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Padre Nuestro que estás… en el deporte


atleta iraní reza en juegos olímpicos
Muchos de los atletas señalan a Dios como autor de sus triunfos y reveses competitivos. En estos tiempos de comercialismo feroz dentro del deporte en que los patrocinadores aportan enormes sumas monetarias para usar los símbolos olímpicos, es casi un milagro que el Comité Olímpico Internacional (COI) no le ponga precio al Vaticano por la presunta ayuda que Dios ofrece de buen grado.

De arribar ese momento o no, la gracia divina al parecer corre sin restricciones publicitarias hacia los deportistas. El inglés Jonathan Edwards, cuando impuso su record mundial en triple salto (18.29) dijo que Dios lo ayudó. “Vivo para Dios para honrarle”, indicó minutos después de conseguir su extraordinario brinco.

No es para menos, luego de darle ese impulso fenomenal, podría decir un descreído y es que la fe y el escepticismo religioso caminan de la mano, no por obra divina, sino por las características dubitativas y cínicas del hombre, de quien dijo el agudo humorista estadounidense Mark Twain en su libro “Cartas desde la tierra”.

“El hombre es sin dudas el tonto mas interesante que existe, también el más excéntrico. No tiene una sola ley escrita, en su Biblia o fuera de ella, que tenga otra intención y propósito que limitar u oponerse a la ley de Dios”.

Sin embargo los iluminados abundan en las arenas deportivas. ¿Quién no recuerda aquella famosa mano del controversial argentino Diego Armando Maradona en el mundial de fútbol de 1986 cuando anotó un tramposo gol a Inglaterra y dijo que había sido “por la mano de Dios”.

Algunos místicos afirmaron que esa ayuda celestial a los gauchos, contra los servidores de la corona británica, reparó en parte la humillación sudamericana durante la desastrosa guerra en Las Malvinas.

Lo cierto es que los llamados de Dios varían en forma y lugar. Por ejemplo el fallecido estadounidense Reggie White, jugador de fútbol americano y ministro evangélico, cambió su decisión en retirarse en 1997, porque el señor lo persuadió de continuar su carrera, según certificó en una conferencia de prensa. “Dios me convenció de regresar y siempre lo escucho”, dijo.

Otro que comunicaba directo con el cielo fue el boxeador mexicano Julio Cesar Chávez, quien al perder frente al estadounidense Frankie Randall, afirmó que esa derrota era un “llamado de Dios”. Lo extraordinario es que Chávez después de eso continuó en el ring y no reportó más mensajes divinos. Ni White, ni Chávez revelaron si la comunicación fue por larga distancia, llamada local, gracias a un fax o sencillamente vía telepática. Esa es una incógnita que se pierde por los caminos del misterio.

La nacionalidad de Dios es desconocida pero para los portugueses quedó claro que no proviene del país de la samba, eso al menos aseguró el diario deportivo de Lisboa, “A bola”, cuando el equipo brasilero perdió contra su archirrival Uruguay hace varios años por la Copa América, “Dios existe, pero no es brasilero”, fue el titular de una crónica.

Otro quejoso de la ayuda divina fue el ajedrecista Garry Kasparov, quien en el enfrentamiento contra la computadora “Deep Blue, respondió con amargura cuando un sacerdote le dijo que no desmayara que ya llegaba la ayuda de Dios.

“Tengo la sensación de que Dios está en el otro bando”, asevero el polémico Kasparov. Al parecer así ocurrió, porque sufrió una convincente derrota a manos del frio e inteligente artefacto.

Cuando los mexicanos sustituyeron al serbio naturalizado mexicano Bora Milutinovic en su cargo de director técnico del seleccionado de ese país, fue claro que aparentemente la opinión pública y los rezos inclinan a las decisiones divinas. Bora fue criticado con dureza por la prensa y afición mexicana en 1998 debido a sus resultados considerados pocos satisfactorios por esa fatal combinación. En un desafío eliminatorio contra Jamaica desconoció si continuaba al mando del equipo. “Dios dirá si es el ultimo” y el señor poco tiempo después le confirmó que debía arreglar su equipaje, porque esa fue su despedida.

Esa frustración de algunos no limita el entusiasmo de otros en su poder y alaban su auxilio, como hacia el equipo chileno cristiano de futbol “Hossana”, el único que jamás insultó a un árbitro, bendecía los goles que anotaba, regalaba una biblia a sus adversarios y rezaba antes de entrar al terreno. En el 2008 se retiró de las competencias por problemas financieros.

Hasta en un deporte donde no se entrega amor al rival, sino puñetazos, su presencia es recordada. El estadunidense Evander Holyfield, cuando poseía dos títulos mundiales en peso completo, aspiraba a ganar el tercero por el Consejo Mundial de Boxeo, hazaña que a la postre consiguió, para brindárselo a Dios. “Cuando tenga el tercero podré ofrecerle uno al Padre, otro al Hijo y otro al Espíritu Santo”.

Hay quienes, como el técnico colombiano de futbol Francisco Maturana, cuando en 1998 dirigió al seleccionado ecuatoriano, no creen en los poderes divinos dentro del deporte y desestiman las influencias del cielo en los resultados deportivos. “Dios no es hincha del Ecuador”, dijo Maturana y agregó. “El futbol es una lucha de poderes terrenales.” ¿Coincidencia o castigo divino?, pero Ecuador no clasificó para el Mundial de Francia.98.

A diferencia de Maturana, el futbolista costarricense Jafet Soto, quien jugó en México con el equipo Atlas, no desconocía que además de confiar e ir de la mano del padre eterno, “es necesario trabajar y esmerarse y quien haga eso llegará muy lejos en cualquier profesión”, señaló. Soto no especifico que era primario, si la confianza y marchar de la mano de Dios o trabajar y esmerarse mucho. Eso quedó dentro de los enigmáticos senderos del señor.

La religión subyace dentro del espíritu de cualquier sociedad, pese a criterios tan absolutos como el de hace más de un siglo del alemán Frederick Nietzsche, quien dijo que Dios había muerto o su compatriota Federico Engels, quien aseveró que después del cristianismo, ninguna otra religión era posible.

Ambos se equivocaron y Dios sigue al mando de millones de conciencias y otras religiones acompañan al cristianismo dentro del barco que lleva la fe humana a través de las zozobrantes aguas existenciales.

Desde los albores de la humanidad existen conceptos religiosos que tratan de reconfortar el espíritu del hombre, aunque muchas veces esos juicios de amor y fraternidad escapan por la puerta trasera del olvido, pero eso no importa para que Dios en triunfos y derrotas no aparezca como un miembro activo de las competencias.

La mejor definición de lo necesario que resulta creer en un Ser Supremo al que podamos encomendarnos en nuestros desaguisados, miedos, deseos y esperanzas, la ofreció hace varios siglos aquel francés ocurrente llamado Voltaire, quien aseguró: “Si no existiera Dios tendríamos que inventarlo”.
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