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Reproches del gobierno tienen efecto de un bumerán


El New York Times destaca que en el “período especial” mucha gente recurrió al robo y a otras ilegalidades para arreglárselas.

El gobernante Raúl Castro se queja de la conducta social de los cubanos pero en la calle la gente culpa a las autoridades de la falta de civismo y de moral.

Hubo un tiempo en Cuba en que la vida era más simple, la gente se vestía apropiadamente, los niños respetaban a los mayores, y el robo era lo que es, según Alexei, un chofer desempleado de 46 años y residente en La Habana, citado por el diario The New York Times.

El periódico publica un reportaje en el que se refiere a la degradación experimentada los últimos años por la sociedad en Cuba y a las quejas formuladas en un reciente discurso al respecto por el gobernante Raúl Castro en la Asamblea Nacional.

El Times alude a la larga lista de conductas impropias desde orinarse en la calle, hasta criar puercos en las ciudades y aceptar sobornos, y a cómo a pesar de cinco décadas de educación universal la isla ha “retrocedido en cultura y civilidad”.

También menciona los lamentos de Castro porque la gente acosa a los turistas, derriba árboles, edifica sin permisos, grita en las calles, dice malas palabras, molesta a sus vecinos con música alta, vandaliza los teléfonos y no paga en las guaguas.

Pero mientras Castro reprende a sus compatriotas—señala—“muchos cubanos acusan al gobierno de aferrarse a un sistema económico inviable mientras se desmoronan los servicios sociales y la infraestructura del país, y con ellos el sentido de responsabilidad comunitaria de la gente”.

Según Alexei, Castro debe “responsabilizarse” porque la moral de los cubanos se hizo trizas durante el “período especial” tras el colapso de la Unión Soviética, “cuando mucha gente recurrió al robo, a los fraudes, y en algunos casos a la prostitución para arreglárselas”.

Alexei, que tiene un hijo de 24 años, dijo al diario que cómo puede educarlo con la misma moral que le enseñaron sus padres cuando sólo para poner arroz, frijoles y puerco en la mesa hace falta cometer “todo tipo de ilegalidades”.

Rosa Marta Martínez, de 65 años, quien comparte una sola habitación con dos nietos y un bisnieto tiene el mismo punto de vista: “¿Qué se puede esperar? La gente tiene serios problemas de vivienda. Los precios de los alimentos son elevados, Están desesperados”.

A muchos cubanos como Miguel Coyula, experto en plenación urbana, les preocupa que toda una generación no conozca otra cosa que la torcida economía y las privaciones de la era postsoviética, mientras la pirámide invertida en la que un médico gana menos que una manicura se hace más pronunciada. “El dinero no va a manos de los más educados”, dijo.

A juicio de Katrin Hansing, profesora de antropología de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, el cinismo llena el vacío dejado por la falta de compromiso social, la responsabilidad colectiva es muy baja y “hay una discrepancia muy visible entre quienes dirigen el show y quienes lo viven. (Los jóvenes) viven en un universo paralelo”.

El diario pone de relieve que en un país en el que desde los murales hasta las vallas y la televisión machacan la frase de que “ser cultos es la única forma de ser libres”, los cubanos se quejan de que la pérdida de profesionalidad, la inexperiencia de los maestros y la falta de instalaciones públicas “han contribuido a corroer el civismo” nacional.

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