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Deseos insatisfechos


"Los tormentos del trabajo creador", obra de Osipovich Leonid Pasternak (Rusia,1862-1945)

El autor describe su incapacidad para complacer a otros y complacerse a sí mismo.

Si yo pudiera escribir como quisiera escribir no escribiría como escribo sino como quienes, a través de sus obras, me animaron y aún me animan a probar suerte con la escritura. Pero ¿cómo escribir como escribían ellos sin dejar de escribir yo?

No escribo como escribo porque me guste escribir así –no soy tan torpe como para ignorar que así no debe escribirse, que escribir así es ganarse la censura de quienes promueven formas más apropiadas de escribir, digamos que más actuales— sino porque no puedo escribir de otra manera.

¿Escribirán los demás como ellos escriben o como escribían aquéllos que escribieron como ellos han decidido escribir pero a quienes tampoco les satisfacía la forma en que escribían? ¡Se les ve tan felices, tan acordes con su escritura!, y yo escribiendo como no quiero escribir, porque dejar de hacerlo me resultaría tan difícil como escribir de otra manera, como escribir como ellos escriben y como escribieron los demás que ellos suponen que escribían como querían escribir y acaso me gustaría escribir a mí mismo si no me viera forzado a escribir como escribo.

Si supiera de alguien que escribe como yo, que escribe como preferiría no escribir pero que no puede escribir de otra manera, escribiría más a gusto, pero esta soledad de escribir como yo escribo y no como me gustaría escribir me angustia, y de no tener noticias de alguien que escriba así, que quiera, como yo, escribir como otros escriben y no puede dejar de escribir como escribe porque dejaría de escribir como escribe él, renunciaré a escribir como hasta ahora, aunque no pueda escribir sino como yo escribo, aunque no pueda dejar escribir.

Dichosos quienes escriben como desean y no como único les es dado escribir; quienes escriben como escribían sus maestros, que presuntamente escribieron como querían y no como no les quedaba más remedio que hacerlo. O quienes escriben de espaldas a quienes los urgen a escribir de otra manera porque no quieren que nadie contraríe su escritura, ¡tan seguros están de que escribir como uno escribe no es cosa de fatalidad sino de propósito!

Porque no faltan quienes no satisfechos con escribir como escriben --porque han querido y se les da escribir así-- se sienten en el deber de porfiar en que otros escriban como ellos, y presentan pruebas irrevocables –es gremio de mucho seso-- para demostrar que sólo debe escribirse de ese modo, y hasta gente que, con más suerte que yo, coincide con ellos y escribe de lo más a gusto como ellos quieren que escriba, y todos escriben incluso sobre ellos mismos y sobre quienes escriben como ellos, y celebran que haya tantos como para hablar de un movimiento literario o grupo de excepción, y desde ese espléndido coto de ventura donde todos escriben atisban la posteridad.

Si yo pudiera escribir como quisiera escribir no escribiría como escribo.

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    Orlando González Esteva

    Nació en Palma Soriano, Cuba. Reside en Estados Unidos desde 1965. Sus poemas, que al decir del escritor Octavio Paz hacen “estallar en pleno vuelo a todas las metáforas”, aparecen publicados en Mañas de la poesía, El pájaro tras la flecha, Escrito para borrar, Fosa común, La noche y los suyos y Casa de todos. Es también autor de los siguientes ensayos de imaginación: Elogio del garabato, Cuerpos en bandeja, Mi vida con los delfines, Amigo enigma, Los ojos de Adán y Animal que escribe. El arca de José Martí. González Esteva ha ofrecido lecturas de versos, charlas y talleres en Estados Unidos, España, Japón, Francia, México y Brasil, y ha desarrollado una intensa labor cultural en los medios literarios, artísticos y radiofónicos de Miami.

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