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Reformas en Cuba tienen efectos adversos


La venta de carros y casas es una de las reformas de Raúl Castro.

El catedrático y economista cubano Carmelo Mesa-Lago hace una radiología de los cambios económicos implementados en la isla y sus consecuencias para la sociedad cubana.

Las reformas estructurales puestas en vigor en Cuba por el gobernante Raúl Castro están “bien orientadas” pero “tienen efectos sociales adversos”, según el economista cubanoamericano Carmelo Mesa-Lago, catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Pittsburgh.

Carmelo Mesa-Lago
Carmelo Mesa-Lago
Mesa-Lago fue entrevistado por el diario español ABC a propósito de la presentación el próximo jueves de su libro Cuba en la era de Raúl Castro: reformas económico-sociales y sus efectos, en el que el experto sostiene que las “reformas más profundas hechas en el país bajo el socialismo” pretenden solucionar “serios problemas acumulados en más de medio siglo de revolución”.

Calificado por el periódico como “el decano de los economistas cubanos”, Mesa-Lago no cree que el “híbrido indefinido” implementado por el gobierno en Cuba “resuelva los problemas, como no lo hizo en algunos países de Europa Oriental”, y dice que en su libro demuestra que las cifras económicas en 2011 no eran nada alentadoras.

El hecho es que los indicadores económicos estaban muy por debajo de 1989, antes del colapso de la URSS, explica, en términos de “inversión, salario real, producción agrícola e industrial, mientras que la deuda externa, el déficit en la balanza comercial de mercancías, la desigualdad y la pobreza eran superiores”.

A su juicio entre los efectos adversos de las actuales reformas se hallan el “incremento del desempleo abierto, extracción del racionamiento de alimentos que se venden a precio de mercado (varias veces mayor), aumento de las tarifas de servicios públicos y de las mercancías vendidas en tiendas de divisas”.

También la eliminación de gratuidades, como por ejemplo, las comidas baratas en los centros de trabajo, y el recorte en los servicios sociales. “Esto expande la pobreza y la población vulnerable”, indica.

Señala además que Raúl Castro estimó en 1,3 millones los trabajadores estatales innecesarios que debían ser despedidos, una cifra que luego subió a 1,8 millones (38% de la fuerza laboral), se predijo que un millón serían despedidos a fines de ese año, pero al final de 2012 sólo 36% de la meta se había alcanzado.

“El obstáculo ha sido la insuficiente creación de empleos no estatales—precisa—, especialmente por cuenta propia, necesaria para absorber a los parados (...) debido a excesivos controles, regulaciones, impuestos, desincentivos e inspecciones”.

Mesa-Lago también destaca que “la unificación de las dos monedas, peso nacional y peso convertible, es una de las reformas más difíciles y necesarias, pero requiere antes el aumento de la producción y la productividad”.

Refiriéndose a la dependencia económica de Venezuela opina que en razón a “su magnitud, generosidad y escasa producción interna” es muy difícil que se pueda reducir, y destaca que otro de los graves problemas que encara la isla es que “tiene la segunda población más envejecida de América Latina y en 2025 sobrepasará a Uruguay, lo cual aumenta de forma dramática el costo de las pensiones y la salud”.

En conclusión, dice que “después de cinco años de la primera reforma cubana del usufructo (2008) aún no hay efectos substanciales en la producción agrícola y se importan 1.400 millones de euros (unos $1.700 millones de dólares) en alimentos”.

Mesa-Lago discrepa de los dirigentes cubanos que argumentan que los cambios adoptados por países asiáticos no son viables en la isla.

“La reforma agraria más radical, hecha en los dos países asiáticos (China y Vietnam)—sostiene—, los hizo autosuficientes y terminó las hambrunas, a más de convertir al menos a Vietnam en exportador”, al ser uno de los principales vendedores mundiales de arroz, que suministra medio millón de toneladas a Cuba.
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