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Cubanos temen más a la deportación que a la muerte


El meteorólogo cubano, Angel Espinosa.

Ángel Espinosa, un meteorólogo cubano, relata el cruce de los cubanos desde la selva panameña hasta la cárcel migratoria de Tapachula.

Llora y apenas puede hablar cuando recuerda a los cubanos que quedan en el camino mordidos por serpientes venenosas, devorados por cocodrilos cuando se disponen a cruzar la selva de Panamá y Colombia hacia México con el propósito de llegar a Estados Unidos.

“Son historias que te llegan”, dice con el rostro enrojecido, ahogado en el sollozo, “que tú a veces crees que no existen y sí”, agrega Ángel Espinosa Mateo, un meteorólogo cubano que lleva casi tres semanas en Estados Unidos y es uno de los que corrió con suerte y logró su objetivo.

Espinosa viajó hace unos meses de Cuba a Guatemala para hacer un postgrado como pronosticador en Modulación Europea.

Allí pasó 20 días hasta que un día valoró la posibilidad de quedarse y así lo hizo.

Cubanos temen más a la deportación que a la muerte
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Sus razones fueron varias, explica en entrevista exclusiva con martinoticias.com.

Primero que nada, asegura que ama su trabajo pero dice que en Cuba “las condiciones de trabajo ya no fue lo que uno soñó. Al principio como uno tiene el hambre de aprender, uno se conforma con las peores condiciones del mundo, pero allí digamos que de cierta forma los profesionales en mi caso como meteorólogo somos maltratados en el sentido que la alimentación es pésima, trabajaba doce horas y para el almuerzo te daban una comida horrible”.

Añade que el trasporte para el Instituto de Meteorología, que está en un lugar apartado, es pésimo; se tuvo que trasladar desde el Vedado hasta La Habana del Este en reiteradas ocasiones por sus propios medios, porque el transporte que se suponía lo recogiera fallaba. De no llegar a su trabajo significaba que un compañero que ya había terminado un turno de 12 horas tenía que doblarlo.

“Entonces buscando un poco de libertad y otras condiciones de trabajo” decidió quedarse en Guatemala con el propósito de cruzar fronteras y llegar a Estados Unidos.

En Guatemala permaneció tranquilo pero con precaución, dice, por los altos niveles de violencia en el país centroamericano.

A los 4 meses se trasladó de Ciudad de Guatemala a Tecún Umán, el punto más cercano para cruzar a México; un río marca la frontera.

En el camino se le unió un cubano “siempre que uno va a cruzar la frontera de Guatemala a México vas a ver un cubano que esté para cruzar el río”.

El río es bastante ancho por suerte es época de invierno y el nivel del agua permanece bajo así que se dispuso a cruzar en una balsa.

El viaje transcurrió sin conflictos “pero ya una vez que uno pone un pie en México es donde empieza la cosa. México es un país muy peligroso”, cuenta Espinosa, “principalmente para los cubanos. Allí le dicen a los cubanos 'el cajero automático', porque una vez que un pandillero secuestra a un cubano puede pedir la cantidad de dinero que le de la gana. Tu vida una vez que pones un pie en México está peligrando”.

Un cubano en México es una visa directa a caer en manos de Los Zetas, pandilleros o narcotraficantes, y hasta las mismas autoridades los extorsionan para conseguir dinero, explica Espinosa.

En la frontera mexicana con Panamá sobran las personas que ofrecen sus servicios para llevarlos a Estados Unidos: “Eso es un comercio que ya ellos saben y es constante y diario; grupos de cubanos cruzan a diario”.

Sin embargo, Espinosa decidió seguir por su cuenta y se entregó a las autoridades de la prisión migratoria Tapachula.

Allí los cubanos viven momentos de incertidumbre, no los maltratan físicamente explica, “pero sí el maltrato psicológico, en el sentido que somos ignorados. Tú quieres hacer una pregunta o por ejemplo esa llamada que es obligatoria para cualquiera que es detenido y nos dan larga, ponen excusas y uno prácticamente tiene que plantarse para que den esa llamada”.

En la prisión existe una tabla con los números telefónicos de los consulados de todos los países menos el de Cuba. Además, los cónsules visitan a sus emigrantes detenidos allí, “van todos excepto el de Cuba”.

Los cubanos en la cárcel migratoria de Tapachula quedan a la merced de las autoridades cubanas, porque México les envía el informe de cada preso para que determinen si son elegibles para deportación o no.

Repatriados son aquellos que dejaron un caso pendiente con la justicia; dentro de esa categoría caen aquellos que intentaron salir del país de manera ilegal y fueron interceptados. Cuba los define como traficantes de humanos.

“Hasta por intentar salir del país no son mirados como una persona que quiere salir de una prisión que es lo que en realidad es Cuba”, resalta Espinosa.

“México es simplemente un espectador que dice: Cuba tengo tantos cubanos, que vas a hacer con ellos”.

Las autoridades mexicanas se encargan de informar a los cubanos que es México quien paga la repatriación “incluso cada cubano que es deportable, los gastos los paga México. Un cubano que se va a llevar a Cuba los gastos de avión, comida todo va por cuenta de México, Cuba no paga absolutamente nada”.

Los derechos de los cubanos detenidos en México se violan hasta cuando Cuba informa que no son repatriables, y por ley, México los tiene que poner en libertad de inmediato si es que llevan 10 días detenidos.

Desde que dieron la orden de que Espinosa no era deportable su esposa tuvo que esperar desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche sin respuesta de cuando vería a su pareja; ninguna autoridad mexicana le daba respuestas concretas y la "peloteaban".

Pero para suerte de Claudia del Río, llegó al centro de detención una comisión de derechos humanos y ella le planteó el caso, de inmediato ordenaron la liberación de Espinosa.

“Todo el proceso es muy traumático y muy difícil… yo no dormía porque no sabía exactamente lo que estaba pasando o lo que podía pasar. Los Zetas, el secuestro de cubanos que han matado porque no aparece el dinero, todas esas cosas vienen a la mente y no sabes exactamente qué hacer”, dice Claudia al recordar una de las peores experiencias de su vida.

Para Espinosa una de las cosas más tristes es ver que hay cubanos que se han unido a las redes criminales como Los Zetas y persiguen a su propia gente por dinero.

“Para un cubano, el miedo no es como tal que te maten, sino que te deporten, ése es el miedo… como te levantas en Cuba, como te enfrentas, uno en Cuba adentro no es nada y si eres deportado menos que eso, ese era mi miedo”, señaló.
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