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Cuba es un desastre pero los cubanos no


Los cubanos se han resignado a comportarse como si no vivieran en el país en que viven, según el testimonio de un columnista del New York Post y premio Pulitzer.

Es imposible visitar Cuba y no abandonarla lleno de admiración y cariño por los cubanos, según un articulista del periódico New York Post que recién estuvo en la isla.

Michael Goodwin, un laureado periodista estadounidense premio Pulitzer se sorprende en un artículo publicado este jueves de que a pesar de vivir “sin libertad” y en medio de una “aplastante pobreza” los cubanos son “amistosos a toda prueba y profesionalmente corteses”.

Según el columnista, la realidad en al isla es para que los cubanos tuviesen un carácter “sombrío”, pero en cambio han adoptado la actitud de que las cosas “son como son” y están determinados a arreglárselas lo mejor posible, dice.

En su artículo, titulado “¿Quiere comprar una revolución?”, Goodwin afirma que “hay interminables escenas callejeras para deslumbrar y causar conmoción a quien visita Cuba por primera vez” pero en la intimidad de los hogares la realidad es diferente.

Luego de un paseo nocturno por la Habana Vieja durante el que puede verse cómo florece el negocio de “todo tipo de prostitución”, el periodista cita su diálogo con una mujer mayor a la que preguntó en privado si era socialista. “Lo fui, pero no funcionó”, fue la respuesta.

Goodwin destaca que todo lo que el cubano diga en público como crítica al gobierno o incluso como expresión de nostalgia por otros tiempos lo hace “en voz baja y mirando a los lados sobre el hombro”, por temor a la policía.

Tamvién subraya el patético salario equivalente a unos $20 mensuales que ganan los cubanos, las raciones de alimentos que apenas les duran 10 días, y dice que en la isla es rara la obesidad pero la supervivencia significa vivir a empujones y “no es inusual la mendicidad”.

Por último se refiere a la apología que hacen de la salud pública en Cuba los apologistas de Castro, y la contrasta con una realidad que es “mucho menos gloriosa”.

Como ejemplo, el columnista cita el caso de una mujer que llevó a su esposo a operarse a un hospital y que además de tener que cargar con sábanas, toallas, agua y comida para el enfermo, tuvo que lidiar con la falta de esterilidad del centro médico.

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