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Consejo de DDHH: un club de autoritarios y dictadores


El primer ministro chino, Li Keqiang (4º izq), mantiene una reunión con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy (2º dcha).

The Boston Globe critica en un editorial la elección de Argelia, China, Cuba, Rusia, Arabia Saudita y Vietnam al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

¿Qué tienen en común Argelia, China, Cuba, Rusia, Arabia Saudita y Vietnam?

Si usted cree en la capacidad de la comunidad internacional para respetar las normas humanitarias y el imperio de la ley, se podría pensar que las naciones mencionadas aborden el abuso de tales normas en el actual mandato en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, pero no es así, señaló este lunes 25 de noviembre un editorial del The Boston Globe.

De hecho, los seis son calificados como "no libres" en la más reciente encuesta de Freedom House sobre las libertades civiles y los derechos políticos. Los seis países mencionados anteriormente se encuentran entre los 14 miembros electos de este mes para un período de tres años en lo que se supone sea la institución clave de derechos humanos de la ONU.

Una vez más la ONU ha reforzado los puntos de vista de los cínicos y pesimistas, que dicen que el Consejo de Derechos Humanos en general, funciona como un club de los autoritarios y dictadores, interesados en pasar por alto las violaciones de los derechos humanos que en exponerlos.

Bajo la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos se lavó las manos respecto al Consejo de Derechos Humanos, al negarse a formar parte de un cuerpo cuyos defectos consideraba incorregibles.

El presidente Obama revirtió esa política en 2009, en la creencia de que el consejo podría ser reformado desde dentro. Ese cambio era razonable, pero también se debe obligar a la administración a hablar claramente contra la subversión de la misión del Consejo al elegir a países conocidos como violadores graves de la dignidad humana.

A diferencia de la Asamblea General, que está abierta a todas las naciones, se supone que la pertenencia al Consejo de Derechos Humanos está reservada sólo para los países que observan "las normas más estrictas en la promoción y protección de los derechos humanos."

Si alguien entiende la importancia de la articulación de esas normas es Samantha Power, la nueva embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. En su magistral historia del genocidio en el siglo XX, Power subrayó una y otra vez cuántas vidas se podrían haber salvado si los gobiernos occidentales sólo hubieran sido un poco más fervientes y sinceros vigilando el comportamiento de los regímenes más represivos del mundo. Esa lección será siempre relevante, y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un buen lugar para aplicarlo, pública y enérgicamente.
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