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Doble filo de la telefonía móvil: ¿se cae o no se cae el gobierno?


Jóvenes utilizan sus teléfonos celulares en Cuba

Quieren dinero, al tiempo en que temen de la disidencia interna. Convocan concursos “revolucionarios” mediante SMS. Recargan la línea del primer premio, con cinco dólares

El gran reto de la dictadura ha sido enfrentar la opinión pública. Ellos pensaban que la tecnología de punta tardaría en llegar a la isla, aunque la élite la usaba desde el principio, conectada directamente a los satélites “del enemigo”. Es el doble discurso, uno para adentro y otro para desinformar al exterior, o a una parte de éste que todavía creía que en Cuba se aplicaban buenas políticas sociales.

Pero, al final, la jugada les ha salido mal. Arrogantes por defecto, tuvieron un error de cálculo al creer que controlarían las comunicaciones como mismo lo hacían antes de la era digital, a golpe de monopolio. Eso no es así, al menos no es posible si quieres ganar mucho dinero. En ese caso, estarías obligado, como se ha visto, a permitir líneas a particulares que dejarían grandes dividendos, pero no tendrías tantos agentes para vigilarlas como en la era analógica. Tal y como se ve en La vida de los otros, la película alemana que habla, por extensión, de una Cuba real.

Todos sabíamos dónde estaban –o están, ya no importa- las oficinas de escuchas telefónicas. Mi padre me lo recordaba cada vez que pasábamos por esa esquina de El Vedado. Y yo pensaba: “¡qué pena de usos groseros para esa mansión!”.

La disidencia en Cuba estuvo controlada durante mucho tiempo. Ahora el régimen no ha tenido más remedio que aceptar que existe y que es activa, molecular. La ambición por el dinero les ha podido más y, aunque las escuchan, les ha permitido usar líneas que se pagan desde el exterior. Casi nadie emplea dinero de su salario para pagar el teléfono móvil. En principio, porque el individuo tendría que cambiar la moneda de su salario para pagarlo.

Por supuesto, el presente texto se escribe para recordarles que los estamos monitoreando, no porque pretenda descubrir nada. Que sepan que es fácil darse cuenta del robo a mano armada –nunca mejor dicho- que significa hablar por teléfono y navegar por la exigua Internet de Cuba. Ellos son los únicos operadores y suministradores de un servicio que, como reza cierta publicidad capitalista, es un derecho. ¡Ni hablar del poder adquisitivo, que hasta da vergüenza!

A través de su empresa ETECSA (de Sociedad Anónima no tiene ni un pelo), el Estado se ha hecho con un monopolio poderoso, a costa del sufrimiento familiar, de la distancia. Aun así, tiene la poca decencia de promover concursos políticos a través de mensajería SMS. ¿Qué día de la semana, en 1960, Fidel fundó los CDR?, la única pregunta a responder y por cuya respuesta correcta el ganador se llevaría una recarga de 5 CUC; o sea, cinco dólares. Los cuatro siguientes premiados recibirán camisetas con la imagen de la organización represora.

¿Cuántos nostálgicos gastarán sus ahorros? En fin, un cinismo que como único se explica es con la necesidad de liquidez que tiene la élite de poder.

Mientras, la disidencia juega al gato y al ratón cambiando de número telefónico para hacer activismo. Se trata de un pulso que con seguridad ganarán los que apuestan al cambio, aunque por el camino sufran palizas y detenciones arbitrarias.

La élite de poder debería cambiar la ideología que dice que tiene, pero a estas alturas se encuentra enredada en su soberbia y no va a dar su brazo a torcer. El propio dinero se los comerá.

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    Jorge Ignacio Pérez

    Nació en La Habana en 1965. Luego de ser tanquista en el servicio militar obligatorio, se graduó en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, en 1992. Trabajó como redactor y fotógrafo de prensa, columnista de teatro y editor en varias publicaciones de la isla. En 2001 se exilió en Barcelona, hasta el año 2012 en que se afincó en Miami, donde reside actualmente. Fue editor del portal on line de asuntos cubanos Cubanet.org. Desde 2007 lleva el blog personal Segunda Naturaleza. Además del libro de memorias Historias de depiladoras y batidoras americanas (Neo Club Press Ediciones, 2014), tiene otro inédito titulado Pasajeros en tránsito.

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