la noche o descansar unas horas después de un largo viaje desde el interior de la isla.

Además, un ejército de "parqueadores" de automóviles que piden propinas ha invadido las calles próximas a esta plaza, mientras merodean por el lugar decenas de vendedores ambulantes de toda clase de golosinas y alimentos.

"Esto es mucho mejor que un empleo estatal", dice a AFP Roberto Campo, que alterna su trabajo de custodio en una escuela de deportes con el de "parqueador" de coches en esta zona.

"Aquí algunas personas venden agua o alquilan el baño de sus casas", cuenta la anciana Olga, que desde hace más de dos décadas se dedica a escribir en inglés los complicados formularios para la obtención del visado, de 12 páginas. Por cada formulario cobra $20, cifra cercana al salario medio mensual en la isla, lo que hace muy atractivo este negocio. Por esta razón, en la zona próxima a la SINA, existen más de 20 oficinas similares.

Más viajes, más clientes

Washington y La Habana anunciaron el miércoles su decisión de restablecer relaciones diplomáticas y reabrir sus embajadas el 20 de julio, después de haber iniciado un proceso de deshielo hace seis meses.

La noticia de que la SINA pasará a ser embajada ha alimentado esperanzas, pero también temores entre los dueños de los negocios cercanos.

"Pienso que sí aumenten los viajes (entre ambos países), pero lo de aumentar el negocio, no sé", indica Roserays Fonseca, que tiene una pequeña oficina para llenar formularios en el sótano de un edificio frente al parque. "Si ellos deciden crear una oficina para este tipo de trámites, entonces decaeríamos y hasta es posible que dejemos de trabajar", explica a AFP. "Hay días que podemos llenar de seis a 10 planillas, pero hay otros que no llenamos ninguna", precisa.

El negocio de "llenar las planillas" fue, durante años, muy próspero, pero comenzó a declinar porque algunos cubanos radicados en Miami ahora se dedican a eso. Además, la SINA comenzó en 2013 a otorgar a los cubanos visados de múltiples entradas por cinco años en vez de seis meses, lo que ha reducido el número de clientes, según ambas mujeres.

Sin embargo, los dueños de cafeterías y restaurantes se frotan las manos ante la próxima apertura de la embajada. "Esperamos que se incremente la visita de norteamericanos, tanto a la isla como al restaurante", dice a AFP un responsable del bar-restaurante El Litoral, que afirma tener habitualmente entre sus comensales a los diplomáticos de la Sección de Intereses.

"Si vienen más clientes, felicidades", señala Norma Ferrán, que administra la cafetería Los Afortunados. En el letrero la letra 'U' fue sustituida por una herradura, como amuleto para la buena suerte.

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