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Eduardo Delgado Bermúdez comenzó su revolución participando en un secuestro. Oficial de Inteligencia y residente de Miramar, se convirtió en especialista de la región de Asia y Oceanía...

El Vaticano trabaja ultimando los detalles del viaje del Santo Padre a México y Cuba, que será el próximo mes de marzo. La visita papal coincidirá con el año jubilar, declarado así por la Iglesia Católica local, en conmemoración a los 400 años de la aparición de la imagen de la virgen de la Caridad, patrona de Cuba. Como el santuario del Cobre es pequeño, se dice que la celebración se hará en la plaza Antonio Maceo de la ciudad Santiago de Cuba.

Es de todos conocidos que esta peregrinación se está cocinando hace tiempo; el general presidente, camina sobre terreno minado y necesita el apoyo condicionado de la Iglesia. Por ello en un tour familiar que realizó por Italia hace 5 años, envió sus mejores saludos al Papa. Hoy funcionarios cubanos, y el actual nuncio apostólico monseñor Bruno Musaro, organizan para el 27 de marzo, en el marco de la visita del Santo padre, un encuentro con Fidel.

Un gran acontecimiento en un momento crucial, es la segunda visita de la máxima autoridad de la iglesia eclesiástica a Cuba, la primera fue Juan Pablo II. Muchos saben que aunque han mejorado las relaciones, entre los gobernantes de la isla y la jerarquía católica, mantienen entre si, una coexistencia “pacífica” constantemente marcada por tensiones y altibajos.

Según La Constitución cubana, el Estado respeta y garantiza las libertades de conciencia y religión; pero aclara que es punible utilizar “la libertad” en contra del Estado socialista. La ley y La Revolución viven en franca contradicción.

Los diplomáticos trabajan. Mamá Iglesia colabora, cede, negocia y pone de su parte. Papá Estado dice tener la intención de mantener una relación normal y beneficiosa para el bien de la nación; pero lo hace receloso, no quiere olvidar que en el año 84, cuando la Santa Sede y el Estado Vaticano intentaban acercarse a los países comunistas, el entonces cardenal Joseph Ratzinger (hoy SS Benedicto XVI), sin consulta previa dijo: “Los regímenes comunistas, que pretenden liberar al hombre, son sólo una vergüenza de nuestro tiempo”.

Eduardo Delgado Bermúdez comenzó su revolución participando en un secuestro. Oficial de Inteligencia y residente de Miramar, se convirtió en especialista de la región de Asia y Oceanía; pero a finales de los 70 fue sancionado y confinado a trabajar en la reparación de los tractores que estaban en un gigantesco parqueo donde hoy confluyen las avenidas 100 y Boyeros.

Pasó el tiempo y pasó, y antes que un águila por el mar; el doctor Ricardo Alarcón, con la intención de crear su propia legión de seguidores disolutos, recogió al reciclado empleado que para entonces ya llevaba ese peinado y corte de ceja al estilo Leonid Brézhnev, y lo nombró embajador en Japón.

Regalos van, regalos vienen; Raúl Castro temeroso de una lealtad que no fuera a su apellido, lo llamó, le ofreció el inolvidable susto de su amparo y lo nombró Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Santa Sede.

Los criterios morales no son difíciles de entender; pero es más fácil descuidarlos, echarlos a un lado y sumarse al ruido; o como dice el refrán, “Los militares se confunden en la paz”.

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