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Boricuas valoran negocios con Cuba


Bandera de Cuba y Puerto Rico.

Las reformas económicas y las expectativas de una mayor apertura en la isla han abierto el debate en Puerto Rico entre quienes quisieran hacer negocios con los cubanos y quienes aún tienen reparos.

Ejecutivos de empresas de Puerto Rico han empezado a tantear nuevos mercados fuera de la Isla con los cuales hacer negocios y en la búsqueda ha salido a “relucir el deseo” de algún día poder comerciar con Cuba, dice un reportaje del diario puertorriqueño El Nuevo Día.

Roberto Orro Fernández, un economista cubano que participó en un foro sobre Cuba auspiciado por la Asociación de Industriales de Puerto Rico (AIPR), dijo al periódico que prefería no hablar de la normalización de las relaciones Washington-La Habana.

“La experiencia nos demuestra-- señaló-- que cada vez que se habla de una posible apertura, se esfuma esa posibilidad”, sin embargo puso de relieve que “existe más protagonismo de los dirigentes militares jóvenes”, y aludió al nombramiento del sucesor de Raúl Castro, Miguel Díaz- Canel.

A su juicio “una vez esté esa generación joven en el poder, le sería más difícil no mantener una democracia”, y de forma parecida piensa Waleska Rivera, presidenta de la AIPR, quien planea llevar a 20 empresarios locales de viaje la vecina isla en septiembre.

Otro economista, Gerardo González, fundador de SCIRE -una firma de consultoría económica y empresarial especializada en mercados internacionales-, también vislumbra oportunidades para Puerto Rico ante un cambio en el escenario político cubano, apunta el Nuevo Día.

“Si con las restricciones actuales, hubo empresas locales que pudieron comerciar con Cuba, imagínate qué podría ocurrir cuando ya no haya el embargo”, afirmó.

No obstante, aclaró que “Cuba sabe que necesita el capital extranjero, pero el sistema político económico no brinda ese nivel de confianza porque representa un elemento de alto riesgo en estos momentos”.

González recordó que hace apenas dos o tres años el gobierno cubano prohibió la repatriación de divisas a los inversionistas extranjeros, pero aun así no tiene duda de que, una vez que termine el embargo, Cuba se orientará hacia el mercado de EE.UU.

Una prueba de que los cubanos quieren potencia el turismo estadounidense, puntualizó, es que “han planificado la construcción de 16 campos de golf”.

El diario señala que aunque “podría decirse que la población cubana es altamente educada y el 70% está en edad productiva”, a juicio de los economistas entrevistados en el país hay poco desarrollo en el área de servicios profesionales.

De acuerdo con Orro Fernández “ambas islas podrían beneficiarse a través de una cooperación multilateral” y Puerto Rico “puede articular una política de interacción socioeconómica para colaborar con Cuba mucho mejor que Miami”.

El Nuevo Día menciona sectores como la banca, bienes raíces, servicios legales, contabilidad contributiva, servicios hipotecarios y financieros, reclutamiento de personal, así como planes de pensiones, entre otros.

González añadió que Cuba tiene también una alta gama de sectores industriales que necesitan reformarse tecnológicamente, y especificó que en el sector de la construcción la mitad de las carreteras cubanas están sin asfaltar y el país tiene solo una autopista y no está terminada.

También dijo que “el 71% de las viviendas necesitan reparaciones, y hay una necesidad de construir entre 700.000 y un millón de viviendas”. Los empresarios puertorriqueños podrían contribuir además “con su conocimiento en el área de alimentos y bebidas, y en el de biotecnología y manufactura de productos farmacéuticos”.

Pero por el momento no todos opinan igual, y según José González, presidente de PanAmerican Grain, que vendió arroz, jugos y granos a Cuba, los cubanos son gente agradable pero hacer negocios con ellos no es tan sencillo.

“Negociar con los cubanos es chévere. Son simpáticos y buenos comerciantes, pero les gusta el papeleo y la burocracia. Es tres veces más difícil venderle a ellos que al gobierno de Puerto Rico”, dijo.

Para Alejandro Brito, presidente de la Asociación de Constructores de Hogares, las objeciones son dos: en Cuba “hay mucha represión”, y si se llevan los recursos de Puerto Rico para La Habana “(los puertorriqueños) no vamos a progresar”.
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