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Aunque se estiren las cuentas no dan


El estado cobra a los turistas hasta $5 por tabaco pero sólo paga a los torcedores que los hacen 13 centavos por cada uno.

Un estudiante de administración de negocios estadounidense viajó a la isla y se topó con que en teoría la economía muestra una cosa muy diferente a lo que en la práctica ocurre en Cuba.

Daniel O´Brien, un estudiante de administración de negocios de la Universidad de Brandeis, en Massachusetts, hizo un viaje de una semana a Cuba pensando que lo aprendido en clases iba a servirle para entender la economía de la isla, pero se llevó la gran decepción.

“Pronto descubrí que estaba equivocado (…) Los cursos que más resultaron haberme preparado para mi experiencia en Cuba fueron los de antropología”, dice el estudiante en un comentario que publica este miércoles la revista The Economist en su página en Internet.

El joven dice haber visitado una fábrica de tabaco en la que cada torcedor de habanos ganaba el equivalente de alrededor de $30 dólares al mes, unos 13 centavos por tabaco, “cuando al final de la gira descubrimos en una tienda estatal de regalos que los habanos se vendían a un precio que fluctúa entre $1 y $5”.

A O-Brian le asombró ver en la calle a numerosas personas vendiendo los que parecían ser los mismos tabacos a mitad de precio. Y la explicación la tuvo luego, escribe, cuando alguien le dijo que “la gente recibe un salario tan bajo que tiene que robar los tabacos de la fábrica” para ganar “más dinero en un día vendiéndolos que lo que ganan torciéndolos en un mes”.

El comentario destaca que “la necesidad de la economía informal está costando al estado sustanciales ingresos tributarios” y mientras el gobierno paga a los agricultores por cultivar tabaco no ve ningún dinero en ingresos impositivos por las ventas privadas de habanos.

Y el problema, añade, no es exclusivo de la industria del tabaco porque según “estimados del Centro de Estudios de la Economía Cubana que el 80 por ciento de la ropa y el 70 por ciento de toda la comida se intercambian en la economía informal”.

Las conclusiones del estudiante son que en el caso de Cuba uno puede estirar “los números todo lo que quiera, pero en última instancia nada hay como observar a la gente”.
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