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Presidente de Ecuador entre la espada y la pared


El presidente Correa cree que el asilo a Assange lo ayudará a reelegirse el año que viene, dice la revista.

Un comentario de la revista The Economist sobre el asilo concedido por Ecuador a Julian Assange dice que la decisión podría ser un tiro por la culata para el presidente Rafael Correa.

La decisión del presidente Rafael Correa de otorgar asilo al fundador de Wikileaks Julian Assange le ha conferido un "excepcional momento de celebridad global” al mandatario ecuatoriano, pero las ventajas que esto pueda proporcionarle a largo plazo no están claras, según un artículo de la revista The Economist.

La publicación sostiene la tesis de que Correa está utilizando el caso Assange para hacerse del liderazgo de la extrema izquierda en Latinoamérica, y lo compara con el ex cinco veces mandatario y caudillo populista ecuatoriano –cuatro veces derrocado --José María Velasco Ibarra, quien una vez dijo: “denme un balcón y seré Presidente”.

Según el artículo, Correa espera que el asilo de Assange, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, y el discurso que éste pronunció el domingo desde un balcón de la sede diplomática multipliquen sus oportunidades de ser reelegido para un nuevo mandato en los comicios de febrero próximo.

The Economist subraya que la presidencia de Correa se ha caracterizado por su lucha frontal contra la prensa independiente, un “aintiamericanismo teatral”, y su camaradería con Cuba comunista y la Venezuela de Hugo Chávez, como parte de la alianza contra Estados Unidos conocida como ALBA.

Luego destaca el argumento de la oposición ecuatoriana, según la cual Correa está valiéndose del caso Assange para arrancarle la iniciativa dentro del ALBA a Hugo Chávez, que ha estado enfermo de cáncer, y para proyectar la imagen de un “pequeño país en guerra contra los poderes imperialistas”.

Sin embargo, expone que a pesar de toda la bulla que pueda haber levantado con el asunto será difícil proteger al señor Assange de la acusación que se le hace en Suecia, “un país cuyo respeto por los derechos humanos está más allá de toda duda”.

La revista cita a Carlos Lauría, del Comité de Protección a Periodistas, quien dijo que proporcionar asilo al fundador de Wikileaks “no cambiará las condiciones represivas que enfrenta los periodistas ecuatorianos que desean reportar críticamente sobre las políticas y prácticas del gobierno (de Correa)”.

Pero citando ahora al editor del diario Vanguardia, Juan carlos Calderón, agrega que el “paradójico” asilo a Assange hará más difícil al presidente Correa aplastar a los medios de prensa ecuatorianos en el futuro.

También se refiere a la situación actual que afronta Correa con el caso del ciudadano bielorruso Alexander Barankov, a quien en 2010 Ecuador dio estatus de refugiado tras haber huido de su país en 2009, donde se le acusa de fraude y extorsión luego de poner al descubierto actos de corrupción por parte de funcionarios gubernamentales de ese país.

El mes pasado, recuerda, el gobernante bielorruso Alexander Lukashenko, considerado por muchos un dictador, visitó Ecuador donde suscribió varios acuerdos de cooperación, y ahora Bielorrusia está requiriendo que las autoridades ecuatorianas extraditen a Barankov.

Cuando decida si lo extradita o no, dice The Economist, Correa revelará en qué país confía más, si en Suecia o en Bielorrusia, que no es conocida por celebrar juicios justos, y cuando el boom petróleo de Ecuador termine—afirma—“los ecuatorianos pueden empezar a preocuparse más sobre los amigos que escoge su presidente”.

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