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Mantener una corresponsalía por tantos años en La Habana requiere mañas de equilibrista.

El amigo Ernesto Hernández Busto llamó hace poco “villano mutante” al corresponsal en La Habana de BBC Mundo, el uruguayo aplatanado Fernando Ravsberg. Presiento que el editor de Penúltimos Días implica en el epíteto los abruptos virajes de palo para rumba a que nos tiene acostumbrados el periodista, tanto en sus reportajes para la BBC, como en sus posts para el blog Cartas desde Cuba.

Uno puede encontrar en la cosecha de este colega análisis memorables de la realidad económica de la isla, como uno que hizo del poder adquisitivo del cubano, desangrado por el Impuesto de Valor Agregado más alto del mundo. Y también puede hallar una olvidable colección de coletazos contra la oposición y el exilio cubanos, no muy diferentes de los que lanza Granma. Y reportajes donde no reportó aspectos clave de lo que vio.

Hay que decir a su favor que mantener una corresponsalía por tantos años en La Habana requiere mañas de equilibrista; que por ello Ravsberg ha sido también criticado desde los medios procastristas; y que ha sido uno de los pocos corresponsales extranjeros singularizados –en dos ocasiones-- por la furia de Fidel Castro.

En esta reseña vamos a ver a Ravsberg no en en su faceta de Mister Hyde, sino en la del Doctor Jekyll. El hombre ha tratado de ahondar en los problemas de la agricultura cubana y ha encontrado que una gran parte de esos problemas son subjetivos, tienen que ver con las personas que supervisan desde el nivel central, y las que gestionan un poco más abajo, ese sector devenido problema de seguridad nacional a golpe de caprichos, torpezas y prohibiciones.

El no lo dice, pero se desprende de las entrevistas, bien preparadas, por cierto, que les hizo al viceministro de Agricultura Ramón Frómeta y el responsable nacional de la entrega de tierras ociosas, Pedro Olivera.

El corresponsal le preguntó al viceministro por qué creen los agricultores privados --que según el mismo funcionario aportan hoy más del 50 por ciento de la mayoría de las producciones agrícolas del país-- que las normativas del MINAGRI son el principal obstáculo al desarrollo de la agricultura en el país. “Cada cual quisiera hacer lo que quiera, pero (…) hay que regirse por las leyes y las instituciones estatales”, dijo el viceministro.

Acerca de la prohibición de construir viviendas en las tierras en usufructo, Frómeta dijo que debería autorizarse con un nuevo decreto ley, y remató: “Esas son las cosas que tenemos que perfeccionar”, (como si el actual sistema sólo necesitara un poquito de afinación).

La respuesta a la pregunta de por qué tardaron ocho meses en darse cuenta de que los insumos que pusieron a la venta eran demasiado caros, pese a que en todo el país sólo se compraron en ese tiempo siete por mes, fue que creyeron que iban a vender más, y que tienen que proceder lentamente porque no pueden cometer errores.

En cuánto a por qué no se permite que los guajiros acepten donaciones tractores y otra maquinaria del exterior, el vice titular del MINAGRI dijo que en el país hay una política de importación que hay que respetar y que no sería consecuente con la disciplina permitir que todo el que quiera importe. (La disciplina es primordial; los estómagos pueden esperar)

Frómeta por lo menos asumió responsabilidad por las pérdidas de cosechas en el campo, que los campesinos atribuyen a un sistema de acopio y distribución totalmente ineficiente.

En cuanto a las tierras ociosas, el funcionario a cargo, Pedro Olivera, admitió que tienen atrasos en más de 2 mil expedientes, y lo atribuyó a falta de personal especializado. Sin embargo, Ravsberg, al principio del reportaje, señala que la agricultura tiene 1 millón 200 mil empleados, y que la tercera parte son funcionarios no vinculados a la producción.

Olivera adelantó que los usufructuarios de tierras pueden esperar una eliminación del límite de 10 años en el usufructo, una solución a lo de la vivienda, y permisos para que sus familiares trabajen con ellos. Por supuesto, no dio plazos, pero por lo menos no recurrió al escurridizo “Estamos trabajando en eso, compañero Ravsberg”

El corresponsal corona su entrevista con dos preguntas que apuntan no sólo a estos dos cuadros del partido disfrazados de gerentes, sino a sus supervisores: “¿Cómo puede avanzar la agricultura si dan tierras y no venden equipos y herramientas?”

“Eso –dijo Olivera-- está en dependencia de las posibilidades económicas del país. Nosotros adoptamos la medida de rebajar los precios de los insumos, que por supuesto van a ser siempre insuficientes. El productor nuestro va a seguir muy limitado”. (Sí, pero de aceptar donaciones del exrtranjero, nada)

Y por último, la de los 64 mil, o más exactamente, la de los mil 500 millones, que es lo que cuesta cada año importar los alimentos que el país no produce: “¿No sale más barato vender los insumos que seguir importando alimentos?

“Por supuesto que sí pero es un crecimiento gradual. Nosotros arrancamos hace tres años y nunca imaginamos que 146.000 personas iban a estar en la tierra, superó las expectativas. Pero la carencia de insumos seguirá marcando y lastrando el proceso”.

O sea, que mientras la ideología siga siendo el principio rector de la agricultura, habrá que seguir arando la tierra con bueyes y comprando en el extranjero desde el arroz y los pollos del arroz con pollo hasta el ajo y las cebollas para sazonarlo ¡Con tanto cebollón y ñame con guayabera dándose vida de dirigente!

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