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Dinámicas de Cambio


En los últimos meses el régimen cedió protagonismo a actores no deseables como Oralndo Zapata, Guillermo Fariñas, las Damas de Blanco y hasta la Iglesia.

Los acontecimientos en Cuba han registrado un cambio dramático en el último año. La muerte de Orlando Zapata Tamayo en Febrero de 2010 desató “una serie de eventos desafortunados” que a diferencia de la saga de cuentos infantiles del mismo nombre, no auguran un final feliz para la dictadura, aunque todavía no se pueda medir en toda su dimensión el alcance y las consecuencias de este fenómeno.

El martirologio de Zapata, por su condición de albañil, negro y joven, desplegó unas proporciones simbólicas sin precedentes al encarnar, en cierta medida, el martirologio del sector mayoritario de la sociedad cubana que su persona representaba.

Un repaso a grosso modo de los últimos doce meses nos muestra un abanico de hechos que van desde el Premio Sajarov al Lic. Guillermo Fariñas hasta el más reciente Premio Mujeres de Coraje a Yoany Sánchez, pasando por las huelgas de cocheros en Bayamo y Mafo, y hasta la protesta de jóvenes en Villa Clara por un partido de fútbol.

La percepción del mundo, y dentro de la propia Cuba en cierta medida, cambió de tal manera con este hecho, que a partir de entonces el régimen recurrió a maniobras como la “mediación” de la Iglesia Católica para excarcelar presos, o los “lineamientos” para reducir la plantilla estatal y dar visos de legalidad al floreciente mercado negro, con el fin de generar una apariencia de laxitud, al menos en el campo económico y social.

En política no existen coincidencias sino co-incidencias, y la cronología de eventos habla por sí misma. Al encontrarse en una situación en la cual tenía que escoger entre el menor de dos males, el régimen cedió protagonismo a actores no deseables como el propio Zapata, Fariñas, las Damas de Blanco y hasta la Iglesia. Al desafiar el orden dictatorial establecido con sus acciones cívicas, estos actores alteraron las dinámicas del poder, que no es como se acostumbra a pensar la potencialidad de reprimir o ejercer violencia contra quienes desobedecen, sino por el contrario la capacidad de generar obediencia por sí misma. Cuando surge la desobediencia es porque ya se perdió el poder. Zapata fue poderoso precisamente porque desobedeció, incluso al costo de su propia vida.

La teoría de lucha estratégica noviolenta clasifica este escenario como “acción de dilema”, por medio de la cual el oponente al sistema dictatorial se coloca en una situación de ganar-ganar. Cuando estos hábitos de desobediencia pasan de un individuo a grupos de personas, y de ahí a la población en general, adquieren las proporciones de un nuevo patrón de comportamiento que transforma lo que Erich Fromm definió como el Carácter Social de un grupo humano, y es esta nueva manera de pensar y actuar la que produce el cambio.

Este proceso está en marcha en Cuba, y no puede ser detenido por la última maniobra del régimen en acosar a la familia de Orlando Zapata para forzarla a salir del país, un derecho sagrado y más que merecido por su madre y demás familiares. El poder de Zapata no reside en la presencia física, sino en la manera en que con su sacrificio cambió las actitudes hacia el poder en la sociedad cubana. Poco a poco, al igual que en la saga de Limony Snickets, un pueblo huérfano de civilismo ha ido descubriendo nuevas capacidades para enfrentar con éxito al sistema.

La propia Reyna Luisa Tamayo, sus familiares y los activistas que los acompañaron, incluso viajando desde otras provincias, son ejemplos vivos de esta realidad. Como bien dice el personaje más importante de la serie, Violet Baudelaire: “lo que podría parecer una serie de eventos desafortunados pueden, de hecho, ser los primeros pasos de una travesía”. Una vez que estos procesos de empoderamiento se desatan, no tienen marcha atrás.

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