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Los derechos humanos de los cubanos


Cuba violaciones de derechos humanos/ foto @ivanlibre

Me resulta vergonzoso hablar de derechos familiares en una isla donde (y gracias a las limosnas migratorias) muchos tienen derecho a salir pero desgraciadamente no todos pueden regresar.

Una vez más, el tema de los Derechos Humanos polariza a la sociedad cubana, y no faltan argumentos, siempre todos respetables, para pensar que nuestros derechos hoy merecen mayor y especial atención.

Sería injusto omitir que el gobierno de la isla dispone actualmente de más de 40.000 médicos, enfermeras y profesores que trabajan gratuita y voluntariamente en más de 100 países del mundo, entregándole sonrisas a aquellos pacientes que un día perdieron sus dientes y, con ellos, las ganas de sonreir. Sin embargo, mientras todo esto sucede, en Cuba hay personas muriendo por enfermedades prevenibles que basicamente se originan por la falta de higienización.

Los cubanos también anhelamos el derecho a la salud (no a la insalubridad) y a vivir, como sociedad, en un universo integral donde confluyan justicia y libertad.
Me reconforta leer que el artículo número 8 de la Constitución cubana, que mala o buena, es la vigente, dice – y cito textual – “El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la República de Cuba, las instituciones religiosas están separadas del Estado.

Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración.” Pero me entristece saber que como sucede con otros, este acápite legal también se viola constantemente desde la impunidad del gobierno al mantener una Oficina de Atención para los Asuntos Religiosos (creada en 1985 y adscrita al Comité Central del Partido Comunista) desde donde se dicta, regula, controla y autoriza la existencia y/o las actividades de toda organización religiosa que radique o pretenda radicarse en Cuba.

No es necesario esconderse ni provocar el tan acostumbrado y afiebrado enfrentamiento entre personas con opiniones contrarias, para demostrar claramente que en nuestro país no existe la libertad religiosa. Como tampoco existen garantías que protejan al ciudadano común de la discriminación y el abuso gubernamental.
Me resulta vergonzoso hablar de derechos familiares en una isla donde (y gracias a las limosnas migratorias) muchos tienen derecho a salir pero desgraciadamente no todos pueden regresar. Cómo hablar de igualdad sin llorar, sabiendo que en mi país los negros que ayer decidieron liberarse de sus barracones, hoy se ven obligados a vivir en sucios guetos marginales.

Es casi un tema agotado el hecho de que debido a políticas irresponsables o, cuando menos, desatinadas, en Cuba se originó un aumento imparable de nuestro déficit fiscal. La emigración aumentó al tiempo que decreció la tasa de natalidad, y el envejecimiento de la población agotó la poca sustentabilidad financiera del sistema de pensiones y ahora los fondos son completamente insuficientes como para poder sufragar el período de retiro de un jubilado. ¿De qué derecho a la seguridad social hablamos?

Hoy, la televisión cubana mostrará a la mayoría del pueblo viviendo un día normal, cargando con sus alegrías, tristezas, angustias y/o sobresaltos. Sin embargo, no enseñará la intensa jornada que padecerán las muchas personas detenidas con total arbitrariedad porque sólo decidieron recordar esta efemérides. Un día como el de hoy, pero de 1950 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas, invitó a todos sus Estados miembros y a las organizaciones interesadas a que observaran el 10 de diciembre de cada año como Día de los Derechos Humanos.
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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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