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El incienso en polvo, la nueva droga que recorre las calles cubanas


Vista de La Habana, con el malecón al fondo.

Las marcas con más demanda son “Scooby-Doo”, “King Kong”, “La bailarina” y “Ojo de Diablo”.

La proliferación de la droga a nivel mundial es motivo de preocupación y de interés general; por eso resulta desconcertante ver como en Cuba, uno de los pocos países donde el gobierno posee absoluto control sobre cada uno de sus ciudadanos; el consumo, uso y abuso de este tipo de sustancias se va de jonrón.

El tema parece causar alarma entre las autoridades. Y aunque el general Raúl Castro, individuo que carece del sentido ético del remordimiento, en Enero de 2013 durante la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada en Santiago de Chile, aseguró que “en Cuba no hay drogas… Solo un poquito de marihuana que se cultiva en una maceta en cualquier balcón de cualquier ciudad de Cuba. Pero droga no hay ni habrá”; y en la prensa oficial, hemos visto reportajes, en plural, de casos procesados por tráfico de estupefacientes.

Por supuesto, en Cuba hay drogas. La cocaína, por ejemplo, se corta, se mezcla, se distribuye y se vende en la isla en paquetes de medio gramo que dan para 8 rayas; pero llegó una nueva droga, con fuerza de huracán, que se impone en el mercado por su condición; no regulada, no prohibida, y porque su efecto puede ser hasta 100 veces más potente que cualquier otra.

Me refiero al incienso en polvo. Son paquetes de tres gramos que se venden de forma legal a 3 dólares aproximadamente en estaciones de servicio (gasolineras), tiendas, funerarias y páginas de Internet. Las marcas con más demanda son “Scooby-Doo”, “King Kong”, “La bailarina” y “Ojo de Diablo”. Entra a nuestro país de manera legal y en ese culto a la tentación que conocemos como el Malecón habanero, adquiere un valor que va desde 150 a 200 CUC cada paquete.

¿A quien beneficia el negocio?

La droga no sólo invade las altas esferas, cruzó la línea y con la actual complicidad de algunos integrantes del sistema judicial cubano, entiéndase aduaneros, policias, abogados, y funcionarios en puestos claves; llega hasta los restaurantes, centros nocturnos, escuelas, prisiones, universidades y unidades militares. De esa aleación, polvo de incienso con picadura de cigarro, fuman 6 y consiguen – afirma mi fuente – un efecto que describen como el súper arrebato.

Los consumidores, jóvenes en su mayoría, aterrizan en los hospitales presentando síntomas de ofuscación, delirio, paranoia y agitación; pero en los exámenes toxicológicos no se evidencia consumo de sustancias alucinógenas.

Parece que el descontrol de aduana y la evidente alegalidad, es el resquicio por donde penetra el temible azote; aunque mi informador asegura que “Los Jíbaros”, así se hacen llamar, en La Habana, a los vendedores de esta droga, trabajan bajo la supervisión de ex militares que hundidos en la deshonestidad, se aburrieron de trabajar para otros, empezaron su propia empresa delictiva y a juzgar por los visibles resultados económicos, ganaron medalla de oro en la olimpiada de los actos criminales.

No sé hasta qué punto está implicado el gobierno de la isla en este lucrativo negocio, del que quizás no participa, pero tampoco lo desconoce. Para encontrar la respuesta sólo hay que pasear por La Habana y hacer la pregunta correcta a la persona indicada.

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